BRUNO SCHULZ
— EL TIEMPO IMPOSIBLE

Alberto Hernando

Reseña aparecida en la revista ”LATERAL”
nº 124 (abril 2005)

Autor de culto con obras como El sanatorio de la clepsidra, artista gráfico y traductor de Kafka, Bruno Schulz viene siendo objeto de un minucioso rescate editorial por parte de Maldoror ediciones.

Un buen pretexto para revisar aquí algunos de los hechos más importantes de una biografía tan trágica como singular.

EL 19 DE NOVIEMBRE   de 1942, Bruno Schulz tenía todo dispuesto para escapar del gueto de Drohobycz, una vez puestos a buen recaudo tanto su obra gráfica como sus manuscritos; entre estos últimos la novela -inconclusa y perdida- El Mesías. Por la mañana se dirigió a la Judenrat (policía compuesta por judíos que realizaban las tareas de control y represión en el gueto) para recoger su ración alimenticia sin sospechar que el destino le iba a jugar una mala pasada. Unas horas antes, un farmacéutico judío había disparado y herido a un funcionario alemán, desencadenando una brutal represalia de la Gestapo. Ese día, conocido como "el jueves negro", Schulz, como muchos otros judíos, fue detenido en la calle y allí mismo lo asesinaron de un disparo en la nuca.

             Bruno Schulz nació en 1892 en Drohobycz (en la Galitzia que antaño perteneció sucesivamente al imperio austrohúngaro, Polonia, Rusia y en la actualidad integrada en Ucrania). Su padre Jakub -personaje central de sus relatos- era propietario de un tienda de textiles. Dado el talento de Schulz para dibujar, iniciará estudios de arquitectura y bellas artes, pero debido a su delicada salud -que le obligará a pasar algunas temporadas en diversos sanatorios- tendrá que suspender sus estudios. El carácter de Schulz era benévolo, silencioso, modesto y con una extraordinaria capacidad para expre- sar su exuberante imaginación. Uno de sus alumnos, Tadeusz Wójtowicz, describe así su aspecto: "Era de baja estatura, más pequeño que nosotros, vestido con un traje muy ajustado, incluso daba la impresión de no llenarlo del todo. Como si el traje lo llevase a él y no al contrario. Pero nadie pensaba en el profesor teniendo en cuenta su aspecto físico, sino su fuerza espiritual (...) La cara parecía un triángulo equilátero, dirigido a la línea ligeramente inclinada de sus brazos. Reflejaba audacia, rompía las reglas naturales del espacio con sus rasgos morfológicos; sus ojos hundidos y sus labios levemente sesgados, parecían negar todo cuanto decía, ni siquiera le permitía expresar una leve sonrisa."

A partir de 1922 empieza a exponer su obra gráfica en Varsovia, Cracovia y Lvov. En 1924 edita El libro idólatra en forma de cartapacios numerados que han sido vendidos a particulares. Se trata de una serie de dibujos, en la tradición de las pinturas negras de Goya y con ideas de Sacher-Masoch, donde se muestran grotescos personajes y autorretratos de Schulz postrándose a los pies de jóvenes mujeres a las que consideran ídolos. Hasta esas fechas el interés por la literatura había sido secundario. En 1933 su vocación dará un vuelco al publicar Las tiendas de canela fina y obtener una excelente acogida por la crítica y los medios literarios. El éxito de su primer libro le permite colaborar en distintas revistas ( Sygnały , Wiadomości Literackie, Tygodnik Ilustrowany, Skamander...) y frecuentar a destacados escritores como Witkiewicz, Zofia Nałkowska , Gombrowicz, Wittlin y Debora Vogel. Junto con su novia Józefina Szelińska traduce El proceso de Kafka. En 1937, el mismo año de la publicación de El sanatorio de la clepsidra, rompe sus relaciones sentimentales con Józefina ante la oposición de la familia de ésta y la imposibilidad de obtener en Silesia el preceptivo permiso de matrimonio con una católica. Al año siguiente viaja a París con la intención de exponer sus dibujos, pero no logra su propósito. Al desencadenarse la Segunda Guerra Mundial los alemanes ocuparán Drohobycz para, posteriormente, ceder el territorio a los rusos. Las autoridades soviéticas mantendrán a Schulz en su puesto de docente, pero le obligarán a confeccionar carteles de propaganda. Uno de ellos ("la liberación del pueblo de Ucrania") lo realizará únicamente con colores azules y amarillos, siendo detenido por la NKVD bajo la acusación de incitar al nacionalismo ucraniano. En 1941 los alemanes volverán a invadir su pueblo. Las matanzas de judíos en la región y su concentración en guetos se generalizan. Schulz no escapará a esa lógica de exterminio.

EL estilo propio y el universo específico que evoca Bruno Schulz en sus relatos, aunque en ellos se trasluce un eco de Kafka (dotar de significado razonable determinadas situaciones fantásticas u oníricas), le convierten en una rara avis de la literatura universal. Sólo dos obras fundamentan ese mérito y el culto que se le profesa: Las tiendas de canela fina (1933) -y El sanatorio de la clepsidra (1937). Schulz no fue un escritor militante, como proliferaban en esa época, de temporales e ideológicas certezas. Ante la perplejidad que le suscita la deriva de una civilización que se transformaba vertiginosamente, se desentiende del realismo social y prefiere refugiarse en una literatura basada en la imaginación fecunda. Sin embargo, según apunta Artur Sandauer en la introducción a El sanatorio de la clepsidra (1957), bajo la aparente fuga del contexto histórico, en sus textos se establece un sistema conceptual de dualidades enfrentadas que perfilan, con bastante justeza, el mundo que le rodeaba: lo viejo (nostalgia por su personal pasado) versus lo nuevo (que sacraliza el egoísmo y la pacotilla), niñez (inocencia e ilusión)/madurez (derrota y muerte), hombre (idólatra)/ mujer (ídolo), humano/ animal humanizado (metamorfosis), materia/ forma... Una dualidad contrapuesta, pero sin síntesis hegeliana: todo suspendido en un tiempo distorsionado; como sucede, paradigmáticamente, en el relato "El sanatorio de la clepsidra", donde él (Józef) y su padre (resucitado de la muerte) viven en paralelas dimensiones temporales.

La escritura de Schulz es densa y minuciosa, morosa en los detalles sin llegar a ser barroca ni perderse en innecesarios circunloquios. Su apariencia irreal está cargada de múltiples sentidos y más que reflejar la realidad la crea: "La realidad es la sombra de las palabras". En sus relatos -cada uno con entidad propia, pero imbricados entre ellos- la memoria de su infancia fecunda la ficción: su laberíntica mansión familiar (umbríos pasillos y habitaciones ignotas), el sopor ambiente en la tienda de confección, la picaresca y desidia de sus empleados, la peculiar y provinciana clientela, la cartografía cambiante de su ciudad (el barrio nuevo o calle de los cocodrilos es una magnífica metáfora sobre la trivialidad de la modernidad), la figura distante de su madre, las excentricidades de su padre (criador de aves exóticas, defensor de los derechos emocionales de los maniquíes, fetichista de zapatos, objeto de metamorfosis en cucaracha o buitre disecado...), la infructuosa búsqueda por toda la casa de los fragmentos del libro donde cree que se revela un orden mítico, la sexualidad abrupta de su criada Adela... Todo ello crea un microcosmos estético insólito y cerrado, una ensoñación angustiante y melancólica, un flujo de imágenes cenicientas y crepusculares; una poética de belleza inefable.

La excepcionalidad de la obra escrita y gráfica de Schulz, después de un periodo de ninguneo, volvió a ponerse de manifiesto en los años setenta. A ello contribuyó decididamente la porfía de Jerzy Ficowski, quien además de realizar una espléndida biografía de Schulz (Regiones de la gran herejía, 1992), recopiló sus dispersas obras y ayudó a difundirlas internacionalmente.

Desde hace dos años, Maldoror ediciones se ha dedicado a reeditar -en una exquisita traducción de Violetta Beck y Jorge Segovia- toda la obra escrita de Schulz. En 2003 aparecerían El sanatorio de la clepsidra, Las tiendas de canela fina, El libro idólatra y la biografía sobre Schulz de Jerzy Jarzębski. A finales del pasado año se publicaron sus Ensayos críticos, donde se reunían, por primera vez en castellano, todos sus artículos culturales y sus reseñas literarias (sobre Mauriac, Tadeusz Breza, Nałkowska , Gombrowicz, Huxley, Bemanos, Giono...). En este año Maldoror tiene previsto completar la obra de Schulz editando su correspondencia, de la cual destacan los interesantes intercambios epistolares con Witkiewicz y Gombrowicz. Hay que celebrar este esfuerzo editorial.        

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