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A Tadeusz y Zofia Breza


Tadeusz Breza (1905-1970), novelista, ensayista. Fue Schulz quien hizo la crítica de su primera novela Adam Grywałd (1936); Breza fue a su vez, también, el autor de una de las primeras críticas de Las Tiendas de Canela Fina, donde hacía un análisis entusiasta de la obra de Schulz. La primera de las cartas que Schulz le escribió a Breza –carta en la que le agradecía esa crítica– ha desaparecido. Zofia era la mujer de Tadeusz Breza; algunos fragmentos de la carta van dirigidos a ella. La casa donde el matrimonio vivía en Varsovia forma parte de los raros inmuebles que no llegaron a arder en 1944 durante la insurreción de Varsovia. Tras la liberación de la capital, aunque la vivienda fue saqueada, Breza pudo encontrar las cartas de Schulz. Las mismas se encuentran actualmente en las colecciones de la biblioteca Ossoliński de Wrocław.


11

Drohobycz, Floriańska, 10; 21 de junio 1934

Querido señor,
Necesito un amigo, necesito sentir a mi lado un ser cercano, lo que deseo es alguien que pueda garantizar ese mundo interior del que yo postulo su existencia. Pretender mantenerlo constantemente con la sola fuerza de nuestra fe, levantar ese fardo para y contra todos por simple espíritu de contradicción, es un esfuerzo sobrehumano, un tormento parecido al de Atlas. En ocasiones, apoyándome para levantar ese fardo me parece que sólo el vacío descansa sobre mis hombros. Me gustaría, aunque sólo fuese un instante, deshacerme de ese peso, confiárselo a otro, después alzar la cabeza y contemplarlo a placer.
Necesito un cómplice que acepte compartir conmigo la temeraria aventura del descubrimiento. Lo que es peligroso, imposible para un solo hombre, lo que parece un capricho sin pies ni cabeza, se hará realidad en ese íntimo cara a cara. ¿No aspiraba el mundo a una tal asociación? Cerrado sobre sí mismo, reducido, sin horizonte, lo vemos ahora dilatarse poco a poco adquiriendo los colores de la lejanía, se hiende, estalla, dejando ver nuevos abismos. El engaño deja lugar a la verdadera perspectiva, nosotros atravesamos las paredes y penetramos en dimensiones hasta entonces inaccesibles; los frescos pintados en el firmamento se animan en una verdadera pantomima.
Tanto mejor si uno no es perfecto y hace del tiempo un consumo abusivo. Debe ocultarse en uno todo un tesoro de acontecimientos oficiosos, de actividades no registradas que devoran literalmente el tiempo ante nuestras propias narices, antes de que nuestro yo oficial se decida, no sin ceremonias, a saborearlo con la punta de los labios. ¡Porque tiene que haber alguien para hartarse de tiempo, alguien tiene que sacar provecho de ese alimento!
Es la debilidad de las personas la que nos libra su alma y hace que nos necesiten. Es esa pérdida de un electrón que las ioniza, haciéndolas aptas para formar especies de uniones químicas; sin vicios permanecerían encerradas en su concha y no tendrían necesidad de nada. Son precisamente esos defectos los que les dan un cierto sabor y las hacen seductoras. No puede imaginarse hasta qué punto me alegro ante la idea de verle. Venga directamente a mi casa. Yo estaré aquí hasta el 1º de julio. De aquí a entonces no tengo ningún proyecto de viaje. ¿Quizá podríamos hacer algo juntos? Quisiera enseñarle primero Drohobycz y sus alrededores, volver a ver con sus ojos el teatro de mi juventud(1), ¡iniciarle en los capítulos secretos de Las Tiendas de Canela Fina!
Con toda mi amistad

Bruno Schulz


12

Drohobycz, 13 de noviembre 1934

Querido señor,
Temo que esté resentido por este largo silencio... Cuando recibí su última carta, en la que manifestaba su proyecto de venir, yo estaba muy enfermo. Pasé las vacaciones en ese estado, enfermo, desanimado, lleno de amargura. Ahora pronto hará un mes que he vuelto a mi trabajo en la escuela. ¿Estará molesto por mi silencio? ¿O quizá aún es víctima de esa “cronofagocitosis” que volatiliza ante sus narices los mejores paréntesis de tiempo sazonados con las mejores intenciones? ¡Todavía no nos hemos visto, querido señor! ¿Dónde pasa las fiestas? ¿Cuáles son sus proyectos? En lo que me concierne, he movilizado todos mis recursos y espero la excedencia solicitada al ministerio. Si esta excedencia me fuese concedida iría a Varsovia. Me sentiría muy feliz de recibir una señal de su parte y saber que no está resentido conmigo.
Crea en mis mejores sentimientos, así como en mi sincera amistad.

Bruno Schulz


13

Drohobycz, 2 de diciembre 1934

Querido señor,
Quiero agradecerle su carta de todo corazón y decirle que he leído su reseña publicada en "Rocznik Literatury"(2) –reseña de la que no dice nada en su carta; así, usted hace de mi obra el acontecimiento más importante del año literario... Creo que eso es un acto de gran coraje: se sitúa, sin compromiso, en el campo de aquéllos con los que comparte las ideas; asume la entera responsabilidad de sus simpatías intelectuales. Estoy emocionado y reconocido. Esa solidaridad de las personas que me son cercanas me consuela en mi depresión. Estoy, en efecto, muy deprimido: la excedencia que tanto deseaba conseguir me ha sido denegada. Me quedo entonces en Drohobycz, donde una pandilla de tunantes continuará bailando la zarabanda sobre el delicado instrumento de mis nervios. Sepa que, en efecto, mis pobres nervios han tejido una vasta red a través del taller de trabajos manuales, expandiéndose por el suelo, tapizando las paredes y formando espesos nudos alrededor de los bancos y los yunques. Es un fenómeno científico muy conocido, una especie de “telequinesia” en virtud de la cual todo lo que se desarrolla en los bancos, en los yunques, etc., pasa de alguna manera por mi piel. ¿No es esa red de señales extremadamente elaborada la que me predestina a la enseñanza de trabajos manuales?
Y dado que nos hemos puesto a confiarnos los males secretos que nos afligen, le hablaré de una enfermedad que me atormenta: como en su caso, tiene una cierta relación con el tiempo, aunque difiere de los síntomas de diarrea gástrica que usted describe en la que le aqueja. Su sistema digestivo deja pasar el tiempo muy fácilmente, es incapaz de retenerlo; el mío, por el contrario, se caracteriza por una paradójica delicadeza; está obsesionado por la idea de la virginidad del tiempo. Yo soy como un rajá de alma melancólica e insaciable, a quien cualquier mujer –apenas rozada por la mirada de un hombre– le parece en ese mismo instante ya mancillada: eso no merece más que una cuerda de seda para colgarse. Por mi parte, si ya alguien ha reivindicado el tiempo, si ya ha hecho la menor alusión, se convierte para mí en un alimento contaminado, estropeado, incomestible. No podría tolerar a ningún rival cuando se trata del tiempo. Bastaría con que alguien mordiese un trozo para quitarme el apetito. Yo no sé compartir el tiempo ni alimentarme de sus restos (los enamorados celosos emplean el mismo vocabulario). Si tengo que preparar una lección para mañana o comprar material en una carpintería, ya puedo dar por perdidas para mí toda la tarde y toda la noche. Mi orgullo de aristócrata me impide tocar esas migajas de tiempo que me es arrojado como alimento. Todo o nada: tal es mi divisa. Y, como cada día pasado en el colegio es una especie de profanación, vivo en una orgullosa abstinencia y no escribo. No hay duda de que en ese rechazo al compromiso pervive una cierta clase de mentalidad feudal. ¿Cree que sería posible cultivar, enriquecer, educar esa verdadera flor de la caballería?
Aparte de esto, le anuncio que probablemente iré a Varsovia por las fiestas, donde espero pasar las vacaciones de Navidad. ¿Estará usted ahí(3)? Me sentiría muy feliz de verle.
Crea en mis mejores sentimientos.

Bruno Schulz

P.-S. ¿Podría indicarme un lugar no demasiado caro donde hospedarme en Varsovia?


14

Drohobycz, 13 de mayo 1935

Querido Tadzio,
No te enfades por mi tardanza en escribirte. La escuela me ha engullido de nuevo en su torbellino... El inspector se ha instalado en Drohobycz, su presencia es para nosotros una verdadera pesadilla. J. se aburre en Janów, siente nostalgia de Varsovia. En lo referente a mi excedencia, aún no he tenido ninguna respuesta oficial. Durante estos días de duelo nacional(4) no puedo llevar a cabo ninguna gestión. ¿Has acabado de mecanografiar tu novela(5)? ¿Ya has hablado con algún editor? Espero con impaciencia aunque sólo sea la publicación de un fragmento.
Me equivoqué al darle a Grydzewski(6) el artículo de Witkacy(7). Witkacy se ha enfadado mucho, y me ha conminado a recuperar inmediatamente el manuscrito. Y eso es lo que he hecho(8).
Tengo algo que pedirte: ¡no te enfades si me dirijo a ti! Tú eres el único a quien puedo confiarle este tipo de cosas. Un señor muy bien situado en la jerarquía social –y cuya benevolencia me llega al corazón–, se ha empeñado, inútilmente, en reivindicar el glorioso título de poeta; no contento con escribir versos, se ha dirigido a mí solicitándome que los someta al juicio de algún experto entre mis amigos del mundo literario (le dije que ni yo mismo me reconocía ahí). Ni que decir tiene que si ese “juicio” resultase negativo ese señor perderá toda la buena disposición hacia mí que hoy me dispensa. Si tu conciencia profesional te lo permite, trata de ser amable y escribe algunos vagos cumplidos que no comprometen a nada. Te envío esos poemas de los que no comprendo gran cosa; su sentido se me escapa totalmente. ¿Qué hace Nyczek(9)? Transmítele toda mi amistad, así como la de J.
Muy cordialmente

Tu Bruno


15

Drohobycz, 18 de noviembre 1935

Querida Zosia,
Me avergüenza haber tardado tanto en escribirte, y te agradezco que no me hayas olvidado. A menudo he pensado en Tadzio y en ti, pero algo me impedía –una y otra vez– coger la pluma. Mi solicitud de excedencia todavía se arrastra por algún despacho institucional o por algún ministerio cualquiera. A veces, pienso en dejar la escuela sin ni siquiera esperar la respuesta.
Tengo que darte una noticia importante: J. se encuentra desde hace poco en Varsovia. Os ha buscado en la antigua dirección, después se pasó por la redacción donde dejó un mensaje; pero parece que Tadzio no lo haya recibido.
Te doy su dirección: (...) calle Koszykowa, 45, apartamento 15, tercer piso (al margen de la carta el número de teléfono: 8-27-69, a partir de las cuatro). Sé amable y ocúpate un poco de ella. Está muy deprimida.
Espero que nos veremos en Varsovia antes de Año Nuevo.
Te envío toda mi amistad.

Tu Bruno


16

Querido Tadzio,
A menudo pienso en ti con nostalgia. ¿No es curioso? ¡No nos escribimos, sólo tenemos noticias uno del otro de manera indirecta, por personas interpuestas!
Me gustaría tener ya tu libro entre las manos. ¿Dónde vas a publicarlo? Esa obra merece ser editada con cuidado, bajo una forma elegante, refinada, en papel de buena calidad y con esmerados caracteres.
Mi trabajo avanza muy lentamente(10). Estos últimos meses han sido muy duros para mí. No he podido escribir nada durante las vacaciones. Y ahora, cuando podría ponerme a ello debo reanudar mis clases...
La próxima vez que vaya a Varsovia, espero –cuando menos– quedarme algunos meses. Ya veremos si consigo arreglármelas en el plano material, si la atmósfera es favorable para mi trabajo. Sé amable, querido Tadzio, y ocúpate de J. Tengo la impresión de que no has recibido su mensaje.
¿Has escrito algo más aparte de ese libro? Aquí, en lo referente a publicaciones, el vacío es total; ni siquiera se recibe Skamander. Me alegro ante la idea de que pronto podamos charlar tranquilamente y pasar juntos momentos agradables. Cuídate.
Te abrazo.

Tu Bruno


17

Drohobycz, 11 de mayo 1936

Querido Tadzio,
A menudo he pensado en ti estos últimos tiempos, y he querido escribirte, pero me sentía incapaz de coger la pluma. Es por lo que te agradezco de todo corazón que te hayas adelantado escribiéndome tú primero. Me siento verdaderamente muy feliz al saber que tu libro pronto será editado. Espero un fragmento con impaciencia. ¿Vas a publicarlo en la editorial Rój? Mucho me gustaría tenerlo completo ante los ojos.
He vuelto a recuperar algunos fragmentos que tú ya has leído tiempo atrás (los escribí de un tirón), quisiera hacer algo así como una especie de “paralipómenos(11)”. Tus alabanzas no son justificadas. No tienen la misma fuerza que el resto. El fragmento de Gombrowicz(12) me ha parecido poco brillante. Pero después de tu observación me parece incluso más atrevido que la “Virginidad”, por ejemplo(13); ¿quizá se deba sólo a una mayor audacia, a una conciencia más clara de sus intenciones?
En lo que me concierne, poco nuevo he escrito aparte de un relato que, una vez impreso, dará unas sesenta páginas(14). Tengo la intención de publicarlo en una revista, y, después, incluirlo en un volumen con otros relatos. Este trabajo no me satisface realmente. Aspiro a encontrar un estilo nuevo. Hay algunos relatos que no consigo terminar.
J. aún está en Varsovia. Teme molestaros. Quizá espera que vosotros le telefoneéis. Yo también pienso ir pronto. ¿Está ahí Witkiewicz?
Te abrazo. Hasta pronto.

Tu Bruno


18

Querida Zosia,
Me emociona que hayas pensado en mí y te lo agradezco. Cuando no estoy ahí tú no te interesas en absoluto por J. Pero no me enfado por ello. Supongo que tus actividades absorben todo tu tiempo. Imagino que ahora estaréis muy contentos con vuestra nueva casa. A J. le gustaría pasar el verano en Leśna Podkowa(15). Recibe toda mi amistad.

Bruno


19

Drohobycz, 29 de noviembre 1936

Querido Tadzio,
Me siento triste al constatar que nos vemos muy raramente y que sólo tenemos noticias de uno u otro por personas interpuestas. No vayas a imaginar que se ha producido en mi corazón un cambio que me haya alejado de ti, aunque los hechos –la rareza de nuestros encuentros– así podrían hacerlo creer. Siempre pienso en ti con la misma ternura; en ocasiones tengo una extraña impresión, como en esos inquietantes sueños que a veces tenemos: descubrimos que un ser querido que nos había dejado para siempre ha vuelto y se encuentra en nuestra ciudad; pero, por una curiosa negligencia, por una incomprensible distracción, aún no hemos tenido tiempo de ir a verle, aun cuando se trata de una persona a la que estamos profundamente unidos...
No sé si J. te ha entregado mi artículo sobre Adam Grywałd(16). Yo le he dado una copia a Czarski(17). Ignoro por qué no lo ha publicado todavía. Me da miedo que no te guste lo que he hecho. Tu obra es muy difícil de analizar en un estilo discursivo; dar una idea adecuada con medios conceptuales no resulta tarea fácil.
¿Qué haces? ¿Trabajas mucho? ¿Qué hace Nyczek? ¿Cuándo os vais a casar? Transmítele toda mi amistad.
Aquí me siento triste y solitario. Al menos me gustaría instalarme en Lvov, toda vez que no es fácil ir a Varsovia.
Hace algún tiempo te viste con J. en más de una ocasión; eso me dijo ella; pero esos encuentros a los que J. le daba tanta importancia parecen haber acabado. Sin duda, ella tiene la culpa. Ahora mismo sufre de hipocondría y a menudo alimenta temores absurdos. ¿Cómo pasaréis las fiestas navideñas? Te envío toda mi amistad.

Bruno Schulz


20

3 de febrero de 1937

Querido Tadzio
Hace quince días estuve en Varsovia y me disponía a ir a verte; pero mi estancia se desarrolló en circunstancias muy penosas. J. cayó gravemente enferma; a mi vez, yo también tuve problemas de salud, y debí guardar cama durante diez días. Al no estar en mi casa, clavado a la cama con una buena gripe, no quise llamarte. Nadie vino a verme, a excepción de Witold(18) que me dio a leer su nueva novela(19). La obra está casi terminada. Me pareció excelente. La mía apenas está esbozada. En cambio, voy a publicar en la editorial Rój una antología de relatos escritos hace tiempo(20). El volumen tiene ahora 270 páginas y, con 33 ilustraciones, va a rondar las 300 páginas aproximadamente. Me dan miedo las ilustraciones, me pregunto si en Rój no irán a estropearlo todo. No tengo la certeza de haber recogido ni agotado, en mi crítica, lo esencial de tu novela. Grywałd es un libro del que resulta difícil separar la trama de las características. La forma, en cualquier caso, es excelente. Tú deberías conseguir el “premio de los Jóvenes(21)”. Pero mucho me temo que en este caso las decisiones se tomen entre bastidores. He llevado a J. a Lvov donde continúa su cura. Consiguió una baja médica de cuatro semanas. ¿Qué escribes en este momento? ¿Se trata de un libro en el estilo de Grywałd? Nałkowska(22) me dijo que deberías intentar abordar un tema más dramático. ¡Podrás escribir entonces algo excelente! Gracias por haber pensado en mí. Gracias también a Zofia por sus breves palabras a la que, a mi vez, le envío toda mi amistad.

Bruno


21

Drohobycz, 8 de abril 1937

Queridos amigos,
¡Os felicito de todo corazón por vuestro enlace! Es esa una noticia que todos vuestros amigos esperaban desde hace tiempo. Deseo toda la felicidad posible a vuestra hermosa unión: ¿no es uno de los centros más simpáticos y luminosos de la Varsovia literaria, toda vez que emana de él una humanidad tan acogedora, una pasión y espiritualidad tan nobles?
Lamentablemente, tengo que anunciaros una triste noticia. Mi unión con J. está definitivamente rota. Ha acabado por desanimarse al ver que yo me encontraba en una situación sin salida y al darse cuenta de las dificultades que habría para instalarnos en Varsovia, dificultades que ella atribuye –con razón, además– a mi falta de espíritu práctico. Ni siquiera sé dónde se encuentra en este momento, habida cuenta de que hemos dejado de escribirnos. Vivo tiempos difíciles. Espero con impaciencia el fin del año escolar para irme a otra parte.
Os deseo mil buenas cosas.

Vuestro devoto Bruno Schulz


22

24 de febrero 1938

Mis queridos amigos,
Con verdadero placer le envío mi autógrafo a Maria Leśnobrodzka. Estoy emocionado por su entusiasmo. Es muy agradable para un autor saber que encuentra un eco en los lectores.
Gracias, querido Tadzio, por tus observaciones, tanto positivas como negativas(23). Unas y otras me parecen justas. No necesito decirte hasta qué punto me sentiría feliz si escribieses algo sobre mi libro. ¡Se ha hablado tan poco de él hasta el momento! A decir verdad, la prensa no dijo prácticamente nada. De antemano, ¡mil gracias(24)!
Qué amable eres, querida Nyczek, al pensar en mí, al darme noticias. Os abrazo a ambos y termino esta carta apresuradamente, pues acabo de recibir hoy mismo el paquete que me habéis enviado el 21.

Bruno Schulz


NOTAS

1. Drohobycz, la ciudad natal de Schulz y sus alrededores sirvieron de marco a las peripecias mitológicas de los héroes de Las Tiendas de Canela Fina, peripecias que se inspiraron en “la autobiografía espiritual” del autor.

2. La publicación "Rocznik Literatury" –o más exactamente: "Rocznik Literacki" (Anales de literatura), comenzó a aparecer en 1932: se podía encontrar ahí el análisis de obras literarias aparecidas el año anterior. Schulz no alude aquí al análisis de Las tiendas de Canela Fina (escrito en Rocznik por Leon Piwiński), sino al folletín de Breza titulado “Al margen de los Anales de literatura –respuesta a los pesimistas”, aparecido en Kurier Poranny.

3. Schulz conoció a Breza en diciembre del 34. La relación entre los dos escritores, basada en principio en un simple intercambio epistolar, se transformó en una verdadera amistad.

4. El duelo nacional tras la muerte del mariscal Józef Piłsudski, el 12 de mayo de 1935.

5. Se trata del manuscrito de la novela por entonces inédita Adam Grywałd.

6. Mieczysław Grydzewski (1894-1970), redactor jefe de Wiadomości Literackie (revista cultural y literaria que aparecía en Varsovia entre los años 1924-1939 y de Skamander (mensual poético que aparecía en Varsovia entre los años 1920-1928 y 1935-1939), editor y periodista. Murió en Londres.

7. Stanisław Ignacy Witkiewicz (1885-1939) a quien sus amigos llamaban “Witkacy” (véase notas, introducción a las cartas dirigidas a St. I. Witkiewicz).

8. En 1930 St. I. Witkiewicz dejó de colaborar en Wiadomości Literackie.

9. Zofia Nyczówna (Nycz), a quien sus amigos llamaban “Nyczek”, novia de Breza.

10. Schulz hace alusión a la novela inacabada El Mesías, desaparecida durante la guerra. Esa novela que debía de ser la opus magnum de Schulz jamás fue publicada, aparte de algunos fragmentos que fueron incluidos en forma de relatos en el volumen El Sanatorio de la Clepsidra (1937): “El Libro” y “La Época genial”.

11. Las obras de Schulz escritas antes que Las Tiendas de Canela Fina que, con algunos textos más recientes, se insertarían en el volumen El Sanatorio de la Clepsidra.

12. Witold Gombrowicz (1904-1969), novelista, autor del Diario (véase notas, carta de Schulz a Gombrowicz). Se trata aquí de un fragmento de la novela Ferdydurke aparecido en la revista Tygodnik Ilustrowany.

13. “La Virginidad”, relato de Gombrowicz aparecido en la antología Diario de la época de inmadurez (1933).

14. El relato titulado “La primavera” que apareció por primera vez en la revista Skamander (1936, nº LXXIV, LXXV) y que fue más tarde incluido en el volumen El Sanatorio de la Clepsidra.
15. Lugar de veraneo, próximo a Varsovia.

16. Wacław Czarski, redactor jefe de la revista Tygodnik Ilustrowany (véase notas, introducción a las cartas dirigidas a Wacław Czarski).

17. Witold Gombrowicz.

18. El manuscrito destinado a la publicación de la novela de Gombrowicz titulada Ferdydurke.
19. El Sanatorio de la Clepsidra.

20. Premio anual atribuido a los jóvenes escritores por la Academia de Literatura polaca en los años 1933-1939.

21. Zofia Nałkowska (véase nota 22 a las cartas dirigidas a Stefan Szuman).

22. Esas palabras conciernen a la opinión de Breza sobre la segunda obra de Schulz titulada El Sanatorio de la Clepsidra –opinión que le expuso en una de sus cartas.

23. No se publicó ninguna crítica de El Sanatorio..., redactada por Breza.




[Bruno Schulz A Tadeusz y Zofia Breza en: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p.
Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]





Prólogo de Jerzy Ficowski

A Ostap Ortwin

A Stefan Szuman

A Arnold Spaet

A Maria Kasprowiczowa

A Julian Tuwim

A Tadeusz y Zofia Breza

A Rudolf Ottenbreit

A Zenon Waśniewski

A la redacción de Sygnały

A Jarosław Iwaszkiewicz

A Wacław Czarski

A Władysław Zawistowski

A Stanisław Ignacy Witkiewicz

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A Witold Gombrowicz

A Andrzej Pleśniewicz

A Mendel Neugröschl

A Mieczysław Grydzewski

A Georges Rosenberg

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A Romana Halpern

A Marian Jachimowicz

A Tadeusz Wojciechowski

A Anna Płockier

Cartas dirigidas a las instancias superiores...


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