TODO BRUNO SCHULZ AL FIN

Héctor J. Porto

Reseña aparecida en “La Voz de Galicia” CULTURAS (sábado, 5 de agosto 2006)

Más de sesenta años después del asesinato del gran escritor polaco, la editorial gallega Maldoror completa la publicación de su obra.

A la espera de que el manuscrito de la novela El Mesías aparezca algún día —¡ojalá!—, enterrado en un jardín, en una vieja maleta, en una gaveta oculta, en un desván abandonado de la Galitzia polaca, o en los archivos del KGB, el lector puede gozar al fin de toda la obra del escritor judío Bruno Schulz (Drohobycz, 1892-1942) traducida al español. Es cierto que el tamaño de su producción no es relevante—él también era un hombre pequeño, «un gnomo minúsculo», en palabras de su amigo Witold Gombrowicz—, pero su grandeza no dejó de crecer desde que en los años setenta sus compatriotas galitzianos e igualmente judíos Jerzy Ficowski y Artur Sandauer rescataron sus textos e ilustraciones —también era pintor, previamente incluso a tomar la pluma— y recuperaron su figura. Ambos debieron vencer la oprobiosa postergación que se había cernido sobre él.

  Tal ostracismo comenzó antes de aquel fatídico 19 de noviembre de 1942, día en que Schulz fue brutal y arbitrariamente asesinado de un tiro en la cabeza por el agente de la Gestapo Karl Günter. Pero es que el escritor —de por sí retraído, poco social, e imbuido en el aislamiento de aquel rincón de la frontera nordeste de la corona habsbúrgica donde vivió y ejerció como profesor de dibujo en un instituto— ya había sufrido reiterada censura en su trabajo durante las sucesivas ocupaciones alemana, soviética y de nuevo nazi de su villa natal A la muerte de Schulz, la guerra destruyó el manuscrito de El Mesías , los dibujos, cuadros, diarios, correspondencia, grabados, efectos personales... Y tras la caída del Tercer Reich, ya anexionado Drohobycz como territorio soviético, instaurado el realismo socialista, su obra fue borrada sistemáticamente del mapa como un vestigio perverso más de la sociedad burguesa y hasta una muestra vergonzante de psicopatología.

  SÓLIDAS VERSIONES

  Sesenta años después, el sello gallego Maldoror convierte a Vigo en verdadera capital de Galitzia —hoy ucraniana— al ofrecer una rigurosa edición de lo que sobrevivió y pudo reconstruirse del corpus escrito y gráfico de Schulz.

La empresa —promovida por Jorge Segovia y Violetta Beck, también responsables de las sólidas versiones, todas— comenzó por las ficciones de El sanatorio de la Clepsidra y Las tiendas de canela fina. Y en apenas dos años más Maldoror ha completado exitosamente un proyecto que ha sacado a la luz textos aquí inéditos: una biografía de Schulz elaborada con trazo marca- damente afectivo por Jerzy Jarzębski , la summa de los ensayos y la crítica literaria schulzianos, lo poco que queda del epistolario y algunas otras piezas, así como el hermosísimo ciclo de dibujos realizado en torno a 1924, El libro idólatra, cuya contundente explicitud erótica levantó entonces indignación y no menos escándalo. Es más, dicen que el autor se inventó a modo de jus- tificación que las ilustraciones estaban destinadas a embellecer La venus de las pieles, novela de Sacher-Masoch, otro ilustre galitziano que por cierto dio nombre al masoquismo, una inclinación sexual muy vinculada a la personalidad y la obra de Schulz, no sólo a la pictórica —cercana a Goya, Schiele, Dix, Grosz, Kubin o los hermanos Kłossowski Pero, ¿qué hay en estos textos, en estos grabados?, ¿y tras el autor? «Nosotros éramos tres, Witkiewicz, Bruno Schulz y yo, tres mosqueteros de la vanguardia polaca de entreguerras», proclama en un artículo el gran Gombrowicz, el que logró mayor eco de la tríada. Cierto que todos suponen la cumbre y la extinción de una época, pero ninguno alcanza la honestidad, la originalidad de Schulz, en cuyas narraciones se impone la limpia mirada del niño —su Józef , de alto contenido autobiográfico— ante la existencia adulta condicionada por un medio hostil. Es el retrato de un mundo que desaparece y deja paso a otro nuevo que se lleva por delante al resistente-profeta —héroe encarnado en la figura paterna, rebelde atrincherado en su tienda de telas y paños— que planta cara a la modernización y la banalidad que promueven las máquinas, la industria y sus ansias de enriquecimiento rápido. El descubrimiento de petróleo en la vecina Borysław desató un febril y pujante negocio que ayudó a enterrar el universo gris de la casa familiar y la vida anodina de aquel pueblo al pie de los Cárpatos, un escenario que Schulz transforma con su prodigiosa imaginación y su pensamiento de arquitectura mítica, descubriendo un trasfondo íntimo oculto en los personajes y las cosas pleno de sucesos extraordinarios.

Lectura exigente, el preciosismo de su prosa, la forma que se impone al contenido, suscitó rechazo. Sin embargo, es en esta senda de elucidación de la palabra, la investigación de la poesía, donde aflora el arte, en la búsqueda de Schulz, quien como creador comprometido trata de alumbrar el secreto que le fue dado siendo un niño, incluso antes. En sus ensayos y cartas su escritura se torna más exacta.

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