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A Maria Kasprowiczowa


Maria Kasprowiczowa –de la familia Bunin– (1892-1968), tercera mujer del poeta Jan Kasprowicz, autora de Dziennik (Diario –1958), rusa de nacimiento. Tras la muerte de su esposo, continuó viviendo en Poronin –cerca de Zakopane– en la mansión llamada “Harenda”, propiedad del matrimonio Kasprowicz y que después sería transformada en el Museo Jan Kasprowicz, que aún existe actualmente. Schulz y su novia Józefina Szelińska –cuando estaban de vacaciones en Zakopane–, iban de visita a la cercana “Harenda”. La carta de Schulz se encuentra entre los documentos del Museo Jan Kasprowicz en “Harenda”, y fue hallada por el profesor Roman Loth en el año 1992; esta carta de Schulz se publicó en “Polityka” nº 48 (“Polityka i Kultura”, nº 11, 1992).

9

Drohobycz, Floriańska, 10; 25 de enero 1934

Muy estimada señora,
Obligado a dejar Zakopane antes de lo previsto, lo hice muy a mi pesar, pues sabía que ya no podríamos ahondar en nuestra conversación que tenía visos de parecer muy interesante. No nos dijimos nada en concreto, nada que no estuviese formulado por nuestros labios a punto de enunciarlo. Por ejemplo, que para mí el encanto de “Harenda” –contrariamente a las esperanzas, a las desorientadas expectativas de los peregrinos– estaba en otra parte... y no en el aura de su más rica historia, como tampoco en las esplendentes joyas que cubren la cabeza de la Heredera.

En la sombra de su Pasado florecía allí una vida propia y revolucionaria... Quizá fue por lo que durante nuestra conversación asomó un esbozo del tema, que no contó con tiempo para desarrollarse. Aunque sí con el suficiente para hilvanar el hilo, sentir la estructura de la trama y dejarnos intrigados por la materia de que está hecho.

Me habló de fisionomías.

Su punto de vista coincidió con el mío de manera casi palpable, dispuesto para la confrontación. Con qué deleite ahondaré en el mismo para saber hasta dónde llega tal congruencia. Pensando en ese tema, llego a la conclusión de que alguien que imaginó al “Hombre”, a la estatua griega, a Hermes –era un genio de la mentira. Ya la misma palabra “hombre” es una ficción genial que ensombrece con su bella y vivificante mentira esos abismos y mundos, esos cosmos sin reflujo que somos los individuos.

El hombre como tal no existe –existen tan solo las maneras soberanas de vivir alejadas infinitamente entre sí y que no caben en ninguna fórmula homogénea, que no se dejan reducir al mismo denominador. A un hombre de otro lo separa un salto más grande que a un gusano del mayor vertebrado. Pasando de un rostro a otro tenemos que reconvertirnos y reconstruirnos por completo, tenemos que cambiar todas las medidas y suposiciones. Ninguna de las categorías que nos resultaron útiles para un hombre será válida para otro. Usted habla de individualidades: los elementos... Yo diría: filosofías, sistemas, planes del mundo, fórmulas para el mundo... De eso están hechos los hombres.

El mundo entero podría ser creado sirviéndose de cada una de esas fórmulas. Cuando comienzo a tratar a algún desconocido, todas las experiencias anteriores, anticipaciones y tácticas utilizadas previamente son inútiles. Al inicio del trato con cada hombre nuevo el mundo también empieza de nuevo, como si aún nada hubiese sido decidido y establecido. Qué cándida y obtusa es la fisionómica escolástica y académica, esa que pretende ver en la expresión de la cara un sedimento de movimientos mímicos –contracciones de músculos.

Como si los rostros necesitasen ser amalgamados para que expresen algo, como si no fuesen otra cosa que la expresión misma –que el habla–: los guiños dirigidos a nuestra perspicacia. Parece mentira que todo eso sea mudo, impronunciable, balbuceante. Expresar la fisionomía con palabras, exteriorizarla al máximo, agotar el mundo en ella encerrado –es lo que a mí me seduce: el rostro humano como punto de partida para una novela. ¿Aún estoy en acuerdo con sus conceptos? Le ruego que me disculpe por atreverme a impacientarla con esta carta: pues aquel esbozo del tema de nuestra conversación no consintió en ser sofocado sino que, más bien, acabó por ramificarse y vivir...

Con toda mi estimación.

Bruno Schulz




[Bruno Schulz A Maria Kasprowiczowa en: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p.
Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]





Prólogo de Jerzy Ficowski

A Ostap Ortwin

A Stefan Szuman

A Arnold Spaet

A Maria Kasprowiczowa

A Julian Tuwim

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A la redacción de Sygnały

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Cartas dirigidas a las instancias superiores...


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