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A Anna Płockier


Anna Płockier (1915-1941), diplomada por la Academia de Bellas Artes de Varsovia, la última de las fascinaciones amorosas de Bruno Schulz. Las cartas que Schulz le escribió a Anna Płockier fueron salvadas de la destrucción por Marian Jachimowicz, y se encuentran actualmente en el Museo de Literatura de Varsovia. Anna Płockier fue asesinada con su novio –Marek Zwillich– por la policía ucraniana nazi el 27 de noviembre de 1941, en un bosque cerca de Truskawiec, en las proximidades de Drohobycz.


123

10 de julio 1940

Querida Ania,
Me hace feliz ver que hemos acabado por encontrar un terreno de entendimiento. Por lo demás, era algo que esperaba, sabiendo hasta qué punto usted es comprensiva. La cosa es necesaria, a pesar de la ligera decepción que me causa esta renuncia (pues de mi parte, sin duda, se trata de eso). No temo que nos falte el sustrato intelectual y humano para continuar nuestras relaciones. Mientras yo mismo esté en alerta y absorbido interiormente, acogeré siempre con gozo la ocasión de charlar con usted de los temas que me interesan. En los momentos de vacío y parálisis interior, puedo contar con los impulsos que emanan de su persona y con sus sentimientos amistosos hacia mí. Pese a lo que pude decir en aquel arrebato de ira, usted representa para mí algo importante.
A pesar de eso, y a pesar de la necesidad que siento de hablar con usted, no puedo decidirme a ir. Mi equilibrio interior, que me resulta difícil conservar, aún es muy vacilante, y parece siempre a punto del derrumbe. No puedo prever dos días –ni siquiera un día– de antemano si no me encontraré en un estado de alma extremadamente derrotista y misantrópico –lo que tendría como efecto estropearnos la tarde a ambos. Debería tener eso muy en cuenta y no enfadarse conmigo si, en su lugar, le pido que intente venir a mi casa más a menudo; bien sola, bien con su pequeño grupo al que el señor Jachimowicz(1) de la biblioteca podría incorporarse. ¿Está bien así? Pero si insiste en que yo vaya, escríbame.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz

Le agradezco que me haya dado noticias sobre S. Gottlieb(2). Voy a escribirle.


124

23 de agosto (1940)

Querida señora,
Me hace feliz que se haya mostrado sensible a Rilke. Con el tiempo, cuando se familiarice más con sus poemas, se abrirán ante usted mundos nuevos, mundos de una belleza más densa todavía. Mi deseo es que tenga con más frecuencia revelaciones de esa índole, y, a la vez, la flexibilidad suficiente como para revisar a cada instante sus juicios y rectificar sus puntos de vista. Por mi parte, tras un periodo de entusiasmo casi excesivo por Malte(3), hoy puedo ver los límites y discierno el punto a partir del cual me alejo conscientemente de esa prosa. En su poesía, Rilke ha pasado por una larga evolución que puede dividirse en dos o tres etapas –lo que hace que su poesía haya que abordarla cada vez desde un ángulo diferente.
Acabo de pasar cuatro días en Lvov. Vi a muchas personas en la Unión de escritores, pero sólo tengo un contacto profundo con Debora Vogel y Weber(4), que es verdaderamente genial. Quizá pueda hacerle venir a Drohobycz de vez en cuando. Venga, pues, hablaremos de Los Cuadernos de Malte. Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


125

13 de septiembre 1940

Querida Ania,
Gracias por su misiva. Creí que la había decepcionado. Estoy contento de saber que no ha sido nada. Lamentablemente, no creo que pueda ir el próximo domingo, pues ese día, en principio, van a operarme(5) otra vez; esa perspectiva me aflige e inquieta, aunque la intervención no sea peligrosa. La operación debe tener lugar en el hospital de Drohobycz. La decisión deberá ser tomada mañana, el domingo o algo más tarde. Estaré libre el sábado por la tarde. Si viene, me haría muy feliz. Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


126

(septiembre 1940)

Querida Ania,
Agradezco vivamente su sincera inquietud y me emociona la compasión que muestra por mí. Me siento mucho mejor en estos momentos, la fiebre ha bajado, sólo tengo 37º de temperatura. Ya puedo levantarme y moverme por la habitación; preparo los dibujos para la fiesta del 17 de octubre, en el instituto(6). Si Marek(7) tiene tiempo y ganas, podría ofrecer sus servicios al hospital central, pero sería por un periodo muy breve. ¿No querrá Marek sustituirme por un mes en la escuela? Pregunto eso por principios, pues de antemano sé que no aceptará.
Venga entonces a verme, pero no antes del 17, porque quisiera primero acabar mis dibujos. Ese día, creo que lo tendré completamente libre. ¡Gracias una vez más! Con toda mi amistad.

Bruno


127

17 de septiembre 1940

Querida Ania,
Perdóneme por haberle infligido esa atmósfera que reinaba a mi alrededor en la casa: es un poco como el hogar de un poeta donde la esposa (que no está a la altura) y los hijos, maleducados, arruinan para los verdaderos amigos el placer de compartir una grata velada. No me juzgue por esa atmósfera y crea que sólo mi enfermedad suscitó todos esos fantasmas que no tardarán en disiparse. No puedo mostrarme descortés hacia esas gentes que están tan llenas de buena voluntad, y espero que comprenderá que pago con una moneda muy distinta. He pensado mucho en su bondad, en su generosidad, y sólo temo que no se arrepienta de ello. No pude, en presencia de terceros, decirle la impresión que me causaron sus dibujos y cuadros. ¡Usted es verdaderamente alguien! La menor frase leída en sus cartas evoca en mí toda una personalidad, y ocurre igual cuando veo sus dibujos. Le prometo que la próxima vez me encontrará solo. No sé si era deseable que me conociese así, del lado de las bambalinas...
Le envío toda mi amistad y una vez más le ruego que me disculpe.

Bruno Schulz


128

7 de octubre 1940

Querida Ania,
Desde ayer estoy en Truskawiec, vivo en la pensión “Aida” y paso largas horas charlando con Artur(8). Estas conversaciones me parecen a veces de gran importancia; el tiempo y el paisaje nos son favorables. En una ocasión, paseamos por un parque bajo la lluvia, una bella noche de otoño; a nuestra espalda, tras las ventanas iluminadas, se desarrollaba el drama de las familias, la historia doméstica más íntima. Nos falta usted, usted que sabría unificar nuestras búsquedas y hacerlas converger en una síntesis. ¡Ah, si se nos apareciese un día, en un sendero del parque –de lieve viajera, encaminándose desde los senderos de Borysław a las alamedas de Truskawiec! ¿Mantendrá su promesa? Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz

A esos deseos se une por completo este que la espera.
Artur Rzeczyca(8)


129

10 de octubre 1940

Querida Ania,
Después de sus palabras que cuidadosamente guardo en mi memoria, le reitero mi invitación y la emplazo a venir a Truskawiec –dependerá únicamente de su humor que estemos solos o que usted amplíe el círculo de los participantes. La naturaleza es bella en este momento, ciertos árboles exóticos semejan aves del paraíso con la opulencia de sus soberbias colas purpúreas. Me dijeron que estaba saturada de clases y temo que eso constituya un obstáculo. Lo que me inquieta, también, es saber que –estos últimos tiempos–, sintió una especie de desazón y amargura por la vida. Pero confío en que esa crisis haya pasado. Vivo en la pensión “Aida”, en el camino de la estación, y tengo la habitación número ocho. Pero también podrá encontrarme en el parque, cerca del quiosco de música. La espero, lleno de nostalgia, y le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz


130

15 de noviembre 1940

Querida Ania,
Soy yo quien se hace amargos reproches por haberla dejado sin una palabra de explicación: le he hecho creer que mi silencio estaba relacionado con la escena que usted me hizo. Para confesarle toda la verdad, esa escena no estaba desprovista de cierto encanto poético del que toda su persona está impregnada: usted tiene sus caprichos. Yo la sentí como un violento asalto del viento y la lluvia en el mes de abril, cuando los hilos de lluvia que le azotan el rostro no pueden hacer otra cosa que embalsamar la primavera.
Si no fui el sábado, se debe a que un urgente asunto familiar me llevó a Stryj, donde pasé todo el día. No es muy elegante por mi parte que no me haya disculpado por esa ausencia. Pero, sobre todo, no vaya a pensar que eso se debe a alguna decepción o que ha dejado de interesarme su persona. Pienso siempre en usted con emoción y gratitud. Todo lo que hace está lleno de encanto y poesía. Y creo que nuestra amistad aún tiene por delante un largo futuro, que encierra en sí un gran potencial de variadísimas peripecias y acontecimientos. Depende de nuestro coraje y espíritu de iniciativa desarrollar concretamente esa potencial trama tendida entre nosotros. En estos momentos hago un trabajo que me sirve de ganapán: pintura artesanal(10). Aún no recibí dinero por lo que hice en su presencia. He sido invitado, a través de una carta especial, a colaborar en la revista Nowe Widnokręgi(11), un mensual polaco cuyo redactor jefe es Wasilewska(12). ¿Pero qué podría escribir para ellos? Me doy cuenta cada vez más hasta qué punto estoy alejado de la vida real –no comprendo el espíritu del tiempo. Todos los demás han acabado, mal que bien, por encontrar su sitio, y sólo yo me he quedado al margen. Sin duda, eso es consecuencia de mi falta de flexibilidad, de mi incapacidad para comprometerme, algo de lo que no podría, ciertamente, vanagloriarme. ¿Y si usted viniese a verme? Estoy libre todas las tardes, menos el martes y jueves.
Con toda mi amistad.
Invito cordialmente a la señora Chwistek.

Bruno Schulz


131

13 de enero 1941

Querida Ania,
Perdóneme por este largo silencio. Sé que mis explicaciones le parecerán poco convincentes. Sepa solamente que nada ha cambiado en mis sentimientos hacia usted. Tengo algunas preocupaciones de las que le hablaré un día de viva voz. Es la razón por la que no pude ir a Borysław. Siempre había algún obstáculo que venía a impedírmelo en el último momento. ¡Venga a verme! Espero con alegría su llegada. Sólo el martes y jueves estoy ocupado por la tarde. Tengo los nervios enfermos y soy incapaz de emprender el menor trabajo que no forme parte de mis preocupaciones reales. A veces, me siento completamente hundido, después me levanto. Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


132

10 de mayo 1941

Querida Ania,
Su silencio era para mí como una espina dolorosamente clavada en alguna parte de mi conciencia. Creía que estaba usted irritada y decepcionada por esa especie de torpor intelectual del que di prueba la última vez. Sin embargo, estoy despierto y activo interiormente; no fue más que la debilidad física lo que me impidió ir a su casa (el camino que hay que hacer a pie para llegar al número 30 de la calle Mościcki). Sufro de una dilatación de la aorta, pero me siento un poco mejor estos últimos tiempos.
Venga a verme el próximo domingo, eso me dará una gran alegría. Tal vez mejore el tiempo, y podamos ir a trabajar el paisaje como el último año. ¿Así que se instala definitivamente en Lvov? Lástima que mis propios proyectos de mudanza hayan fracasado. Ważyk(13) no aceptó mi relato. Se lo leeré a usted. Espero su llegada con alegría. El poeta judío Ber Horowitz(14) se encuentra en mi casa en este momento.

Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


133

4 de junio (1941) Querida Ania, Sandauer vino a verme el domingo y no pude cumplir mi promesa. Me dejó muy deprimido. Mi antiguo complejo despertó en su presencia; una vez más tengo la impresión de haber “arruinado mi vida”, y de “no tener futuro”. Llegó en una forma excelente, sin miramientos de ninguna clase, tal y como es capaz la joven generación que ya está pidiendo paso. Por supuesto, todo eso aparecía como en filigrana, sin mencionarlo directamente. La experiencia que acabo de tener la divertirá sin duda: tal vez la misma sólo sea motivo de mi hipocondría. Usted me produce un efecto completamente diferente.
Me sentiría feliz si pasara a verme cualquier día (antes del domingo). Sea como fuere, yo iré a verla el domingo, quizá por la mañana. Los días son tan bellos en este momento, hasta cuando llueve, que tendríamos que pasarlos con un ser sensible y cercano, cuando uno se siente tan miserable y abatido para poder experimentar la menor alegría y la menor esperanza. Me doy cuenta cada vez más de que el hechizo que sentimos por el mundo, los breves relámpagos de alegría desinteresada, sólo son formas de esperanza personal, tenues reflejos de nuestra vitalidad proyectados en el mundo de la sensibilidad artística. La espero todos los días hasta las seis de la tarde.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


134

9 de junio 1941

Querida Ania,
Me sentí muy contrariado al saber que la dejé sin mi presencia. El domingo último pillé un fuerte catarro, y decidí quedarme en casa. Por la tarde J. Wit me obligó a salir, y ese ha sido el motivo de que no haya podido verla. ¡Se lo ruego, no se desanime, y venga a verme uno de estos días! Me siento muy triste en este momento y completamente abatido. Tal vez usted pueda ayudarme a que me levante. Nunca me sentí tan mal, ¡verdaderamente necesito su consejo! ¿Y si fuese a consultar, igualmente, al Dr Reinhold a Truskawiec? ¿Lo conoce usted? ¿No podría intervenir ante él a ese respecto?
Espero su llegada con impaciencia y le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz


135

13 de junio 1941

Querida Anna,
No sienta escrúpulos a causa de no sé qué ventajas o desigualdades: todo eso está ampliamente compensado por el hecho de que mi movilidad es reducida, por mi edad y mis complejos. Estoy contento de que a veces piense en mí, de que no me olvida. La invito cordialmente, me sentiría feliz de verla. La esperaré todos los días hasta las seis, pues supongo que no vendrá más tarde. Me encuentro un poco mejor, y tengo muchas ganas de pasear y charlar con usted. Le agradezco su carta. Con toda mi amistad.

Bruno Schulz

Quizá pueda usted traerme Die Heimkehr(15). Transmítale mis mejores pensamientos a su amiga(16).


136

19 de junio 1941

Querida Ania,
Aún estoy bajo el encanto de las seductoras metamorfosis de las que fui testigo. Si parecen tan conmovedoras es, creo, porque son independientes de su voluntad, automáticas, inconscientes. Es como si alguien se deslizase –a hurtadillas– en su interior, confiriéndole una nueva personalidad que acaba por sustituir a la suya, y como si usted la asumiera y aceptase para sí misma y continuara desempeñando su papel acompañada de un nuevo instrumento, sin saber que ya es otra la que está en escena. Exagero, naturalmente, llevo la comparación a la paradoja. No crea que soy ingenuo hasta ese punto. Sé que todo eso no es totalmente inconsciente por su parte, pero usted no se da cuenta de las fuerzas profundas que operan en ese proceso ni del hecho de que se trata de una especie de teatro de marionetas metafísico. Además, reacciona con una increíble rapidez, se funde pronto en el molde como un sucedáneo y da lugar a un maravilloso acompañamiento... Todo ocurre como fuera del intelecto, siguiendo un trayecto más corto y directo que el simple recorrido del pensamiento –un poco como una reacción física. Es la primera vez que me encuentro con una naturaleza tan rica, que no se mide –diríamos– a escala de una única persona, y, por esa razón, activa de alguna manera las personalidades auxiliares, improvisando esas pseudo-personalidades suscitadas ad hoc el tiempo del breve rol que usted debe interpretar. Así es como me explico su proteiforme naturaleza. Quizá piense que me dejo engañar, que pongo en pie interpretaciones profundas, cuando se trata de un simple dengue... Le aseguro que el denguear es algo muy profundo y misterioso, algo que uno mismo no puede comprender. Pero por supuesto, usted no ve ahí ningún misterio, por su parte las cosas se presentan sin complicaciones, sencillamente. Es una ilusión. No aprecia sus posibilidades en su justo valor, y malbarata –de alguna forma– el maravilloso satanismo de su naturaleza con esos aires de mojigata. No se contenta con ser diabólica, también quiere, además, tener el aire de una santa; pero ¿cree que todos esos elementos pueden conciliarse fácilmente? Usted, que habitualmente es tan sensible al mal gusto artístico, pierde su instinto y olfato cuando se trata de un fenómeno de orden moral: de espíritu sereno, usted interpreta el papel de una santa, con un tranquilo e inconsciente diletantismo. Pero sepa que la santidad es algo difícil, sangrante a veces, que no se consigue como un suplemento gratuito al cabo de una vida plena y rica. Por lo demás, ese diletantismo tiene mucho encanto y sólo puede emocionar a una persona que se encuentra a un paso del abismo. Del Abismo con una “A” mayúscula. No sé como puede jugar así con las llaves del Abismo. Ignoro si usted conoce el Maelström de la condenación que amenaza a cada hombre, o bien si se trata únicamente del mío. En cualquier caso, usted avanza con ligereza, con versatilidad, hacia el borde de ese precipicio que yo evito en mí con angustia y terror, ahí donde la grava se desliza bajo nuestros pasos. Debo admitir que no corre peligro. Con ligereza y delicadeza, usted se aparta del que se desliza a las profundidades para dejar que se hunda completamente solo en el abismo. Incluso finge, durante unos pasos, que pierde pie, segura de que en un momento dado se abrirá un paracaídas y la llevará lejos de allí para ponerla a salvo. Y a pesar de todo usted es inocente: como si no participase directamente en lo que hace, es usted quien es la víctima, y en verdad toda la culpa recae sobre el que lleva en sí ese abismo al borde del cual usted se acercó imprudentemente. Sé que toda la culpabilidad está de mi lado, porque ese abismo es el mío: usted sólo es un elfo perdido en mi jardín y es mi deber impedir que su pie se deslice. Por eso no debería alimentar ningún escrúpulo. Usted será siempre inocente, haga lo que haga –y es ahí donde se abre una nueva perspectiva sobre su santidad. Esa santidad, ciertamente, no le cuesta nada, toda vez que es un elfo: no hay ahí ningún diletantismo, sino la virtuosidad sobrehumana de una élfica criatura que no está sometida a las categorías morales.
Venga entonces a verme, como siempre, no correrá peligro, nada la amenaza: ¡no tenga piedad de mí! Yo la apruebo, haga lo que haga, y aprobaré todas sus metamorfosis. Si usted es Circe, yo seré Ulises, pues conozco filtros que harán su encanto ineficaz. ¿O quizá sea esto por mi parte sólo jactancia, pura provocación?
Esperaré todos los días hasta las 6 horas. Tengo algo que proponerle para el domingo: podríamos vernos en Truskawiec(17), hay un tren que sale por la mañana y regresa de noche; podríamos pasar allí todo el día. ¿Está de acuerdo?
Gracias de antemano y reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


137

23 de septiembre 1941

Querida Ania(18),
Pensar en usted es como tener ante los ojos un punto luminoso; separo cuidadosamente ese tesoro de los pensamientos ordinarios y lo guardo para los mejores momentos, para la noche. Usted participa en mis diálogos íntimos que tienen que ver con problemas esenciales para mí. Aspiro a ese momento en que nuestras relaciones puedan ser más frecuentes e intensas, y tengo miedo de que usted se aleje antes de mí. Si tardé en responderle, se debió a una razón totalmente ridícula: me faltaban algunos céntimos para comprar una tarjeta. No puedo decidirme a ir. Es para mí una empresa muy complicada, que me parece arriesgada y hasta peligrosa. Me alegra que piense en mí, y sueño con verla un día en mi casa. Su amiga me dio una gran satisfacción haciéndome algunas breves visitas. ¿Escribe algo en este momento? ¿Está activa intelectualmente?
Con mi amistad para usted y los suyos.

Bruno Schulz


138

4 de octubre 1941

Querida Ania,
Gracias por su amable carta –una carta que no merecía. Me siento avergonzado y conmovido por la amistad que me profesa. Pienso en usted a menudo, con adoración, y espero que venga a verme. Los días son tan bellos en este momento que reclaman su presencia como un complemento necesario. Lástima solamente de que no pueda retenerla más tiempo y de que usted tenga que irse tan pronto a causa del toque de queda. Otra cosa me contraría; el hecho de que no pueda recibirla como es debido. ¡Venga, a pesar de todo! No hago nada ahora mismo, contemplo mi propia riqueza interior, todo lo que pude guardar y reunir en el transcurso de una vida. ¿Tengo derecho a ello? ¿En qué trabaja en este momento? Muéstreme los resultados de su trabajo. Con toda mi amistad.

Bruno


139

6 de noviembre 1941

Querida Ania,
No sé cómo justificar el largo plazo que dejé transcurrir entre su carta y mi respuesta. Creo que no tuve fuerza para desenmarañar los nudos de ese malentendido, en el cual me pareció que se había trabado, y quise dejar esa tarea para más adelante. Me parece que el realismo –si se trata de una tendencia exclusiva para copiar la realidad– es pura ficción. Jamás ha existido algo así. El realismo se ha convertido en la pesadilla y el espantajo de los no-realistas, un verdadero Satán medieval pintado en las paredes –y en todas partes– con colores chillones. Para definir el realismo, yo propondría recurrir a una fórmula puramente negativa: es un método que se esfuerza por mantener los procedimientos que le son propios en los límites de ciertas convenciones, se ciñe a no romper una cierta convención que nosotros llamamos “realidad” o “sensatez” o bien aún “verosimilitud”. En el interior de esos límites le queda un amplio abanico de medios –un abanico suficientemente amplio, como lo demuestra Thomas Mann cuando explora a fondo todos los ámbitos y todos los infiernos sin romper las convenciones realistas. Mann o Dostoievski (lea El Doble o Los Hermanos Karamazov(19) demuestran hasta qué punto importa poco que se sobrepasen o respeten por el contrario los límites del realismo; es más bien una cuestión de gesto, de pose, de estilo. Si nosotros queremos entender por “realismo” un cierto aspecto prosaico, la banalidad de la realidad descrita, esos autores son la viva contradicción de un postulado como ese. Por otra parte, no basta con romper las convenciones realistas para ganar la batalla. El simple hecho de batir en brecha ese realismo no tiene nada de especialmente meritorio en sí. Todo depende del resultado conseguido de esa manera. El hecho de poder violar consciente y deliberadamente las fronteras del realismo ofrece un cierto número de posibilidades nuevas, pero no hay que engañarse. Poseer ese artificio no nos libera de la obligación de conferirle al tema toda su riqueza ni de desvelar a través de él un universo original. Ningún método, aunque fuese genial, podrá reemplazar jamás el esfuerzo necesario para elaborar un contenido personal. Temo, por ejemplo, que no siga el camino de la oposición y la negación y que, en lugar de hacer algo (sic) por sí misma, sea incapaz de ver lo que ese demoníaco adversario no ha hecho. No es acorralando los pecados y errores del realismo como llegará a crear algo original y positivo. Usted sabe bien que admiro lo que hace, y creo en sus posibilidades, por eso temo que acabe sustituyendo su propia obra y trabajo personal por una simple crítica del realismo. Los métodos anti-realistas ya hicieron sus experimentos. No necesitan luchar para existir ni para que se crea en ellos. Deben solamente demostrar en su terreno lo que el realismo demostró en el suyo. Esa será entonces su mejor justificación. Los esbozos que me leyó me gustaron mucho. Desearía que tuviese más coraje, más arrebato, para abordar temas aún más vastos, para elaborar con ese método masas más voluminosas de su universo interior. En materia de creación artística, no basta con tener razón. Temo que el hecho de haber conquistado en ese ámbito una visión justa y auténtica, pueda colmarla de una gran dosis de satisfacción, hasta el punto de adormecer en usted la necesidad de producirse.
En lo tocante al análisis de Mann, quizá usted tenga parcialmente razón. Sin duda no hay en Mann esa expresión condensada, pero se redime por la amplitud y riqueza de su propio universo.
Por nada del mundo quisiera desanimarla, pero no puedo dejar que se hunda en lo que me parece un error. El mismo hecho de que acepte polemizar con usted debería indicarle hasta qué punto la tomo en serio. Tengo mucho respeto por su talento de pintora, unido al sentimiento de mi propia incompetencia en ese ámbito. Pero en materia literaria, me atribuyo una cierta competencia que usted misma me reconoce al dirigirme todas esas interrogantes.
Me pregunto qué ha escrito últimamente. ¿Cuándo podré leerlo? ¿Cuándo vendrá usted? Le envío toda mi amistad, así como a Marek. Mis mejores pensamientos para Hilda(20) y Marek S.

Bruno Schulz


140

19 de noviembre 1941

Querida Ania,
Hoy sentí amargos remordimientos al pensar en la carta que le he dirigido: intenté saciar mis instintos de mentor o moralizador, en vez de alegrarme del éxito y celebridad de una persona cercana y querida. Recordé, además, que se dispone a partir para Varsovia, y que se llevará un pobre recuerdo de mí. Veo por su carta que yo tenía razón, pero al mismo tiempo me doy cuenta de que no está enfadada, por lo que le doy mil gracias. Su marcha me entristece infinitamente. No supe aprovechar su presencia, no supe explotar su riqueza, pero su presencia, su proximidad, han sido para mí, en cierta medida, un sostén, algo concreto a lo que podía agarrarme. A decir verdad, nunca abordamos los temas esenciales, sólo vulgarizamos entre nosotros los resultados de nuestras experiencias respectivas, no como iniciados de una misma sociedad secreta, sino como simples profanos. Veo ahora que hubiese sido necesario poner más confianza en nuestro acercamiento, que hubiéramos debido abordar los problemas actuales que nos conciernen y discutirlos naturalmente, como lo hacemos cuando monologamos con nosotros mismos. La barrera que nos separaba era artificial, convencional, estaba hecha de una terminología, de un vocabulario sacado de diferentes escuelas, aunque idénticas en el fondo, en cuanto al espíritu y la intención.
Me gustaría que este contacto no cesara por la razón de su marcha, que siguiésemos comunicándonos a menudo y en profundidad. Quizá incluso con la distancia este contacto pueda ser para nosotros más productivo y haga madurar la cosecha de una creatividad original. Algo me dice que volveremos a vernos pronto y que la historia de nuestra amistad no está acabada. Desde un punto de vista objetivo, ese será el verdadero comienzo, porque hasta el presente se había desarrollado en los límites estrictamente privados.
¿Encontraría usted absolutamente imposible aceptarme a su lado en tanto que adepto del arte pictórico? ¿De darme clases de pintura alejadas de cualquier academicismo –quizá con la ayuda de Marek? A cambio, le daré a conocer mi experiencia de escritor.
Me parece ahora que aún me quedan muchas cosas por decirle, todo un montón de cosas que nos conciernen de cerca, a usted y a mí. En el preciso instante en que –para hablar como todo el mundo– la “pierdo”. Escríbame pronto para decirme si está dispuesta a responder con el mismo entusiasmo a mis proposiciones. Si desea mantener el contacto. ¡Que nos sea concedido a ambos proseguir en la calma, y sin sorpresas, este diálogo tan importante, tan esencial! ¿Me escribirá aún antes de su marcha? En caso contrario, espero con impaciencia que me dé noticias de allí(21). Con mi apasionada amistad.

Bruno

¡Qué triste es pensar que ya no hay nadie en el número 30 de la calle Mazepa(22), ahí donde he vivido tantas cosas bellas; que todo eso ya sólo es leyenda! No sé por qué tengo el sentimiento de haber cometido una falta contra mí mismo, como si hubiese perdido algo y que soy responsable de esa pérdida.


NOTAS

1. Marian Jachimowicz (véase la introducción a las cartas dirigidas a Marian Jachimowicz).

2. Seweryn Gottlieb, jurista y mecenas, autor de artículos-debates sobre la pintura, y de críticas de exposiciones. Asesinado por los nazis en Lvov en 1941.

3. Malte: Los Cuadernos de Malte-Laurids Brigge (1910), novela de Rainer María Rilke.

4. Hersz (Henryk) Weber (1904-1942), pintor vanguardista, teórico del arte, poeta. Durante algunos años, después de que Lvov fuese incluida en el territorio soviético, participó activamente en los trabajos de la Unión de escritores y de la Unión de artistas plásticos. Cuando los alemanes entraron en Lvov, huyó a Rzeszów donde murió asesinado con todos los judíos de la ciudad.

5. En 1940 Schulz sufrió en dos ocasiones una intervención quirúrgica para extirparle unos cálculos renales.

6. Era el primer aniversario del 17 de septiembre de 1939, fecha de la anexión de Ucrania occidental por la URSS (es decir de la entrada de los ejércitos soviéticos en Polonia, después del tratado firmado por Hitler y Stalin conocido como “pacto Ribbentrop-Molotov”). Ese día fue decretado festivo por las autoridades soviéticas. Schulz recibió un encargo oficial para realizar algunas obras gráficas de circunstancias.

7. Marek Zwillich (1912-1941), pintor, murió asesinado por la policía ucraniana nazi.

8. Artur Rzeczyca (de verdadero nombre: Buchsbaum) (1910-1942), poeta, detenido cuando intentaba pasar la frontera húngara, fue asesinado por los nazis en Drohobycz.

9. Las últimas palabras de esta carta y la firma han sido trazadas por la misma mano de Artur Rzeczyca.

10. Schulz califica de “pintura artesanal” los trabajos que le confiaron las autoridades municipales; esencialmente con ocasión de las ceremonias oficiales; se trataba, entre otros, de algunos retratos de Stalin y de cuadros representando el “día histórico” del 17 de septiembre de 1939, pintados según los cánones –entonces obligatorios–, del realismo socialista (véase la nota 6).

11. Nowe Widnokręgi (Nuevos horizontes), revista en lengua polaca editada en la URSS, de 1941 a 1946. El primer año el sitio de la redacción estaba en Lvov; era un mensual social y literario, órgano de la Unión de escritores soviéticos.

12. Wanda Wasilewska (1905-1964), pedagoga, redactora, militante política, escritora. Adquirió la nacionalidad soviética.

13. Adam Ważyk (véase la nota 10 a las cartas dirigidas a Zenon Waśniewski).

14. Ber Horowitz (1895-1941), poeta judío, grabador, pintor, traductor de la poesía polaca al yidish. Murió en Stanisławów, cerca de Lvov, asesinado por los nazis algunos días después de la invasión del ejército alemán.

15. Schulz le prestó a Anna Płockier el manuscrito del relato “Die Heimkehr” (hoy desaparecido) que había escrito en alemán.

16. Hilda Berger, entonces de una veintena de años, se refugió en Polonia antes de la guerra huyendo de la persecución nazi. Durante algún tiempo trabajó como oficinista en una institución alemana de Borysław. Escapó al exterminio y sobrevivió a la guerra. Se estableció en Suecia, después en Estados Unidos. En los años 60 llevaba el nombre de Ohlsen.

17. La fecha propuesta por Schulz para encontrarse con Anna (un domingo) fue el mismo día en que estalló el conflicto germano-soviético: el 22 de junio de 1941.

18. Primera de las cartas de Schulz fechada durante la ocupación nazi que ha podido encontrarse.

19. El Doble y Los Hermanos Karamazov de Dostoievski aparecieron respectivamente en 1846 y 1879-1880.

20. Hilda Berger (véase la nota 16).

21. “De allí”, es decir de Varsovia, donde Anna tenía la intención de refugiarse con su novio. Pero moriría trágicamente, el 27 de noviembre de 1941, apenas unos días después de haber recibido la carta de Schulz, antes de poder realizar ese proyecto.

22. El número 30 de la calle Mazepa (antiguamente calle Mościcki, después calle Szczorsa) era la dirección de Anna y Marek en Borysław. Los sobres que Schulz utilizaba para escribirle sus cartas a Anna estaban hechos por él mismo con papel de embalar marrón.




[Bruno Schulz A Anna Płockier en: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p.
Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]





Prólogo de Jerzy Ficowski

A Ostap Ortwin

A Stefan Szuman

A Arnold Spaet

A Maria Kasprowiczowa

A Julian Tuwim

A Tadeusz y Zofia Breza

A Rudolf Ottenbreit

A Zenon Waśniewski

A la redacción de Sygnały

A Jarosław Iwaszkiewicz

A Wacław Czarski

A Władysław Zawistowski

A Stanisław Ignacy Witkiewicz

A Kazimierz Truchanowski

A Witold Gombrowicz

A Andrzej Pleśniewicz

A Mendel Neugröschl

A Mieczysław Grydzewski

A Georges Rosenberg

A Ludwik Lille

A Romana Halpern

A Marian Jachimowicz

A Tadeusz Wojciechowski

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Cartas dirigidas a las instancias superiores...


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