Schulz

bruno schulz

opera omnia

inicio cronología obras e-books gráfica pasión schulz maldoror


Todo Bruno Schulz
en español


El Libro
idólatra


Las tiendas de
canela fina


El sanatorio de
la clepsidra


La república
de los sueños


Ensayos críticos

Correspondencia



A Romana Halpern


Romana Halpern (1900-1944); es a ella a quien se dirigen la mayoría de las cartas de Bruno Schulz que han escapado a la destrucción. Hija de un célebre periodista de la época –Aleksander Kenig–, abandonó sus estudios en la escuela de arte dramático para trabajar en la Oficina del Cine de Varsovia. Gran apasionada del arte y la literatura, frecuentaba los medios literarios y artísticos de la capital. Durante algún tiempo la unió a St. Witkiewicz una amistad apasionada, por mediación del cual Schulz la conoció en el invierno de 1936, al comienzo de su excedencia de seis meses. Siempre dispuesta a hacer un favor con un entusiasmo igual, nunca le negó su ayuda al buen provinciano de Drohobycz que se dirigía a ella para pedirle consejo. Esta amistad –y esa correspondencia– duraron más de tres años; Schulz visitaba a su amiga y confidente en Varsovia, en el número 17 de la calle Jasna; de las paredes de la habitación colgaban decenas de retratos salidos de la mano de St. I. Witkiewicz. Durante la ocupación alemana estuvo –con su hijo–, recluida en el ghetto de Varsovia de donde consiguió huir tras la primera gran operación de liquidación en julio de 1942, dejando a su hijo Stefan en un internado, en la escuela de agricultura situada cerca de Kielce. Ella se instalará en Cracovia donde, gracias a su conocimiento de cuatro idiomas extranjeros y la mecanografía, pudo trabajar en las oficinas de una sociedad alemana de importación-exportación, bajo el falso nombre de Janina Sokołowska. Detenida por la Gestapo en septiembre de 1944 y encarcelada, fue fusilada poco antes de la liberación de Cracovia. Las cartas que Schulz le dirigió fueron encontradas en su antiguo piso de la calle Jasna, en uno de los raros inmuebles perdonados por el fuego. Fue el hijo de Romana Halpern quien las encontró tras la liberación de Varsovia, entre un montón de escombros y cristales rotos. Esas cartas están hoy en posesión del Museo de Literatura de Varsovia.


77


Drohobycz, 16 de agosto 1936

Tengo mala conciencia al pensar en usted; ciertamente, podría justificarme invocando la división y desorganización de mi empleo del tiempo en Varsovia; ¿pero de qué serviría intentar disculparme? Ciertas explicaciones no hacen más que agravar las cosas: cuanto más se esfuerzan por cercar los hechos con exactitud, más artificiales parecen y cogidas por los pelos. Ha hecho muy bien en recordarme a Rilke. Cada vez que nos deprimimos por nuestros propios fracasos en el ámbito de la creación (fracasos de los que nadie sabe nada) es bueno invocar su nombre. La existencia de sus libros nos demuestra que esa amalgama de oscuras ideas que no han sido formuladas aún pueden aflorar a la superficie, maravillosamente destiladas. La precisión y pureza de la destilación rilkeana sólo puede reconfortarnos, los esfuerzos que yo hago para escribir me dejan literalmente agotado. Los escritores (los de mi especie, en cualquier caso) son las criaturas más miserables de la tierra. Necesitan mentir constantemente, presentar de manera convincente –como algo llevado a cabo y real– lo que en realidad está en estado disperso y de caos. El hecho de que yo pueda representar para alguien lo que Rilke representa para mí, me conmueve y desconcierta a la vez. No creo que yo merezca el honor de tal comparación. Además, no me lo tomo muy en serio.
Me sentiría feliz de seguir en contacto con usted, y me pregunto qué forma adquirirá ese contacto.
Le envío con el mismo correo un ejemplar de Las Tiendas de Canela Fina. Acepte mis mejores sentimientos.

Bruno Schulz


78

Drohobycz, Floriańska, 10; 19 de septiembre 1936

Discúlpeme por la tardanza de mi respuesta, y por hacerlo cuando las circunstancias ya no son las mismas; los problemas que habíamos abordado en nuestra correspondencia curiosamente han prescrito; las cuestiones abstractas, que eran las únicas que hasta entonces me absorbían, se ven ahora relegadas a la oscuridad. En estos momentos debo hacer frente a graves problemas personales –problemas totalmente concretos. Mi novia (no sé si sabe de su existencia) quiere abandonarme y considera mi regreso a Drohobycz como un motivo suficiente para romper conmigo. Lamentablemente, no puedo decir que esté equivocada –me espera desde hace ya mucho tiempo y ve pasar los días en completa soledad, obligada a efectuar un ingrato trabajo en la Oficina de estadística. Alimentando una verdadera aversión por los aspectos prácticos de la vida, dejé de pensar seriamente en nuestro enlace cuando era más necesario hacerlo, e incluso cuando ella me pedía que me ocupase de eso. Actualmente, las dificultades materiales se han acrecentado más. Sin embargo, tengo la impresión de que no todo estará perdido si consigo solucionar ciertas formalidades.
Pero me pregunto en qué pueden interesarle mis problemas personales... Usted quiere entrar en contacto con un poeta, y se encuentra con un hombre hundido hasta el cuello en sus problemas personales –los problemas más concretos que pueda imaginarse. Por el momento, sólo soy un hombre ordinario, sufriendo como todos los seres humanos, un hombre que siente como el suelo se hunde bajo sus pies y no le encuentra ningún sentido a la vida.
Sólo gracias a ella, gracias a mi novia, puedo tomar parte directamente en la vida; sólo por su mediación yo soy un hombre, y no un lémur o un kobold. Ella me ama más de lo que yo la amo, pero soy yo quien, sobre todo, tiene necesidad de ella para vivir. Ella me ha rescatado, cuando estaba a punto de perderme, de hundirme definitivamente en las regiones inhumanas, en los estériles infiernos de la imaginación. Ella es quien me ha devuelto a la vida y al tiempo presente. Es el ser que me es más cercano en la tierra.
¿Sabe que antes de conocerla yo había hablado ya de usted con el señor Szturm(1)? Él quería ponerme en contacto con usted a propósito de este asunto, en la esperanza de que usted podría encontrar una solución para mí. Se trataba de mi enlace con J. Ignoro en qué fundaba esas esperanzas. ¿Tiene usted, pues, alguna experiencia en materia de casamiento civil? ¿Quiere y puede hacer algo por mí? Discúlpeme por importunarla con todas estas preguntas. Voy a intentar exponerle mi caso –quizá usted encuentre una salida. Le quedaré infinitamente reconocido. Permítame, entonces, que le exponga el asunto con detalle.
Mi novia es católica (...). En lo que me concierne, no se trata de que yo me haga bautizar. Sólo he podido hacerle una única concesión: he abandonado la comunidad judía. En estas condiciones el matrimonio sólo es posible según la legislación alemana, es decir en la antigua zona de ocupación prusiana, en Katowice, por ejemplo. Me dijeron que únicamente aquellos que residían desde hace tres meses como mínimo en Silesia podían contraer un matrimonio así. Parece que también se podría cambiar la ley domiciliándose –para la forma– en cualquier localidad de Silesia. ¿Que sabe usted a ese respecto? ¿Hay alguien entre sus amistades –un abogado–, que pueda eventualmente encargarse del asunto? ¿O acaso conoce a alguien que recientemente haya contraído matrimonio según la legislación alemana? ¿Puede hacer algo por mí? Esos son los problemas que me preocupan actualmente. Si siento que J. (es el nombre de mi novia) se aleja de mí y que nuestro proyecto de unión se ve comprometido, ya no podría hacer nada de la vida. Ella es el grado cero a partir del cual me elevo hasta las cumbres de la imaginación. En este momento no puedo ni escribir ni dibujar. Espero su respuesta con impaciencia. Hace algunos días recibí carta de Witkiewicz.
Acepte mis mejores sentimientos.

Bruno Schulz


79

Drohobycz, Floriańska, 10; 30 de septiembre 1936

Querida señora,
Quiero hacerle saber que el probable malentendido entre J. y yo se ha disipado otra vez –ignoro por cuánto tiempo. Le agradezco sus informaciones, así como sus palabras cálidas y reconfortantes. Me pregunto con felicidad, y sorprendido, cómo he podido ganar su amistad y si habré sido merecedor de la misma. ¿No hay que considerar como una inmerecida dicha, una verdadera injusticia, el hecho de que un libro –entre otros beneficios– pueda aportarnos tantos amigos nuevos? Pero yo acepto esa dicha con reconocimiento. Para mí el día ha comenzado mejor que de costumbre, es uno de esos días tranquilos, serenos. Me siento ligeramente febril y estoy en la cama. Hoy no he ido al instituto. Afuera hace frío, es uno de esos días duros e inhóspitos de donde emana una especie de luz prosaica y austera. Pero espíritus benevolentes velan en torno a mi lecho: cerca de mí hay dos volúmenes de Rilke que acaban de prestarme. De vez en cuando me sumo en ese universo tenso y difícil, exploro las múltiples bóvedas de sus cielos, y después vuelvo en mí. No sé si conoce a Rilke. Yo considero los Neue Gedichte como su obra maestra. Las Duineser Elegien y los Sonette an Orpheus escritos después son ya muy refinados, muy esotéricos. He puesto mis dibujos a mi lado, y a veces me parece que no están desprovistos de valor, y que aún podría mejorarlos. Mi mayor enemigo es la falta de confianza en mí; no me quiero como debiera. Los meses pasan, y nada de lo que hago encuentra gracia a mis ojos, ninguna de las ideas que nacen de mi cerebro me satisface, nada me gusta. Este perpetuo estado de insatisfacción me condena a la inactividad. Pero a veces creo que esta severidad es justificada y que hago bien en condenar a la destrucción todo lo que es inmaduro e imperfecto. El único inconveniente es que al principio hay que saber contentarse con cosas imperfectas para poder llegar al mayor arrebato, entusiasmarse y aturdirse; las cosas perfectas quizá están en otra parte, en el límite de nuestras posibilidades. Usted manifiesta su miedo de que la vida en pareja me aparte del clima particular que es el de mi creatividad. Sus temores me hacen reflexionar. Tal vez la soledad sea mi verdadera fuente de inspiración, pero ¿puede la vida en pareja romper esa soledad? ¿No está uno solo a pesar de todo? ¿Por qué todos los poetas acaban sin embargo por renunciar a su soledad y escogen la vida en pareja? El miedo que siento ante la esterilidad de una vida inútil y marginal es muy humano: eso es lo que he querido expresar con “El Jubilado(2)”. El matrimonio me parece como un refugio. Por lo demás, se trata de una persona querida, de una persona que me es infinitamente cercana y para la que yo cuento enormemente. ¿No es eso algo maravilloso? Ser todo para alguien...
¿Ha leído “La primavera” en el número de septiembre de la revista Skamander?
La segunda parte del texto, que me parece mejor, aparecerá en octubre.
Me gustaría saber más sobre usted, sobre su vida y su pasado. ¡Hábleme un poco de usted si le parece bien! Una vez más le doy las gracias.
Su devoto y reconocido

Bruno Schulz


80

(octubre 1936)

Querida señora,
¿La habrán herido o vejado en algo mis palabras? ¿Cuál puede ser la razón de su silencio? Tal vez no haya recibido mi carta. ¡Y usted que tenía el vivo deseo de mantener una verdadera correspondencia conmigo! ¿Puede ser que algo la haya decepcionado en nuestra relación? A menudo pienso en usted, pero lo que me molesta es no poder recordar su rostro. Solamente veo de nuevo las chinelas que calza, sus pies menudos; y también recuerdo que cuando se puso el sombrero, se convirtió súbitamente en otra; parecía más joven. ¿Qué hace en este momento? Acabo de leer Los Sótanos del Vaticano de André Gide(3). ¡Qué maravillosa novela! Tiene que leerla sin falta. ¿Ha leído La primavera en los dos últimos números de “Skamander”? Temo que usted se haya desmoralizado o decepcionado, lo que explicaría su silencio. Me haría feliz saber que se trata de algo menos grave.
Mis relaciones con J. han mejorado, aunque la situación concreta apenas cambió (el problema de nuestro casamiento todavía no está resuelto), y nuestra forzosa separación aún dura. De vez en cuando Staś Witkiewicz me da sus relatos. ¿Ve usted a Szturm? Me gustaría que comenzásemos una verdadera correspondencia –usted podría proponer un tema de discusión, abordar cualquier problema. Quizá lo soñé, pero me parece que usted me habló de su hija. ¿Dónde está? ¿Ya es mayor? Escríbame aunque sólo sea algunas palabras.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz

Cuento con ir a Katowice el 1º de noviembre para preparar el terreno de mi casamiento. ¿Tiene algún consejo que darme sobre eso?


81

(principios de noviembre 1936)

Querida Romana,
Me apena saber que se preocupa tanto por su hijo. ¿No cree que exagera un poco dejándose llevar por una desesperación que en modo alguno parece justificada? Por lo que sé, una simple inflamación de los ganglios, acompañada de un estado febril, hasta incluso con fiebre, nada tiene de alarmante. Se trata de una enfermedad infantil completamente banal. En nuestra familia hubo algunos casos similares. Esos niños son ahora jóvenes robustos. También me parece que se preocupa demasiado al ver que su hijo ha de guardar cama. Ese descanso es indispensable y no le afecta al niño tanto como cree. Yo tuve que permanecer encamado durante seis meses: tenía entonces veintidós años, y no conservo ningún recuerdo penoso de ese periodo de mi vida. No se deje llevar por la desesperación, querida Romana, ya verá: esa inflamación de los ganglios va a pasar, no quedará huella. No sé por qué me creía que tenía usted una hija.
Lo que escribe respecto a J. me contraría. Estoy convencido que juzga el asunto por los síntomas superficiales, y que no la conoce bien... Sin embargo, y, a mi pesar, ha conseguido turbarme participándome sus temores. Le estoy diciendo la verdad cuando le afirmo que el miedo a la soledad no es lo que motiva mi actitud; no, no es eso lo que me une a ella. ¿Lo creerá usted? Hasta ahora ninguna mujer me había demostrado un afecto tan grande, un amor tan apasionado, y es probable que jamás encontraría en mi camino un ser cuyos pensamientos están hasta ese punto volcados hacia mí. Es ese inmenso tesoro de afecto lo que me violenta y me retiene cerca de ella. No puedo desdeñar un sentimiento así, eso es algo que sólo se encuentra una vez en la vida. Es superior a mis fuerzas. Además, estamos muy unidos, siento una gran amistad por ella y me encuentro bien en su compañía. No creo que lleguemos a ser un matrimonio burgués como de antemano usted se lo imagina. A J. le gusta todo lo que yo hago, todo lo que creo de nuevo le interesa sobremanera. ¿Cree usted verdaderamente que esta unión pone en peligro mi obra? Me pregunto qué pensará Szturm. ¿Le ha hablado ya de ello? Le agradezco muy vivamente todas las gestiones que ha llevado a cabo para mí; es algo que me conmueve y le quedo sinceramente reconocido. Su amistad es para mí una dicha real, pero una dicha que me parece inmerecida. No he ido a Katowice. Acabo de saber que no es posible domiciliarse ficticiamente en Katowice; las autoridades están al tanto de esas cosas, hubo muchos abusos. En cambio, parece que puede hacerse en otras localidades de Silesia. Me gustaría sentirme libre de estas formalidades. No me entusiasma tratar con las autoridades, y apenas sé componérmelas con ellas, es un terreno en el que me siento francamente a disgusto.
No quisiera lamentarme, pero vivo con estrechez, en condiciones verdaderamente penosas. Comparto las dos piezas de nuestra casa con mi hermana que es viuda (es una persona muy afable pero a quien la enfermedad ha vuelto melancólica), una prima de más edad que se ocupa de la casa, y mi sobrino, un joven de veintiséis años, también él una personalidad sombría. Es por lo que me parece que el matrimonio sería para mí un cambio positivo. Por otra parte, no sé si yo sería capaz de mantener dos hogares, toda vez que mi familia no dispone de ningún ingreso. Algunas personas, entre ellas el señor Szturm, han intentado conseguirme un puesto en Varsovia. De momento sus gestiones no han fructificado. La escuela me cansa y aburre hasta tal punto que no se lo puede ni imaginar; ahora enseño en un instituto. Me gustaría poder soslayar este tipo de trabajo y vivir únicamente de mi obra. ¿Quizá debería aislarme completamente?
¿Vivir solo como Rilke, no tener a nadie?
En una de sus cartas me habló de su soledad. Me he apenado por usted. ¡Incluso lamenté no estar disponible! No se ría... Usted también tiene en Szturm un amigo extraordinario. ¿De qué habla con él?
Escríbame para decirme si su hijo va mejor. ¿Aún tiene fiebre? ¿Qué dicen los médicos? No se preocupe inútilmente. Todo eso no es nada grave, pasará. ¿Qué edad tiene?
Dándole las gracias una vez más, le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz

Salude de mi parte al señor Szturm.


82

15 de noviembre 1936

Querida señora,
Le agradezco sus noticias y sus opiniones; no pueden más que interesarme toda vez que me conciernen personalmente. ¿No está la gente ávida por oír hablar de sí misma*? Después de mi última carta las cosas van muy mal para mí; no se trata ahora de acontecimientos externos, es mi situación interior la que se ha degradado. Me siento completamente abatido. Quise persuadirme de que no era pintor, ni escritor, ni siquiera un verdadero profesor. Me pareció que había engañado a todo el mundo con un fuego fatuo, que en mi interior nada existía. Quise dejar de crear y ponerme a vivir como un hombre ordinario; pero esa vida me pareció de una tristeza horrible. Por otra parte, mi existencia cotidiana depende de mi creación artística, son los valores sacados del arte los que me permiten compensar mis debilidades pedagógicas. Me imaginé ya perdiendo mi puesto y reducido a la mayor miseria. Al observar a los locos, a los mendigos en harapos que deambulan por nuestra ciudad, me dije: tal vez acabe por parecerme a ellos... Sabe, yo soy incapaz de ejercer una actividad regular. No puedo violentarme, no encuentro ningún encanto en el trabajo de docente. Eso es lo que me diferencia claramente de mis colegas. Me gustaría hacer elogio de la pereza, no hacer nada, deambular, gozar sencillamente del paisaje, de la bóveda celeste donde las nubes crepusculares son como ventanas abiertas a otros mundos. Entonces, quizá, la melodía volverá a sonar de nuevo en mí, quizá la inspiración me sumerja como una ola. Las obligaciones profesionales me horrorizan y disgustan; paralizan en mí cualquier alegría de vivir. En estos tiempos de paro todo parecen amenazas y llamadas al orden. El deber adquiere dimensiones apocalípticas. La amenaza de despido concierne a todo el mundo. Hace algunos años se podía sentir una cierta seguridad en nuestra profesión, era como un puerto bien protegido, un refugio de paz. Una cierta alegría, una cierta serenidad tenían ahí su sitio. Pero ahora, la alegría ha sido proscrita de nuestra vida; y sin alegría, sin ese pequeño suplemento de alegría que nos es acordado, yo no puedo crear**. Sobre todo, no le diga a Szturm que el trabajo me repugna hasta ese punto; sé que ese tipo de actitud le disgusta, aunque él sea muy comprensivo con los demás.
Se equivoca al pensar que el sufrimiento es necesario para la creación. Ese es un viejo cliché. Quizá pueda valer para algunos, pero en absoluto puede aplicarse a mi caso. En lo que me concierne, yo necesito un silencio que me reconforte, una alegría secreta que me alimente, tengo necesidad de aspirar, por medio de la contemplación, a la calma y el silencio. Yo no sé sufrir. El sufrimiento no me confiere ninguna fuerza. Pero quizá me equivoco.
No mantengo correspondencia con ninguna mujer aparte de J. Es una lástima que nosotros no nos hayamos conocido antes, hace algunos años. Entonces aún era capaz de escribir cartas impregnadas de cierta belleza. Fue a partir de esas cartas como Las Tiendas de Canela Fina poco a poco vio la luz. La mayor parte de ellas estaban dirigidas a Debora Vogel, autora de una obra titulada Florecen las acacias. El grueso de esas cartas ha desaparecido(4).
Al leer las revistas literarias que aparecen actualmente, experimento una cierta irritación: ¡tanta gente que escribe, y yo que no hago nada! Le agradezco su propuesta, pero no se tome la molestia de enviarme Wiadomości(5): no estoy seguro de que vaya a leer la revista. No sé qué escribirle al señor Szturm. Estoy deprimido, sin razón aparente, me conduzco como un verdadero egocéntrico, soy incapaz de salir de mis propios problemas. ¿Cómo podrá comprenderme Szturm, que está completamente entregado a los demás, que carece de vida privada, que es la antítesis misma del egoísmo?
No se preocupe por Stef. Es normal que las cosas se retrasen un poco, pero eso pasará, créame.
Le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz

¿Es verdad que aún le gusta Las Tiendas de Canela Fina? ¿Cree en el valor de mi obra?
Transmítale mi amistad a Witkacy.
¿Puede hacer algo para conseguir domiciliarme en Silesia? Basta con demostrar una estancia allí de algunas semanas; al menos eso es lo que me dijo un abogado de Katowice. ¿Cómo proceder? Pero tampoco le dé más importancia al tema. Ya tiene bastante con sus propios problemas, y además Stef está enfermo. Esperaré hasta que se restablezca por completo.

–––––––
* Lo que explica el éxito de los videntes, quirománticos, etc.
** Y yo no puedo vivir sin un cierto encanto; sin esa sal y pimienta, la vida es de una insoportable sosería.


83

29 de noviembre 1936

Querida Romana,
Me anuncia de pasada la pérdida de su empleo, ¡como si eso careciese de importancia! Quizá se lo esperaba desde hace algún tiempo. ¿Tiene alguna otra cosa en perspectiva? ¿No podría Szturm –que tiene tantas relaciones– encontrar una solución para usted? Me parece extraño que la enfermedad de su hijo, esa inflamación de los ganglios, se prolongue de tal manera. ¿No se tratará de otra cosa? ¡Deme prontas noticias de su salud! ¿Qué dice el médico a eso?
¿Se encuentra con alguno de nuestros amigos comunes durante las veladas literarias? ¿A quién ha conocido? Si no le he hablado de mi correspondencia con Gombrowicz(6), es porque se trataba, en el fondo, de algo insignificante; me pregunto por qué se habla tanto de ello. Gombrowicz es un escritor muy interesante; es uno de los autores más sorprendentes que existen. ¿Conoce su Diario de la época de inmadurez? Es absolutamente necesario que lo lea. ¡Se trata de una verdadera revelación! Si no le he hablado de mi viaje a Varsovia, es porque no sabía como me irían las cosas. Ahora, me parece que tendré que renunciar o, en el mejor de los casos, contentarme con permanecer allí uno o dos días. J. sale para Janów, cerca de Lvov. Nos veremos entonces en Lvov. Yo iré quizá únicamente para ocuparme de la edición de mis relatos. Antes quisiera encontrar una solución para mi matrimonio e ir a Katowice. A ese propósito, necesito de alguien que resida en Silesia y pueda estar de acuerdo en domiciliarme en su casa. Pero no conozco a nadie así. Ni siquiera conozco el nombre de las diferentes localidades. ¿Quizá podría usted aconsejarme?
No le escribí a Szturm para no obligarle inútilmente a responderme; ¡está tan ocupado! Sería pecaminoso, me parece, robarle el poco tiempo que los demás aún no le han quitado. ¿Cómo puede usted creer que estoy resentido? ¿Cómo puede él pensar algo semejante? Además, ¿cómo puede uno enfadarse con Szturm? Siento el mayor respeto y afecto por ese hombre. Le escribiré lo antes posible.
Llego al convencimiento de que la principal causa de mi depresión es la inactividad, la improductividad. Ahora bien, lo que me vuelve inactivo, es creer (con razón o sin ella) que sólo puedo trabajar cuando todo va bien, cuando siento interiormente una cierta satisfacción y un mínimo de serenidad. En realidad, tendría que componérmelas conmigo mismo, desdeñar los estados de alma y trabajar. No depender de las variaciones y los caprichos del humor. No preguntarse si uno está contento o está feliz, hacer descansar toda su vida sobre el trabajo, el esfuerzo y los resultados. Si lo lograse, sería ciertamente feliz.
La semana última estuve en Lvov, y fui a ver a mi vieja amiga Debora Vogel. Es una persona notable por su gentileza, su nobleza de alma y su inteligencia. También visité a algunos familiares. Tengo previsto dar una conferencia sobre Thomas Mann en el Círculo artístico y literario. Pero todavía no he preparado nada.
¡No se enfade si soy tan avaro de palabras hoy y respóndame pronto! Leo sus cartas con gran placer y... facilidad.
Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz

Le enviaré el dibujo aparte.


84


Drohobycz, 5 de diciembre 1936

Querida Romana,
Su carta me ha entristecido. No sin cierta sorpresa reconozco, rasgo por rasgo, la imagen de mis propios estados depresivos. ¡Cómo se parece la gente en el fondo! Tienen los mismos miembros y los mismos órganos, pasan por los mismos estados de alma. ¿En caso contrario podrían existir las obras artísticas y literarias, podría trascender el mensaje? ¡Pero esa escueta muestra de su prosa que me ha enviado constituye para mí una verdadera novedad! Lo que ha escrito es excelente. Lo único que queda por saber es si tendrá bastante material y bastante aliento para una obra más ambiciosa. Pero ¿por qué no intentarlo? Lo que más me ha sorprendido es esa especie de narcisismo que se refleja en ese corto texto. No me esperaba eso de su parte; es una característica que siempre me ha fascinado en una mujer, pues es la expresión de una alteridad fundamental, de una armonía y un acuerdo consigo mismo que me son inaccesibles. Tantos elementos que me serán siempre extraños; es, pues, natural que me seduzcan y me parezcan aureolados de una especie de nostalgia. Yo estoy lejos personalmente de cualquier forma de narcisismo, y me parece algo así como un privilegio metafísico poder librarse a ello, ¡con tanto abandono, sin el menor escrúpulo! ¡Siga escribiendo! El breve apunte final es excelente.
¿Qué aconsejarle para sus estados depresivos? ¡Trabajo! Es la mejor droga. Hablo como un moralista, pero estoy muy lejos de los lugares comunes que ellos machacan. Hablo del punto de vista de la higiene interior y de una cierta “técnica” de vida. Esa es nuestra única salvación. Sólo tiene que preguntarle a Witkiewicz: ¿podría vivir un solo instante sin perder la razón o suicidarse si no tuviese trabajo?
Estoy leyendo Pesadillas, de Zegadłowicz7. Este libro me interesa mucho y suscita en mí un verdadero entusiasmo. Más allá de esta obra veo dibujarse los contornos de otro libro que me gustaría escribir. Hasta tal punto que ya no sé si lo que leo es el libro real o bien esa obra potencial que aún no se ha realizado. Por lo demás, es la mejor manera de leer, es como si uno se leyese a sí mismo entre líneas, como si uno leyese su propio libro. De niños, no lo hacíamos de manera distinta: por eso los mismos libros, antaño tan ricos y colmados de savia, nos parecen, más tarde, cuando nos hacemos mayores, como árboles despojados de su follaje –es decir, de todos esos elementos que nosotros mismos le habíamos añadido para llenar sus lagunas. Los libros que leímos en la infancia ya no existen, se han desvanecido, sólo queda de ellos un esqueleto desnudo. Aquel que guarde en sí la memoria y la médula de la infancia deberá reescribirlos, tal como eran antes. Tendríamos entonces un verdadero Robinson y un verdadero Gulliver. Me satisface saber que su hijo va mejor. Lo ve, ¡se acabó! Y sin embargo, usted ni siquiera se alegra, tiene otras preocupaciones en la cabeza. ¿Qué pasará con su empleo? ¿Quizá va a incorporarse al GUS.(8)? ¿Qué hace Staś(9) en este momento? ¿Podría aconsejarme él a propósito de mi domiciliación en Silesia? Él conoce a muchas personas allí. ¿O quizá Szturm pueda hacer algo? Habrá que agilizar las cosas, pues quisiera ir a Katowice hacia el 20. ¡Procure que se den un poco de prisa! En este momento, hago gestiones para instalarme en Lvov. Por las fiestas tengo la intención de pasar algunos días en Varsovia. Aprovecharé para ir a verla.
Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


85

30 de abril 1937

Le agradezco su carta de todo corazón. Sentía remordimientos y pesadumbre al creer que podía haberla herido. Le escribí a Lieberwerth(10) en varias ocasiones para preguntarle lo que ya adivina: por usted y su hijo. No podía decidirme a escribirle. Me alegra que haya roto este silencio. ¿Cómo podría estar resentido con usted?
Si le han contado todo, seguramente debe saber que mis relaciones con J. están rotas o, al menos, (quizá me hago ilusiones), momentáneamente suspendidas(11). Me da mucha pena y no sé que va a ser de ella después de estas duras pruebas; ni siquiera responde ya a mis cartas. Me duele el corazón por ambos, por todo ese pasado vivido en común y condenado a desaparecer. No encontraré jamás un ser parecido a ella.
Me siento miserable y no escribo nada. Lo que me sostiene, es la esperanza de pasar algunas semana solo, cara a cara conmigo mismo durante las vacaciones; pero no sé si podré soportar ese cara a cara. Me gustaría refugiarme en alguna parte, en una soledad total.
Mi libro aparecerá en el mes de mayo(12). En vez de alegrarme, este pensamiento no hace más que aumentar el miedo y la angustia que siento. ¿Qué hace usted en este momento? ¿Cómo sigue? ¿Qué tal está su hijo? Hábleme de usted más largamente. Una vez más le doy las gracias por pensar en mí. No puedo escribirle más por hoy.

Bruno Schulz


86

Drohobycz, 24 de julio 1937

Querida Romana,
No sé si esta carta le llegará a tiempo. Lástima que no me haya escrito antes –aún no hace mucho, estaba muy próximo a usted, en Boberka, cerca de Łomna; hubiésemos podido vernos. Ya hace algunos días que he regresado; allí, me he aburrido mortalmente, ¡cuando creía que la soledad me sería benéfica! Me apenó saber que ha pasado por momentos tan desagradables. Si ahora tengo que pasar por tales momentos, es en un contexto más general y filosófico que personal. Ni que decir tiene que me sentiría feliz de verla, pero la falta de dinero reduce considerablemente mi movilidad. Tendría que venir usted más cerca de mi casa, a Truskawiec, por ejemplo; es además un lugar lleno de encanto. ¿Qué escribe, pues, Hartlinberg a propósito del amor? En lo que me concierne, yo buscaría más bien un remedio contra la incapacidad de amar y no un remedio para el amor. Envidio a los que saben amar.
Le agradezco desde el fondo de mi corazón su ofrecimiento de ayuda. ¿Podría, por ejemplo, intentar conseguirme un puesto de redactor en Varsovia? No escribo más, pues temo que mi carta no le llegue a tiempo. Desde siempre, mi apellido se escribe de esa manera. Le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz


87

Drohobycz, 3 de agosto 1937

Querida Romana,
Parecería que se puede responder sin dificultad, claramente, de una vez por todas, a la pregunta que me hace en su carta: ¿voy a ir o no a su casa, como me lo propone? Pero nada de eso. Mi reacción a su invitación es mitigada; está hecha de una sucesión de impulsos e inhibiciones alternadas. Tengo miedo de someter nuestra amistad a la prueba de una visita de algunos días en condiciones que son un poco deprimentes para mí. Intento analizarme para ver de dónde viene mi resistencia, lo que me deprime en esta historia donde todo debería ser sólo beneplácito. ¿No es divertido constatar lo que puede deprimir a una naturaleza nerviosa como la mía? En principio, el pensamiento de emprender algo tan poco ordinario como un viaje únicamente por placer (un viaje que no sea sancionado por una finalidad importante), después los riesgos del fracaso, el temor de la decepción que podría causarle o sentir yo mismo, mis limitados medios financieros, la necesidad de contar cada céntimo, el miedo a exponerla a gastos inútiles. Quizá haría mejor en no hablar de todo esto, toda vez que he decidido ir a verla. Pero como usted exige de mí una total sinceridad, se lo digo todo; para mí, esta sinceridad es una especie de seguro en caso de que la empresa fracase, una manera de rechazar cualquier responsabilidad. Esto no es digno de un gentleman, ¡pero así es mi naturaleza! Le dejo, pues, decidir: ¿quiere usted recibirme a pesar de todo y compartir conmigo la responsabilidad y los riesgos de esta visita? Referente a los impulsos que me empujan a aceptar su invitación, me limitaré a afirmar que son muy reales, sin llegar a analizarlos de manera detallada. Si quiere entonces que vaya, escríbame enseguida diciéndome cuánto tiempo permanecerá ahí y si puedo ir el jueves o el viernes sin causarle molestias. Hace ya tres semanas que he recibido las pruebas de mi libro, pero aún no las he tocado, tanta es la aversión que me inspiran. Sin embargo, tengo que acabar ese trabajo antes de mi partida, si no tendré un peso en el corazón. Por otra parte, me gustaría escribir la crítica del libro de K. Michaëlis que me ha encargado Wiadomości(13).
Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


88

16 de agosto 1937

Querida Roma,
Quiero darle las gracias por esos días que hemos pasado juntos. Temo haberla decepcionado un poco; pero, por mi parte, he vuelto a casa regenerado, fortificado, con todo mi vigor intelectual. Ese estado de espíritu se ha prolongado toda la semana. Durante este tiempo he reflexionado mucho, he leído y tomado notas. Me encontraba en bastante buena forma. Para sentirme completamente bien me faltaba una sola cosa: “hacer mis pruebas” cara a cara conmigo mismo, obtener un resultado concreto. Por otra parte, he pensado en usted, en las causas de su improductividad –en la improductividad de un ser a quien la naturaleza ha dotado de numerosos talentos. Debería unir todas sus fuerzas y obligarse a producir algo. Para ciertas personas la vida no tiene ningún encanto si no es empleada en crear.
También reflexioné sobre ese largo periodo de improductividad por el que he pasado. Soy capaz de ver las causas y disculparme, aunque difícilmente pueda explicar de qué se trata. En una carta de Richard Wagner encontré un pasaje del que yo bien podría ser el autor (si parva cum magnis...): “A decir verdad, sólo con desesperación me pongo cada vez a la tarea: cuando lo consigo y tengo que llevar de nuevo esta vida llena de esfuerzos y dificultades sin cuento, cuando acabo sumiéndome en el mundo de la imaginación para resarcirme de todo aquello a lo que he debido renunciar en la vida ordinaria, exijo que se me ayude. No puedo entonces vivir como un perro, dormir en la paja ni contentarme con un insípido caldo: necesito sentir un cierto entusiasmo, sentirme confirmado, apaciguado en todos los sentidos; sólo entonces puedo llevar a cabo esa tarea pesada, sobrehumana, consistente en crear un mundo que no existe.”
Por mi parte, me gustaría tener in continuo tiempo para pensar, para leer, para trabajar interiormente. Hay tantas cosas sobre las que reflexionar, tanto que ordenar. La cuestión de mi “alimento espiritual” también está mal regulada. Estoy hambriento de ideas, de libros, de nuevos sistemas de pensamiento. ¡Sin contar esos periodos de depresión que me paralizan! Quizá debería intentar una cura psiquiátrica. Estos estados depresivos me desorganizan completamente, me impiden cualquier continuidad en mi trabajo. Seis de cada siete días, soy víctima de esta depresión que me envenena la vida.
Quizá vaya a Varsovia estos días. El señor Kister (de la editorial "Rój") me pide que vaya, pues hay que tomar algunas decisiones sobre mi libro(14). En ese caso, naturalmente, iré primero a verla.
¿Ha ido a Kazimierz? ¿Ha visto a Lieberwerth?
¿Y Szturm? No olvide transmitirle mis amistosos pensamientos. Hace tiempo que me prometo escribirle, pero no lo hago. Muchos recuerdos penosos están unidos a su persona(15).
Aún hay algo que me gustaría hacerle saber: los padres de uno de mis antiguos alumnos que ha sufrido prisión en Yugoslavia por supuestas actividades subversivas, se han dirigido a mí. Se trataría de intervenir ante el ministerio de Asuntos exteriores donde la familia del ex-prisionero ha depositado una petición. Este joven sufre una grave enfermedad pulmonar. Ha estado al borde de la muerte en la prisión de Belgrado, pero consiguió salir del trance por milagro y ha sido liberado al cabo de tres años y medio. Sin esperar la llegada del pasaporte que había solicitado, la policía lo expulsó a la frontera húngara. En Hungría, al no estar en posesión de ningún documento de identidad, fue arrestado; debía permanecer retenido en la Schubhaus de Budapest hasta la recepción de los documentos. El consulado polaco de Belgrado le hizo saber a la familia del detenido que había enviado el pasaporte a la policía húngara. Desde entonces han pasado algunas semanas, durante las cuales, a pesar de distintas intervenciones, no se ha podido tener ninguna noticia del prisionero, ni del consulado polaco de Budapest, ni tampoco de la policía húngara. La familia ha dirigido entonces una petición al ministerio de Asuntos exteriores para que el consulado polaco intervenga ante las autoridades de Budapest. Hasta el momento no ha habido ninguna respuesta. Sería necesario apremiar a las autoridades polacas para que intervengan lo antes posible, pues el prisionero liberado está enfermo y se encuentra actualmente en las peores condiciones. ¿Conoce usted a alguien que pueda mediar en el ministerio y apoyar la petición de esta familia? Su nombre es Izaak Feuerberg(16).
Reciba toda mi amistad, así como el pequeño Stefan.

Bruno Schulz


89

Drohobycz, entre el 20 y 26 de agosto 1937

Querida Roma,
Le agradezco su pronta respuesta; gracias también por sus generosas palabras. Cuando no se tiene ni confianza ni fe en uno mismo, la confianza de los demás tiene algo de reconfortante, aunque ésta no pueda reemplazar por completo la propia. Lo que me falta, de hecho, no es tanto la fe en mi talento, sino algo más general: necesitaría confiar en la vida, abandonarme completamente a mi destino, creer que la existencia, en fin de cuentas, es algo positivo. Es lo que hacía antaño, sin ni siquiera saberlo. Esa fe, esa confianza hacen surgir en nosotros tesoros de creatividad; dan lugar a ese clima rico, lujuriante, cálido, donde maduran los frutos tardíos y lentos de la creación. Me resulta difícil comprender los casos donde las desventuras de la vida, los acontecimientos trágicos son, por el contrario, creadores. Esa índole de creatividad debe ser, pues, muy diferente a la mía.
Si quiero darme cuenta de mi estado actual, lo que se impone a mi espíritu es la imagen de un hombre arrancado a un profundo sueño; y entonces se despierta y entrevé aún el mundo de los sueños hundiéndose poco a poco en el olvido; todavía tiene ante los ojos sus colores que gradualmente se difuminan, siente bajo los párpados la tibieza del sueño; pero, ya, el mundo de lo real hace presión y se impone a él: un mundo nuevo, un mundo de lucidez y claridad; entonces, aún lleno de una especie de pereza interior, se deja arrastrar poco a poco, sin apresurarse, a sus actividades y mecanismos. Es así como mi propia particularidad, mi propia singularidad parecen –sin llegar a disolverse–, hundirse progresivamente en el olvido. Esos elementos que me protegían de los asaltos del mundo se alejan suavemente de mí; entonces, como el insecto salido de su capullo, expuesto a las tempestades de una claridad extraña y a los vientos del cielo, me confío, como por primera vez, a los elementos. A dónde me llevará eso, lo ignoro. ¿Esta nueva lucidez es únicamente un vacío aparecido tras la caída de las nebulosas creadoras? ¿O bien se trata de una nueva sed del mundo, una nueva confrontación con el elemento exterior? No lo sé. La singularidad, el carácter insólito de mis trayectos interiores, me cerraban herméticamente al mundo, me hacían insensible, indiferente a su invasión. Ahora, me abro una segunda vez al universo, y todo iría bien si no hubiese en mí una especie de temor y temblor internos: tengo el sentimiento de afrontar una empresa arriesgada que me llevará Dios sabe dónde.
¿Cómo sigue usted? ¿Cómo va su moral? ¿A quién ha visto estos últimos tiempos? ¿Le ha escrito Witkacy? Aún no sé si podré ir, espero noticias de "Rój" a ese respecto. Uno de mis sobrinos, Wilhelm Schulz(17), vive en Varsovia; es ingeniero; es un hombre inteligente y agradable, y además es un chico muy bello. Él se sentiría feliz de ayudarme a abandonar Drohobycz. ¿Puedo permitirme darle sus señas, a fin de que encuentre en usted un poco de inspiración y las indicaciones concernientes a las gestiones a llevar a cabo?
Le agradezco vivamente que se haya ocupado con tanta diligencia del caso del desdichado F.(18). No se trata de ninguno de mis parientes, sino de uno de mis antiguos alumnos, un muchacho que no tuvo suerte. Sus padres son muy pobres y no pueden hacer nada por él. Yo les diré lo que han de hacer y esperaré el resultado. No se enfade conmigo si la importuno con este caso, pero sepa que la causa por la que usted lucha es justa. Escríbame con más frecuencia. Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


90

30 de agosto 1937

Querida Romana,
No se enfade conmigo si, desdeñando todos sus esfuerzos y solicitud, respondí a su oferta con un rechazo. Si reflexiona un poco más sobre mi situación, comprenderá que no podía aceptar su propuesta.Ya le dije que tenía tres personas a mi cargo (mi hermana, una prima y un sobrino) y no podía abandonarlos a su suerte. Actualmente gano 300 zlotys al mes; si consiguiera en Varsovia un trabajo en las mismas condiciones, con seguridad que lo aceptaría, pues yo podría muy bien vivir con 200 zlotys y enviar 100 a mi familia. Pero con el señor Ramberg sólo tendría de dos a seis horas de trabajo(19) y no podría ganar más de 100 zlotys. No puedo dejar mi puesto de funcionario (7ª clase) –que me asegurará más tarde una jubilación– por unas pocas horas de trabajo. No tengo suficiente valor ni entusiasmo, no me siento lo bastante estimulado como para lanzarme a una empresa tan arriesgada. Alimento sin embargo la ilusión de que encarnizándose más se podría conseguir algo mejor. ¡Pero no crea que quiero empujarla a realizar otras gestiones! Sé muy bien en qué condiciones trabaja usted misma y hasta qué punto su vida es difícil. No creía que aún tuviese tiempo y deseo de pensar en mí. Yo tampoco veo qué otra cosa podría hacer usted. Y, sin embargo, no pierdo la esperanza. Debe disculparme si cuando le recomendé a mi sobrino me permití añadir –como una broma– que era un bello muchacho, como para animarla a que se encontrase con él (y, en efecto, el encanto físico constituye un rasgo destacado de su personalidad). No tenía segundas intenciones al decir eso. Además, después de pensarlo mucho, he renunciado a la idea de ponerla en contacto con él. Sospecho que mi sobrino es una naturaleza demasiado independiente como para trabajar en colaboración con quien quiera que fuese. Hubo un tiempo en que él se afanó mucho por mí, y con un entusiasmo sincero; fue a ver a Wierzyński, a Szturm y Czarski para hablarles de mis cosas. Pero ahora está demasiado absorbido con su propia carrera como para ocuparse de mis asuntos. Por lo que se refiere a Gombrowicz, intentaré ponerla en contacto con él. Estaría muy bien que pudiese conocerle. ¿Puedo decirle directamente que a usted le gustaría encontrarse con él? Eso sería lo más sencillo.
Ya no recuerdo lo que le dije en mi última carta. El diagnóstico que yo mismo hice de mi estado psíquico y mi moral cambia y se metamorfosea continuamente. Me parece que el mundo, la vida, sólo cuentan para mí como material pudiendo servir para la creación. A partir del momento en que no puedo utilizar la vida de forma creadora, se convierte para mí en algo terrible y peligroso o mortalmente estéril. Mantener en uno la curiosidad, el deseo de crear, resistir al proceso de esterilización, de tedio –esa es para mí la tarea más importante y más urgente. Sin esa sal y pimienta me hundiría en vida en una especie de mortal letargo. El arte me acostumbró a sus estimulantes y fuertes sensaciones. Mi sistema nervioso tiene una delicadeza, una sensibilidad que no le permiten afrontar las exigencias de una vida que el arte no sancionase. Tengo miedo de que este año de enseñanza en la escuela acabe conmigo. Cuando era más joven y vigoroso, bien que mal podía soportarlo. Ahora, todo esto se me atraviesa en la garganta. ¿Y si me lanzase al libertinaje para contrarrestar los efectos de este deprimente vals escolar? Ya he soñado con eso. Pero tal cosa me trastornaría y agotaría demasiado en el plano nervioso (en esas condiciones peligrosas y difíciles como son las de una pequeña ciudad, siendo profesor, etc.). Para crear, me haría falta un clima especialmente sereno y favorable, tener confianza en mí mismo, gozar de silencio, de seguridad... Hoy soy más maduro y rico interiormente que en la época en que escribí Las Tiendas de Canela Fina. Ya no tengo la ingenuidad ni despreocupación de entonces. En esa época no sentía sobre mis hombros el fardo de ninguna responsabilidad, escribía para mí mismo; eso facilita muchas cosas. Comprendo que alguien como Berent(20) no lea ninguna crítica de sus obras y evite la prensa. Se crea así una soledad artificial, una especie de vacío en cuyo interior puede crear. Eso es lo que habría que hacer. También es cierto que en Varsovia yo no podría ya vivir en esa soledad creadora. Pero al menos no correría el riesgo de morir de tedio, no sufriría de esta perpetua lasitud, de esta náusea provocada por la esterilidad de la vida. Al cabo de cierto tiempo, me retiraría al silencio para escribir. Sin duda se pueden descubrir muchas contradicciones en mi discurso, pero usted me comprenderá si intenta ponerse en mi lugar.
¿Podría prestarme Husserl(21) (el filósofo alemán)? O se lo pediré quizá a Witkiewicz. Por lo demás, me gustaría inscribirme en una gran biblioteca de Varsovia que asuma el envío de libros a provincias. Pero ¿no sería mejor que me inscribiese en Lvov?
¿Tal vez la he decepcionado? ¿Ha decidido no hacer nada más por mí? Lo siento, lo sé, y no necesita decírmelo: le complacerá mucho poder seguir ayudándome. Usted es actualmente la única a quien eso le importa de verdad. No me olvide, escriba pronto.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


91

Drohobycz, 29 de septiembre 1937

Querida Roma,
Tras mi regreso de Varsovia he conocido un largo periodo de serenidad y calma. En vez de irritarme y trastornarme, el encuentro con J. me ha hecho bien. La encontré perfectamente serena, reconciliada con la idea de nuestra separación, y eso me ha devuelto inmediatamente la lucidez. Su valor a mis ojos aumenta o disminuye según la idea que me hago de su cariño. Como esta cuestión no es fácil de resolver y aún se me presenta bajo los aspectos más diversos –en función de los recuerdos que vuelven– mi depresión y pesadumbre todavía están agazapadas en alguna parte, dispuestas a resurgir. Hoy, por ejemplo, se me ha ocurrido que su calma quizá era fingida, que podía tratarse de una pose dictada por el orgullo o el deseo de dominarse a cualquier precio. ¡Pero dejémoslo!
Lo que ha contribuido al bienestar que siento en este momento –¡no se ría de mí, por favor!–, es su clarividencia, o su intuición, gracias a la cual usted acabó por predecirme días fructíferos en el plano de la creación. ¿Lo recuerda? Experimento, aparte de eso, un sentimiento íntimo de plenitud y fuerza, el sentimiento de disponer de un número suficiente de recursos y reservas.
Como desde hace algún tiempo proyecto traducir una de mis obras a un idioma europeo, se me ocurrió escribir directamente alguna cosa en alemán. He realizado parcialmente ese proyecto; comencé a escribir algo en alemán (hay ya más de veinte páginas de un cuaderno)(22). Hasta ahora estaba bastante contento de mí, pero hoy, por primera vez, me han asaltado las dudas, y me asusta tener que abandonar toda la empresa. ¿Quién sabe? Quizá aún pueda remediarlo. El idioma no me plantea grandes problemas, me siento ahí casi totalmente a gusto; pero hay como un obstáculo que me impide llevar a cabo el esfuerzo final, expresar ciertas revelaciones –un verdadero mal del que sufre actualmente mi creatividad. Sólo cuando vuelva a copiarla me daré cuenta si la obra tiene algún valor.
No tengo ninguna respuesta de Italia a propósito de mi “Exposé de Las Tiendas de Canela Fina(23)”. Eso me sorprende y contraría a la vez. La propuesta salió de los mismos italianos y era muy entrañable. ¿Por qué mis dos cartas se quedaron sin respuesta? (Creo que ya le he hablado de esta historia.)
¿Cómo sigue usted? ¿Aún está tan ocupada? ¿Es verdaderamente inevitable la supresión del servicio del que habla en su carta? ¿Tiene otros proyectos en perspectiva? ¿Cómo se encuentra? ¿Se ve con gente? ¿Ha visto a Szturm? Le escribo a Gombrowicz por el mismo correo para hablarle de usted. Confío en poder organizar un encuentro entre ustedes dos. Su salud no es muy buena en este momento y no está en la mejor forma.
Me sentiría feliz si me escribiese lo antes posible algunas palabras para decirme cómo está, física y moralmente.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


92

Drohobycz, 13 de octubre 1937

Querida Roma,
No tengo suerte con Gombrowicz. Pasa en este momento por lamentables estados depresivos y evita la gente. Me prometió que le telefoneará cuando se sienta mejor. También me escribió Witkacy. Se ha enfadado con Gombrowicz pero se ha reconciliado con Marusia Kasprowicz(24), a la que ahora ve a menudo. Me aconseja cambiar completamente de tema “con el fin de presionar al máximo los testículos para provocar un último brote de esperma”. Pero sobre todo, no cite esta frase ante él, pues me acusaría de haber sido indiscreto, aunque se trate aquí de mi fuerza viril y no de la suya.
Hace tiempo que finalicé mi relato en alemán, pero necesitaré mucho más para volver a copiarlo a causa de mis diferentes ocupaciones y la poca convicción con que emprendo este trabajo. Será un texto bastante largo, de tema parecido al de El Sanatorio de la Clepsidra.
Lamentablemente, aún no tengo ningún eco de la propuesta hecha por los italianos, ninguna respuesta a propósito del “Exposé de Las Tiendas de Canela Fina”, en dos idiomas (se trata en efecto de un texto bilingüe). La cosa había sido arreglada por mediación de Maria Chasin, pianista que conocí en Zakopane, que tiene un sin fin de relaciones.
¿Cómo es que se siente tan mal? ¿Qué podría darle un poco de calma y equilibrio interior? Me pregunto si el pelo corto le queda bien... Me alegra que haya terminado las sustituciones. ¡Ah! si usted pudiese ganar un poco más para irse algunas semanas al extranjero. Yo también sueño con eso. No pienso en J. en estos últimos tiempos. La semana pasada, en cambio, me vi envuelto en tal crisis de irritación familiar que, por un instante, pensé en instalarme en otro sitio y vivir solo. Las cosas se han arreglado, pero sin embargo no está excluido que me mude. ¿Qué me aconseja hacer? Si me decidiese a ello sería en detrimento de mi familia, toda vez que debería pagar mi habitación y, además, mi sustento. No se enfade por escribirle tan poco. Estoy muy absorbido por mis actividades docentes y otros asuntos. Prometo escribirle pronto. De momento no encontré nada interesante que traducir para usted.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


93

16 de noviembre 1937

Querida Romana,
No piense, en modo alguno, que la he olvidado; estoy sumido en un permanente estado de tristeza y depresión y no consigo ordenar mis pensamientos para escribir una carta. Sin embargo, este largo silencio de una y otra parte comienza a inquietarme. ¿Qué es de usted? ¿Cómo sigue su hijo? ¿Aún tiene usted tanto trabajo? ¿Cuál es su ánimo?
Estos últimos días han estado señalados para mí por la lectura del libro de Gombrowicz(25). Me ha impresionado y deslumbrado. Inútil pretender situar este libro en cualquier categoría. Es una obra de gran envergadura, llena de nuevas perspectivas: una verdadera revelación. En tanto que realización intelectual, podría compararla a fenómenos como Freud y Proust. Gombrowicz me escribió diciendo que va a enviarle un ejemplar. Estoy seguro de que este libro le causará una fuerte impresión. Quisiera escribir algo al respecto, pero no consigo ponerme a la tarea, aunque eso me socava continuamente y me pone en un verdadero estado de efervescencia. Aún estoy colmado. En cuanto al mismo Gombrowicz, cosa extraña, está muy deprimido y preocupado por la suerte de su obra. Curiosa impresión: cuando la persona que hemos frecuentado tan de cerca se convierte en un genio... Gombrowicz es verdaderamente genial. Recibí una carta de la señora Kuncewiczowa a propósito de ese libro; sólo se expresa en superlativos.
Mi libro aún no ha aparecido, pero Gombrowicz me dijo que va a salir de un día a otro. En este momento no escribo nada nuevo. He terminado mi relato en alemán (treinta páginas de manuscrito mecanografiado) y se lo di a leer a Berman(26), traductor de Wittlin.
Aparte de eso nada nuevo, en lo que me concierne. Espero con impaciencia sus noticias, y le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz


94

12 de enero 1938

Querida Roma,
Acabo de regresar a casa y heme aquí finalmente en mi propia cama; quisiera agradecerle de todo corazón su gentileza y amistad. Entre el apretujado gentío de esta noche no pude ocuparme de usted como se lo merece –aunque sólo fuese porque usted organizó la velada. Tengo la impresión de que se sentía un poco abandonada. Le ruego que me perdone si no se sintió tan bien como debiera. No sé por qué, salí de esa velada un poco apesadumbrado por los brillantes discursos que se hicieron, y disgustado por mi propia intervención(27). Pero esa impresión se desvanece poco a poco.
Me contento con escribirle algunas palabras para que no pierda la fe en nuestra amistad –yo sé que esta amistad durará mucho tiempo.
¿Cómo acabó la velada? ¿Hubo aún muchas intervenciones? ¿Conoció a la señora Kuncewiczowa? ¿Sabe que Brochwicz(28) –el enorme rubio– me propuso tomar la palabra a propósito de la traducción alemana de Las Tiendas de Canela Fina?
Le doy las gracias por todo y prometo ser, en adelante, menos distraído y disperso.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz

Dele las gracias a la señora Kragen(29) de mi parte por su entusiasmo respecto a mí; que me disculpe si no pude abordarla para darle las gracias directamente.
¿Le ha dado “El Cometa” a Grydz(30)?
¡Mil gracias! Discúlpeme por el papel, pero no tengo otro a mano. ¡Mañana le enviaré el libro!


95

18 de enero 1938

Muy querida Roma,
Su carta me ha emocionado profundamente. Usted no se estima en su justo valor, querida Roma, y, además, subestima el valor de la amistad que me profesa. Siento remordimientos por haberla marginado durante mi intervención; sólo diré una cosa en mi defensa: no sé resistirme a las personas cuando me asedian... pues, esa tarde, me vi rodeado por un montón de gente que acabó apartándome de usted. También siento no haber podido pasar en su compañía los últimos minutos antes de irme, pero mi sobrino es un hombre difícil, un poco rudo, y temía que un trayecto en común pudiese ser causa de [disgustos]*, de disonancias. Sobrevalora mi sensibilidad y desengaño tras el discurso de Eiger. Apenas lo tuve en cuenta y jamás pensé en menospreciarla porque fue usted quien organizó la velada. Gombrowicz me escribió diciendo que le habíamos hecho un inmenso favor y que el efecto era excelente (es lo que todo el mundo le dijo); nos está muy agradecido: “de todas formas, eso me parece muy importante para el libro; es necesario concienciar a la gente, llamar la atención, animar a los que tienen ideas análogas y hacer el mayor ruido posible”, son palabras de Gombrowicz. Confío en que consiga el premio de los Jóvenes: en un plano moral eso estaría muy bien.
En cambio, la noticia de su enfermedad me ha contrariado. No hay que bromear con ese tipo de cosas y debería pensar seriamente en curarse. Temo que eso pueda prolongarse más allá de una semana. No minimice la gravedad de su malestar y consulte a un buen médico. No debe descuidar eso si quiere evitar complicaciones inútiles. Prométame que seguirá escrupulosamente los consejos del médico.
Ni que decir tiene que no le reprocharé nada por haber abierto la carta de Gombrowicz; no tenemos ningún secreto. Yo también estoy encamado desde el viernes, con una ligera gripe; pero tengo la intención de volver a mis clases desde mañana. Recibí una carta del profesor Chwistek(31); me ayudará a instalarme en Lvov. Aunque tendré que enseñar en una escuela comunal. Eso no me dice nada. Me he habituado a Drohobycz y, además, temo que al trabajar en una escuela primaria –siempre están llenas a reventar– me fatigue aún más. ¿Qué piensa usted?
Le agradezco que me haya puesto en guardia contra Brochwicz. No le escribiré entonces. Esperaré a ver si él lo hace primero. Me dio la dirección de una traductora de Viena; es una vieja amistad; ya le escribí.
A Gombrowicz le gustó mucho Egga Haardt. Confía en estar en contacto con ella en Varsovia; Egga le causó una gran impresión...
Las demostraciones de su afecto me conmueven profundamente, igual que el sincero deseo que tiene en ayudarme. Ojalá consiguiese alquilar un piso grande en el que entonces podría recibirme cada vez que yo fuera a Varsovia. Me parece bien que nos tuteemos; pero, contrariamente a usted, prefiero comenzar de viva voz. Tengo más pudor por escrito, y menos inhibición oralmente... ¡Comience, pues, yo intentaré seguirla!
Le agradezco que haya enviado mi manuscrito a Wiadomości ¿Lo metió en un sobre y lo expidió por correos? ¿Tendría la amabilidad de telefonear, no importa qué día, entre las cuatro y seis horas, para asegurarse de que han recibido el manuscrito?
Tengo derecho a 50 zlotys por mi breve conferencia, pero Melcer(32) me reprocha que hablé muy poco.
Encontrará adjunta una carta dirigida a Wanda Kragen; le ruego que se la remita. Yo no tengo su dirección. Ni siquiera pude saludarla ni agradecerle los elogios que hizo de mi obra. Creo que eso le ha ocasionado cierto disgusto.
Le deseo una pronta recuperación y, dándole las gracias una vez más, reciba toda mi amistad.
––––––
* En el original, palabra tachada [J. Ficowski].

Bruno Schulz


96

Drohobycz, 23 de enero 1938

Querida Roma,
¡Creo que usted me sobrevalora! Esa grandísima exaltación me da miedo. Es un estado malsano para quien la siente, como para aquel que es objeto de ella. Esa especie de embriaguez sentimental es ciertamente muy agradable para mí, pero pienso ya con angustia en el momento en que seamos desilusionados. No veo por qué no hacer algo por Wanda Kragen, habida cuenta de los sinsabores que hubo de afrontar por el hecho de intervenir en mi favor. Y además no olvide que es una crítica: no estaría mal pensar en tenerla de nuestro lado para el futuro. Creo que puede remitirle esa carta.
Me alegra saber que va mejor. Probablemente no era más que una irritación de la vesícula, pero cuidado: ¡régimen!
Por lo que se refiere a Egga Haardt, en modo alguno estoy comprometido, y de manera general no arriesgo gran cosa en ese aspecto. Sólo me siento en peligro si hay un fuerte compromiso afectivo por parte de una mujer. Soy de los que reaccionan rápido, y a veces me dejo llevar, pero raramente. A pesar de eso, le escribiré a Gombrowicz para que no me pise el terreno. Es mejor presentar el asunto con total honestidad.
Lo que dice sobre mi libro me complace mucho. Me alegra saber que le ha gustado. Poco faltó para que dejase de creer en él. Nadie me habló de esa obra como usted lo ha hecho.
Envié el dinero a Poznań, y, cosa extraña, no recibí ni confirmación de ese envío ni las gracias. No conviene que escriba otra vez, es una cuestión de tacto. Acabo de comprenderlo, mientras volvía a leer el comienzo de su carta. Entonces, ¿ya está? ¿Usted me tutea? No seamos, pues, mezquinos, querida Roma, ¡digámonos “tú”!
Haz lo que quieras de la carta a Wanda Kragen. Por lo que se refiere a la publicación de mi conferencia sobre Gombrowicz, Grydzewski ya me la ha pedido para Skamander; sólo tengo que enviársela. Gracias por haber entregado “El Cometa”.
Sandauer –a quien conozco bien– publicó un artículo sobre Gombrowicz en la revista Pion. Sandauer es un muchacho de veintitrés años, de una inteligencia excepcional. Yo conocía desde hace tiempo ese artículo, pues lo leí en manuscrito. Vive en Cracovia.
No te enfades si mi carta es tan breve hoy.
¡Cuídate! Con toda mi amistad.

Tu Bruno Schulz


97

Drohobycz, 6 de febrero 1938

Muy querida amiga,
Tu silencio me inquieta. ¿Ha podido herirte alguna de mis palabras? ¿Hay algo que te haya entristecido o desanimado? ¿Cómo sigue tu vesícula biliar? ¿Continúa rebelándose? ¿Y tu humor?
Fui a Lvov por tres días –inútilmente. Perdí el tiempo –un tiempo precioso que hubiera podido aprovechar de otra manera, y además he vuelto enfermo. Estoy encamado desde el miércoles con un buen trancazo, pero no tengo fiebre ni agujetas. Podría hacer algo concreto, pero prefiero pensar. En este momento me siento completamente dispuesto a pensar, a crear. Quizá eso dé algún fruto.
En Lvov vi a J. Aún no tiene trabajo, y está de un humor insoportable, pero eso no le impide ser muy elegante, como siempre, y seductora. Fui con ella a ver a los Chwistek(34); su hija, que tiene diecinueve años –un ser lleno de cualidades y dones excepcionales–, perdió la cabeza por ella. ¿Quizá sepas como encontrarle un trabajo (a J.)?
¿Qué piensas de mi candidatura al premio de Wiadomości? ¿Sabes algo de eso? Supongo que sólo Wittlin ha propuesto mi candidatura. ¿Podríamos encontrar a alguien más para apoyarlo?
Brochwicz me envió su libro pidiéndome que hiciese la crítica del mismo. Le respondí diciendo que ya no escribía críticas y que no se enfadase por ello. Para mí, se trata de un escritor aficionado, pero parece que Gombrowicz se entusiasmó con ese libro (no sé si era sincero).
En Chochoł(35) –una nueva revista satírica– Korabiowski (Strońć) publicó una parodia monstruosa –aunque justa– de mi prosa. En Pion(36) apareció un artículo de Sandauer: se trata de una crítica titulada “Sobre la obra de los mitólogos”, en referencia a Gombrowicz y Schulz. Aparte de eso no conozco otras críticas que hayan podido aparecer, pues no recibo los recortes de prensa.
¿Has visto a Witkacy? ¿Qué vida llevas en este momento? ¿Ves regularmente a alguien? Al volver encontré una carta de Wanda Kragen: me habla de los artículos donde Skiwski y Piasecki(37) atacan la novela de Gombrowicz. Tengo miedo de que “el caso Ferdydurke” suponga para ella el origen de un verdadero shock psíquico.
Egga(38) ya ha acabado las ilustraciones para “El Cometa”. Creo que la obra aparecerá pronto.
Aún no le escribí a Thomas Mann(39). Tengo un miedo terrible.
Si no recibo pronto tus noticias, comenzaré a inquietarme seriamente.
¡Escríbeme! Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


98

(hacia mediados de febrero 1938)

Querida Roma,
La noticia de tu enfermedad me ha contrariado. Confío que las radiografías demuestren que tus temores carecen de fundamento. Ya has estado bastante enferma así en el pasado, y eso no parece propio de ti. En cuanto a mí, ya me levanto pero todavía no salgo. Toso mucho; estoy de baja hasta el lunes.
Todas las noticias y habladurías que me cuentas me interesan enormemente. ¿Tengo alguna posibilidad de recibir el premio de Wiadomości? De antemano desecho este pensamiento para no verme decepcionado. Además, me parece que lo que decide la atribución de ese premio, son ciertas consideraciones, y ciertas relaciones de las que yo no dispongo en mi lejana provincia. Creo que será Gombrowicz quien lo consiga(40). Te agradezco que me des noticia del desenlace; pero bien mirado no merece la pena, me enteraré de todo por la radio.
Ya no escribo críticas para Wiadomości; eso ya no me divierte; muy al contrario, siempre tuve que esforzarme para hacer ese trabajo(41). Estoy muy sorprendido de ver que Gombrowicz ha escrito una crítica tan buena del libro de Brochwicz. Yo no pude leer esa obra hasta el final; pero sobre todo, no se lo digas a nadie, pues naturalmente le escribí diciendo que su libro me gustaba. Si puedes, envíame bajo cuerda los artículos de Skiwski y Piasecki.
Agradezco tu consejo a propósito de J. Tal vez lo siga. Pero Witkacy en modo alguno está hecho para cumplir ese tipo de misión. Es incapaz de hacerle un favor a nadie en el sentido práctico. No se lo tengo en cuenta. Le estoy agradecido por haberme presentado a Szturm.
Egga ya acabó de ilustrar “El Cometa”, y, sin duda, el relato aparecerá pronto.
Hace una quincena de días le pedí a Kister (de "Rój") que me enviase un ejemplar de Las Tiendas, que necesito para la traductora de Viena. Esta petición –igual que mi carta rogándole al editor que me facilitara las direcciones de algunos críticos que quieren leer El Sanatorio– no ha tenido respuesta. Son verdaderamente de una gran negligencia en lo que a mí se refiere. No quisiera exponerte a recibir una contestación desagradable, pero ¿no podrías tú quizá pedírselos por teléfono?
¿Por qué has estado tanto tiempo sin escribirme? ¿Ves a alguno de nuestros amigos comunes? ¿A Szturm, o Lieberwerth? Escríbeme pronto para darme noticias del resultado de tus radiografías. Gracias una vez más.
Con toda mi amistad.

Bruno

He leído la primera parte de la novela de Montherlant Los Jóvenes(42). ¡Extraordinaria! ¡Tienes que leerla sin falta!


99

21 de febrero 1938

Querida Roma,
La noticia de tu enfermedad y hospitalización me ha entristecido y contrariado. ¿Era verdaderamente necesario que te hospitalizasen? ¿Se debe a que van a operarte o bien para unos cuidados especiales? Sé que esas crisis de cólicos hepáticos son terriblemente dolorosas y que no pueden soportarse sin ayuda de narcóticos. ¿Te cuidan bien, al menos? ¿Son amables contigo? ¿Recibes visitas? ¿Tienes ahí algo para leer? ¿Piensas en algún tema? ¿Cómo es ese universo hospitalario? ¿Tienes una habitación aparte o bien estás con alguien? Escríbeme y cuéntamelo todo, especialmente lo relacionado con tu salud. ¿Cómo puedes decir que tus cartas me aburren?
¡Qué buena eres al seguir pensando en mis problemas, aún estando en el hospital! No dudas en escapar a la vigilancia de los médicos para ocuparte de algo que yo ni siquiera te pedí solucionar, sabiendo hasta qué punto estabas atareada. Te lo agradezco de todo corazón.
Me gustaría mucho recibir ese premio(43); sobre todo porque es un trampolín que me permitiría salir de los límites de la lengua polaca. Y después también está el dinero; ¡eso cuenta! A pesar de todo, tu última carta ha despertado en mí la esperanza, incluso aunque sé que son consideraciones de “política literaria” las que deciden la atribución del premio, favores recíprocos destinados a conseguir el apoyo de los galardonados.
Recibí el artículo de Piasecki y te lo agradezco. Es vulgar y estúpido. En Tygodnik Ilustrowany apareció una larga crítica, escrita por Pomirowski(44), pero sin entusiasmo. En el número cinco de Pion creo que había un bello artículo sobre mí (especialmente) y Gombrowicz –de A. Sandauer–, un joven crítico que ha conseguido su prestigio literario analizando con mucha inteligencia mi obra (y la de Gombrowicz). Envié a Skamander un segundo artículo del mismo crítico relacionado con El Sanatorio, al mismo tiempo que mi análisis de Ferdydurke(45).
Sigo en contacto con Gombrowicz. Al parecer, quiere ir a Italia, espera quizá el resultado del premio literario. Egga Haardt y su amigo me envían constantemente ecos entusiastas de mi libro, que leen juntos. Descubren un cierto parentesco entre ese libro y José y sus hermanos de Thomas Mann –lo que me halaga enormemente. La madre de mi amigo quiere llevarle a Mann mi relato titulado Die Heimkher cuando vaya a Zurich(46). Aparte de eso, me sorprende constatar que no se habla de El Sanatorio. ¿A qué atribuir ese silencio? En una revista de Lvov leí una crítica muy halagadora de I. Berman, a quien los estudiantes nacionalistas golpearon cruelmente algunos días más tarde. Berman es el editor de la revista satírica Chochoł, en la misma línea que Szpilki (con los mismos colaboradores).
Me sentiría mucho mejor en este momento si no estuviese rodeado de personas más bien deprimentes, que viven en un mundo de pensamiento radicalmente diferente al mío. El dibujo me interesa de nuevo. Me gustaría contar con alguien que tuviese los mismos centros de interés. Invité en varias ocasiones a un pintor de Lvov; es un hombre muy inteligente; pero no me respondió.
No sé si estas noticias aún pueden interesarte o si ya perteneces a ese otro universo del que hablas en tu carta. Nałkowska me envió cuatro o cinco de sus obras en compensación de mi libro. En uno de ellos hay una dedicatoria: “A B. S., con una gran admiración por su libro.”
Todavía no le respondí a Wanda Kragen.
Te deseo de todo corazón un pronto restablecimiento y, entretanto, mucha calma, serenidad y pensamientos agradables. Espero noticias tuyas.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


100

Drohobycz, Floriańska, 10; 3 de marzo 1938

Querida Roma,
¿Por qué no he recibido respuesta de tu parte? Ni la menor noticia...
Estoy preocupado. ¿Aún estás enferma, has salido del hospital? ¿O tienes dificultades para escribir? ¿O sólo se trata de la depresión? Tras algunos meses bastante positivos, heme aquí, pues, atravesando un nuevo periodo de abatimiento. Me siento tan vacilante, tan desconcertado, que ni siquiera me atrevo a escribir una carta por muy urgente que fuese. Pienso con tristeza en mi juventud perdida, en esos años estúpidamente malgastados: hay en mí una especie de fiebre, de inquietud, de pánico, ante la idea de que “las puertas van a cerrarse pronto”. Pero no quiero hablar de mí en tanto no haya recibido tus noticias. ¿No hay ninguna mejoría en tu estado? ¿Cuánto tiempo estarás aún en observación? Escríbeme aunque sólo sea algunas palabras o bien díctaselas a Stefan. Sería mejor que me dieses la dirección del hospital.
Nada nuevo por ahora sobre mi viaje a París. Kister no me envía dinero. Hoy, finalmente, le escribí. Entre los ecos de prensa, recibí el artículo entusiasta de Berman en la revista Opinia de Lvov(47) y una crítica favorable en Sygnały, escrita por Płomiński(48). No leo los periódicos de Varsovia. A parte de esto, calma chicha. Uno de los más célebres pintores judíos vino a verme. Se trata de N. Spiegel(49): le gustaron mucho mis dibujos y me aconseja que vaya a París para organizar una exposición.
Espero tus noticias con impaciencia.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


101

Drohobycz, 10 de marzo 1938

Querida Roma,
Siempre presentí que había una seria razón para tu silencio. ¡Mi pobre, mi valerosa Roma! ¿Se trató de una operación importante? ¿Cuál fue el órgano en cuestión? ¿Has sufrido mucho? ¿Estuvo alguien a tu lado, familiares, amigos? ¿Qué relación entre ese “quiste” y tus molestias hepáticas? ¿Era responsable de los dolores de los que te quejabas? ¿No hubo más remedio que extirparlo? ¿Cómo es posible que estés en tan lamentable estado nervioso? ¿No te gustaría tener a tu lado a alguien cercano durante tu enfermedad? ¿Por qué tu familia te ha dejado sola en esta situación? ¡No te dejes llevar por la duda! Todo irá bien. La primavera se anuncia. Después de todas estas pruebas tendrías que descansar en alguna parte. A algunos kilómetros de Drohobycz hay una bellísima casa de reposo para convalecientes; un excéntrico quiso organizar ahí un refugio para “los enfermos del alma”. Esa era al menos su intención. En realidad, el resultado ha sido un poco diferente, pero la casa se encuentra en una total soledad, en un bello paraje montañoso rodeado de vegetación donde brota un sin fin de rosas, y verdaderos campos de clavel. La construcción es de un estilo híbrido: montañés, imperio y Biedermeier. Hay un hermoso salón y un comedor amplio; la casa tiene a la vez algo de chalet de montaña y mansión polaca tradicional. Los precios son muy asequibles, el dueño es encantador, y, en primavera, habitualmente no hay más que dos o tres (sic) pensionistas. Podré ir a visitarte, pues no está lejos, y además conozco a Reitman(50), el propietario. El lugar se llama Korostów, y está situado cerca de Skoly. Arréglatelas para conseguir el dinero necesario para el viaje. El establecimiento tiene su propia central eléctrica, su oficina de correos, en una palabra, es una verdadera fortaleza situada en la soledad de las montañas. A ver si puedes pasar ahí en abril cuatro semanas. Dile a tu familia que te ayude.
Me haría muy feliz que pudieses venir. Tú, que eres sensible a la belleza; tú, que tienes tanta imaginación y eres capaz de superar las situaciones más increíbles, te encontrarás ahí como en tu tierra mítica.
No tengo gran cosa que decir de mí mismo. Me gustaría disfrutar de un poco de serenidad, cambiar de ambiente, tener compañía, por ejemplo estar contigo. Tengo sed de silencio y naturaleza, de la presencia de almas sensibles ante las cuales no sea necesario cerrarse o traducirlo todo a una lengua extraña. Quizá también yo vaya a pasar dos semanas a Korostów el mes de abril. Estoy disponiendo una pieza aparte en nuestra casa, pero los gastos que eso conlleva me dan miedo: la compra de un diván, etc. Dispongo de una habitación espaciosa y clara y algunos muebles; sólo me falta el diván, las cortinas y una alfombra.
¿Puedes darme noticias tuyas más regularmente? Cada vez que tardes en escribirme estaré preocupado. Háblame detalladamente de ti, de tu salud. ¿Sufres? ¿Estás sola?
Las informaciones parecen indicar que Wittlin no defendió mucho mi libro, en cambio Kuncewiczowa y Dąbrowska pelearon más(51).
Escríbeme. Con toda mi amistad.

Tu Bruno Schulz


102

Drohobycz, 20 de marzo 1938

Querida Roma,
Espero que no te enfades si he tardado en responder a tu carta. La distancia material, el espacio a franquear vuelve la palabra escrita tan débil y tan poco eficaz que no consigue realmente su fin. En cuanto a su objetivo, es decir a la persona que debe captar nuestras palabras en la otra parte del espacio, apenas parece real, como un personaje de novela; su existencia parece incierta. Eso es algo que no anima a escribir y le quita actualidad a la palabra escrita; aunque frente a una realidad más próxima, cuya presión se ejerce directamente sobre nosotros, parece una acción problemática, una operación mágica, un gesto de dudosa eficacia. Tal vez no debiera hablar de eso y luchar más bien contra este desfallecimiento de la imaginación que se niega a creer en la realidad de las cosas lejanas. Me siento infinitamente conmovido al ver que, a pesar de tu estado de debilidad y agotamiento, aún encuentras la fuerza para pensar en mí, y hasta para escribirme cartas, o interesarte en mis cosas. Es verdaderamente maravilloso constatar que existen mujeres como tú, que tal desinterés y lazos afectivos son posibles. ¿Puedes leer, al menos? ¿Sufres? Espero que esos cálculos se disuelvan y eliminen solos de tu organismo. Te sentará bien ir a Truskawiec (apenas a un cuarto de hora de Drohobycz), pero aún estás muy débil para eso. Confío que puedas hacerlo en mayo. El lugar resulta magnífico en esa temporada. Vivirás en medio de cerezos blancos de los que Truskawiec es tan rico. Es mi lugar preferido; seguramente hablaré de él un día, en una novela. En mayo desprende una especie de exaltadora tristeza y apagada solemnidad. Los ruiseñores cantan y todos los árboles son blancos. Korostów no es lo indicado en tu caso. Creo que Reitman podría aceptar un precio de cinco o seis zlotys al día, en buenas condiciones.
Entretanto, asistimos a acontecimientos históricos muy angustiosos(52). La situación no hace más que empeorar. Esto me deprime mucho. En algún momento me sentí al borde de la desesperación, como si presintiese una catástrofe inminente. ¡La primavera es tan bella! ¡Habría que vivir y aspirar el mundo a grandes tragos! ¡Y yo, que me paso los días y las noches sin una mujer a mi lado, sin una musa, yo, que me marchito en la más perfecta esterilidad! A veces me despierto sobresaltado, con el corazón pleno de inmensa zozobra: veía como la vida se escapaba y yo no retenía nada de ella. Si un acceso de semejante zozobra se prolongase uno podría volverse loco. ¿Quién sabe si, un día, esta desesperación no volverá de nuevo para instalarse en el fondo de mí, de veras, cuando ya sea demasiado tarde para vivir? ¡Cúrate pronto y vive, pues la mayor desgracia es no vivir la vida hasta el fin! ¿Estás ya en Sródborów(53)? ¿Es bello el lugar? ¿Te sientes mejor y más fuerte? Si no me equivoco se trataba de una operación interna que no dejó cicatrices visibles. Acabo de leer el maravilloso libro de Huxley Las Puertas de la percepción(54). A lo largo de la lectura no pude dejar de admirar la feroz inteligencia de este hombre. Aparte de eso, soy incapaz de leer cualquier otra cosa. No me interesa nada. La razón quizá se deba a que no hay una mujer en mi vida.
Háblame de ti detalladamente. ¿A quién has visto en Sródborów? ¿Recibes visitas? ¿Irá a verte Wanda Kragen? ¿Crees que debo darle las gracias a Wittlin, Kuncewiczowa y Dąbrowska por haberme apoyado ante el jurado?
Gombrowicz no está en Varsovia. Tampoco me escribe. Actualmente no recibo cartas de nadie.
Con toda mi amistad, deseándote una mejor salud y un descanso reparador.

Bruno Schulz


103

Drohobycz, 31 de marzo 1938

Querida Roma,
Hace mucho tiempo que no tengo noticias tuyas. ¿Has recibido mi carta? ¿Hay algo que te ha desanimado a escribir o bien aún estás muy débil para eso? ¿Estás en Sródborów? ¿Va a verte Stefan? No sé qué decirte, al no saber nada de tu estado físico y psíquico ni de tus estados de alma. No sé lo que te puede interesar en este momento ni que mensaje llega hasta ti. ¿No te recomendaron los médicos hacer una cura en Truskawiec? Sería maravilloso si pudieses venir a Truskawiec (apenas está a quince minutos de Drohobycz).
En estos momentos vivo una soledad casi total. Hace meses que no tengo noticias de J. Últimamente Gombrowicz estuvo en Varsovia y me escribió tras un largo silencio. Aparte de eso, no tengo ningún contacto con él. Egga Haardt tampoco da señales de vida.
Mi trabajo en la escuela me absorbe más que antes. Intento no darle a mis superiores un pretexto fácil para desembarazarse de mí, pero esos esfuerzos me parecen vanos, porque si alguna vez las corrientes que atraviesan nuestro país adquieren fuerza de ley, entonces ni esos pretextos servirían para nada(55). Quizá no sea este el momento ideal para disponer mi apartamento. Tengo una hermosa pieza (6 x 6 m) y otra, más pequeña. Encargué un diván. Hago esto sin creerlo, un poco de mala gana. Hace algunos años hubiese debido decidirme a abandonar la escuela para hacer periodismo. Eso era aún posible en la época, y sin duda me hubiera habituado a escribir por encargo. Tal vez encontrara en esa situación un cierto estímulo que me empujase a escribir más y hacerme así con una forma de escritura más banal y cotidiana.
¿Crees que debería darle las gracias a Kuncewiczowa y Wittlin por haber apoyado mi candidatura al premio de Wiadomości?
Escríbeme al menos algunas palabras para hablarme de ti, dime como te encuentras, lo que haces. ¿Te sientes un poco mejor, puedo seguir escribiéndote? ¿Aún te interesa esto? ¿Tienes compañía en Sródborów? ¿Te visitan los amigos de Varsovia? Tu silencio me inquieta. Intuyo que si dejas mis cartas sin respuesta, es que no estás bien. ¿No puedes ponerme dos palabras para tranquilizarme?
Te deseo una mejor salud y te envío toda mi amistad.

Bruno


104

17 de abril 1938

Querida Roma,
Discúlpame si, con mi silencio, llevé la inquietud a tu ánimo. Recibí una de tus cartas, y, como sucede cada vez que dejamos la respuesta para más tarde, el mensaje perdió un poco de su actualidad, y no respondí. No recibí la segunda carta de la que hablas. La perspectiva de verte me alegra. Ven entonces a Truskawiec; será lo más práctico para mí, pues el lugar es cercano y está lleno de encanto. Pero creo que tal vez los médicos te sugerirán Morszyn, que está más lejos que Truskawiec. Pero Truskawiec es de efectos más sedantes para la salud, la localidad es más grande y más bonita. Según el relato de tus “aventuras” íntimas, de orden afectivo y demás, llego a la conclusión de que estás mejor de salud, y me alegro por ello. Mi silencio se explica por la visita del inspector y mi viaje a Lvov, donde pasé una semana en compañía de Debora Vogel, Promiński y el pintor Janisch. Pero no ocurrió nada interesante. Gombrowicz escribió un artículo sobre mí, que ha enviado a Kurier Poranny(56) –aparte de eso, también me dice que Otwinowski(57) se dispone a escribir algo sobre mí en Czas y que Łaszowski –hasta ahora mi adversario– va escribir una crítica favorable en Prosto z mostu(58). También Breza prepara algo sobre mí. Gombrowicz hace grandes elogios de mi libro. Me siento verdaderamente feliz ante la perspectiva de verte. Me gustan mucho los encuentros primaverales. Finalmente he dispuesto mi habitación, lo que ha conllevado muchos gastos inútiles, porque en el fondo, el lujo y el confort me importan poco. Tendré en adelante, aparte de ti, todo un círculo de amigos: el pintor Janisch, Sandauer, una cierta señora Herman(59), pero el mayor placer será verte.
No te enfades si mis palabras son breves. Tengo mucha correspondencia atrasada de la que debo ocuparme sin más dilación.
Dame pronto señales de vida. Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


105

Drohobycz, 19 de mayo 1938

Querida Roma,
Estaba molesto contigo por tu tardanza en reaccionar a mi señal de alarma. Me preguntaba qué habría ocurrido; pero todo sigue bien, toda vez que no me has olvidado. Desde hace algunos días me siento mejor. A finales de junio quisiera ir a París por dos o tres semanas. Czas va a remitirme un carnet de periodista, que justificará que trabajo como corresponsal para esa publicación; pero no sé cómo conseguir un pasaporte económico. Me parece que tú tienes algunas relaciones en el Ministerio de asuntos exteriores. ¿Podrías informarte y decirme cuál es el modo más rápido para conseguir esa clase de pasaporte? ¿Tengo que pedir una autorización para los dibujos que llevaré conmigo? La Unión de escritores me ayudará a conseguir una reducción del 66% en los trenes polacos. También se puede intentar conseguir un billete de tarifa reducida para los trenes franceses por mediación de la embajada, pero no sé cómo proceder. Creo que tendré que ir a Varsovia el 25 de junio (tras el fin del año escolar). Cuento mucho con tu eficacia y tu voluntad de ayudarme, con tu disponibilidad, tu fidelidad y bondad habituales. Quisiera inscribirme en el Pen Club, y ya le pedí a Gombrowicz que intervenga en lo que a eso se refiere.
¿Puedes intentar recomendarme a pintores y escritores conocidos en París? Discúlpame por hablar sólo de detalles técnicos, pero estoy en plena efervescencia, temo no poder arreglar a tiempo –antes de finales de junio– ciertos asuntos pendientes. Te hubiera respondido enseguida si me hubieses dado tu nueva dirección: ¿tendrás un poco de tiempo para dedicarme? De hecho, estoy persuadido que este viaje no me aportará ningún beneficio concreto, pero en cualquier caso quiero intentarlo. Te hablaré más tarde de mis otros proyectos, a menos que te los haga saber de viva voz. Temo hablar de ellos en mis cartas antes de que se vean realizados. Me gustaría llevar a París un centenar de dibujos. Quizá realice una exposición. Hay una dama que quiere ponerme en contacto con Jules Romains(60).
¿Qué haces tú, querida Roma? ¿A qué acontecimientos aludes cuando dices que son más terribles de vivir que las preocupaciones de la vida cotidiana? ¿Pasas tú también por estados depresivos? ¿Por qué no hablas más del tema? ¿Tiene algo que ver con una aventura sentimental? ¡Escríbeme, pues, sobre eso!
“El Cometa” aparecerá uno de estos días. Ya era hora. Marian Eile(61) espera organizar esta semana un escaparate en torno al tema de Las Tiendas de Canela Fina. No recibo ninguna crítica relacionada con mi obra. Le pedí a Gombrowicz que me envíe la suya.
Perdona este estilo telegráfico. Te escribiré pronto más larga y seriamente. Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


106

28 de mayo 1938

Querida Roma,
Quiero agradecerte todas las molestias que te tomas por mí. Gombrowicz también me aconsejó que solicite el pasaporte aquí mismo. No quisiera pasar por Alemania, eso me deprimiría mucho. Aunque me cueste más caro, preferiría pasar por Italia y detenerme dos días en Venecia. No podré ir a Varsovia por Pentecostés. Si Staś Witkiewicz(62) pudiese enviarme algunas direcciones y recomendación, le quedaría muy agradecido. ¿Qué hace? ¿Cómo se encuentra? ¿Ya está mejor?
Quizá hayas leído la crítica que Breiter hace de mi obra(63). Al final hay un pasaje sobre Gombrowicz que me ha obligado a escribirle inmediatamente a Grydzewski: tuve que invalidar –lo más delicadamente posible–, la tesis según la cual Gombrowicz se habría inspirado en mí. Gombrowicz publicó su primer libro (fruto de un talento perfectamente maduro y cristalizado) en mayo de 1933. Por el contrario, Las Tiendas de Canela Fina apareció en 1934. ¿Cómo puede hablarse de mi “escuela”? Me ha dado mucha pena por Breiter, pero consideré que era mi deber intervenir, por lealtad hacia Gombrowicz. ¿Hice mal? Sin duda, Grydzewski publicará esa carta en Wiadomości(64), pero no se lo digas a nadie.
A raíz de esa crítica, Grydzewski ha decidido consagrarme el escaparate de Wiadomości que Eile, el autor de Gryps(65), un joven muy amable, se empeñó en diseñar con mis propios dibujos. ¿Qué efecto produce eso? Ciertamente, es un hermoso gesto por parte de Grydzewski.
Le escribí a Natanson(66), el cual debe enviarme el carnet oficial de corresponsal de Czas. Eso me facilitará muchas cosas. Aún he de pedirte que te informes en la Unión de escritores para saber cuales son los pasos a dar a fin de conseguir una reducción del 66% en los trenes polacos. Aunque, por otra parte, si paso por Italia el trayecto en Polonia será corto: Ławoczne-Budapest. Tal vez no merezca la pena recabar esa información...
La pianista Maria Chasin me escribió diciendo que probablemente estará en París durante el mes de junio. Eso puede ser muy importante para mí, toda vez que ella conoce a muchos escritores e intelectuales franceses, entre los que se cuentan algunas personalidades célebres.
¿Cómo te encuentras actualmente? ¿Ya gozas de una salud normal?
Espero que no te canses demasiado. ¿Tienes un piso confortable? Mi vivienda de soltero ya tiene un bonito aspecto, pero aún me falta el diván. Dejaré ese gasto para más tarde, pues temo quedarme escaso de dinero para ir a París.
Escríbeme más a menudo, si el tiempo te lo permite. ¿Hay alguien en tu vida? ¿Por qué no me hablas de eso? ¿Cuál es tu relación con Staś W.?
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


107

8 de junio 1938

Querida Roma,
Heme aquí otra vez deprimido. Mi viaje a París parece comprometido en razón de las dificultades que se acumulan. Te explicaré de qué se trata; quizá tú encuentres una solución.
1) El pasaporte turístico (40 zlotys) se consigue con la compra de divisas. Pero la Central de divisas se reserva el derecho de atribuirlas individualmente, y no se las otorga a los bancos. A través del Banco general de la Unión de Drohobycz solicité una asignación de divisas (solicitud nº 1175; fechada el 4 de junio). La Central está en la calle Zgoda, 11. El director de la sección es Mikucki. ¿Conoces quizá a alguien que pueda intervenir?
2) Se puede conseguir un pasaporte turístico procurándose un billete para la travesía Gdynia–Cherbourg. En este caso no se necesitan divisas, pero uno no puede llevar consigo más de 200 zlotys.
3) Se puede conseguir un pasaporte económico (como escritor), válido por dos meses, del Ministerio de asuntos interiores, pero en este caso se necesita un documento de la Unión de escritores o bien el apoyo de ese organismo.
4) También sumándose a un grupo organizado que se encarga de las formalidades del pasaporte y divisas. Existen viajes organizados donde sólo se tiene en cuenta el trayecto ida-vuelta.
Te lo ruego, haz lo que puedas para ayudarme, el tiempo pasa y, después del 15 de julio, es la temporada muerta en París. ¡Dame, pues, un consejo! ¿No podrías informarte en Orbis o Cook, para saber cuáles son los viajes organizados a Francia, y, eventualmente, enviarme los folletos? Esa sería la solución más simple, si se tratase solamente del viaje ida-vuelta –porque ir con un grupo no tendría para mí ningún sentido.
Tal vez sepas de alguien que pueda apoyar mi demanda en la Central de divisas donde, por decirlo de algún modo, no me conocen en absoluto. ¿No podría encargarse de ello la Unión de escritores?
Gombrowicz va a asociarme al Pen Club y tratará de conseguirme un carnet de periodista. A menos que tú puedas procurarme uno ahí.
¿Has leído a Breiter y visto el escaparate que me ha dedicado Wiadomości Literackie? ¿Por qué no escribes? ¿Estás muy absorbida por tus problemas personales? ¿Qué hace Witkacy? ¿Cómo se encuentra?
Respóndeme pronto, dime qué debo hacer, infórmate para saber cuál es la mejor solución. No te enfades conmigo por cargarte con todo eso.
Con toda mi amistad.

Bruno


108

(después del 12 de junio 1938)

Querida Roma,
Te agradezco vivamente la información que me das y todas tus gestiones. Escribí una carta a la Unión de escritores a fin de que apoyen mi petición ante la Central de divisas y me hagan saber cuál es el medio más rápido para conseguir un pasaporte para el extranjero. Me parece que no estoy preparado como debería para este viaje. No tengo ningún plano y tampoco dispongo de las recomendaciones necesarias; pero creo que podré conseguirlas una vez allí. Me dijeron que Lechoń(67) estaba en Varsovia. Mala cosa, porque contaba con él. Kazimiera Rychter vino a verme y me trajo fotos del escaparate de Wiadomości; es la tía de Marian Eile, el que decoró el escaparate. La señora Eile interviene en el Zodiak(69) para que organicen allí una exposición de mis dibujos y grabados. Estaría bien que pudiese vender algo antes de mi partida. Menasze Seidenbeutel está aquí. Dice que una exposición de esa índole podría aportarme algo de dinero. Ambos Seidenbeutel van a instalarse durante algunos meses en... [palabra ilegible*].
La revista Prosto z mostu acaba de publicar una mala crítica de mi libro(71).
¿Y tú, qué haces? ¿Por qué me das tan pocas noticias en tu carta? ¿A dónde piensas ir en verano? ¿Podríamos vernos?
Una vez más, mil gracias. Con toda mi amistad.

Bruno

¿Puedes darme alguna recomendación para París?


109

Drohobycz, 12 de julio 1938

Querida Roma,
Te agradezco de todo corazón que hayas pensado en mí. Recibí La pradera de Leśmian(72), pero el embalaje estaba tan mal hecho que la portada ha sufrido algunos desgarrones. Sin embargo, no merece la pena reclamar a correos. También me dicen que es imposible conseguir a Thomas Mann.
Parece que mis gestiones para conseguir divisas dieron resultado, lo que no me favorece en este momento. París estará desierto. Todo el mundo se va de vacaciones. Si voy, es sólo para ser consecuente conmigo mismo y para no malbaratar tantos esfuerzos.
Me puse a escribir. El trabajo avanza penosa y lentamente. Si dispusiera de cuatro meses libres, podría terminar la obra. Esa es también la razón por la cual no tengo ganas de emprender este viaje.
¿Has visto a Strońć(73)? Lamento mucho no haber podido verle. Le escribí a mi llegada, pero no me respondió. Me gustaría mucho que publicase su estudio sobre mí en Tygodnik Ilustrowany, para la que escribe. ¿Has visto a alguna de estas personas? ¿A Eile, por ejemplo? ¿Qué haces tú? ¿Cuándo te vas?
Szturm me escribió diciendo que Witkacy está completamente destrozado. Deberías sacudirlo un poco, toda vez que tienes cierta influencia sobre él. ¿Irás o no a Zakopane?
Todos mis pensamientos están contigo. Con mi amistad.

Tu Bruno

* [Nota de J. Ficowski].


110

29 de agosto 1938

Querida Roma,
Tengo mala conciencia contigo, porque hace mucho que no te pongo unas líneas(74). Cuento con la comprensión y bondad de la que has dado prueba tantas veces. En más de una ocasión quise escribirte, pero no sabía dónde estabas, y temía que mi tarjeta (sólo escribí tarjetas desde allí) no te llegase. Aún no sé si has vuelto a Varsovia o si Stefan se ocupa de tu correo.
Aguanté en París algo más de tres semanas. Sin embargo, ya desde la primera semana me di cuenta de que no podría realizar el programa que me había fijado. ¡Qué ingenuidad por mi parte viajar así a la conquista de París! ¿No es la ciudad más selecta, más autónoma y hermética del mundo? A la vista de mis escasos conocimientos lingüísticos, no podía soñar con establecer relaciones con los franceses. La embajada no se ocupó en absoluto de mí, no podré contar con ella de ninguna manera en el futuro. Aparte de eso, París estaba vacío; las mejores galerías de arte estaban cerradas. Si bien es cierto que pude entrar en contacto con un marchante del barrio de Saint Honoré, que quería organizar una exposición de mis obras; pero finalmente renuncié a ello. Sin embargo, estoy contento de haber ido a París: vi muchas cosas sorprendentes; al fin pude ver de cerca –y no sólo en reproducciones– el arte de las grandes épocas. También me he despojado de las ilusiones que me hacía: renuncié a la idea de hacer una carrera a escala mundial.
Vi cosas maravillosas, turbadoras e increíbles. Las parisinas me han causado una gran impresión; tanto las mujeres de la buena sociedad como las chicas de la calle. La libertad de las costumbres, el ritmo de la vida, me han impresionado(75). De momento, no quiero extenderme sobre ello, hasta que no sepa donde estás y como te encuentras. ¿Fuiste a Krynica? ¿Cómo te sientes? ¿Cómo sigue Stefan?
A la espera de tus noticias, recibe toda mi amistad.

Bruno


111

Drohobycz, 13 de octubre 1938

Querida Roma,
Seguramente estás enfadada por mi silencio y porque, durante mi último paso por Varsovia, no fui a verte. No me lo tengas en cuenta, esa estancia ha sido breve (un día y medio) y no vi a nadie. La revista Wiadomości me invitó a escribir un reportaje(76). ¿Por qué no lo hice? Ni yo mismo lo sé. He reducido mucho mi correspondencia. Aparte de Gombrowicz, no recibo cartas de nadie. Me siento completamente abandonado. ¿Qué haces tú? ¿Cómo sigue tu salud? ¿Cómo está Stefan? Me sentiría muy feliz si me dieses noticias tuyas.
Últimamente no son pocos mis disgustos a causa de Egga Haardt, que se ha mostrado como una vulgar arribista, uno de esos seres que no dudan en recurrir al chantaje y la mentira. Seguramente te habrán comentado mi artículo –aparecido en el número 40 de Tygodnik Ilustrowany– donde me refiero a ella; la mitad de ese artículo fue retocado por su cuenta. En su momento, yo le di el manuscrito para que lo examinara y mi aquiescencia para que omitiese algunos pasajes muy personales. Sin embargo, se decidió a explotar mi nombre añadiendo aquí y allá fragmentos de su personal invención; son de muy mal gusto y, además, escandalosos por su forma. Me pregunto si publicaré una rectificación: no puedo hacerlo sin demolerla, pero tengo miedo de ella, sabiéndola capaz de todo. ¿Qué se dice de eso? ¿Se sabe que se trata de una falsificación(77)?
Te remito esta carta por medio de Zygfryd Bienstock(78), un joven músico de talento que hace muy poco recibió el primer premio en un concurso musical por sus composiciones de jazz.
El señor Bienstock va por primera vez a Varsovia, y con intención de hacer amistades. Me haría feliz saber que te cae bien y te animas a introducirlo un poco en el mundo de Varsovia. Es un joven muy agradable y simpático, de una gran pureza de alma y cierta ingenuidad –muchas cualidades que se anuncian prometedoras para el futuro. Te envío toda mi amistad y espero tus noticias.

Bruno


112

29 de octubre 1938

Querida Roma,
Hace algún tiempo, te escribí dos cartas que envié por medio de dos jóvenes que iban a Varsovia. Por lo que parece no han cumplido su misión. A pesar de eso, no tengo ninguna excusa. Mi correspondencia cada vez es más rara y ya no me comunico con nadie, excepción hecha de Gombrowicz. Llevo una vida que no se corresponde en nada con lo que debería ser. Aparte de los libros, que me llegan de tarde en tarde, estoy obligado a leer lo que cae en mis manos, y no aquello que me gustaría. No tengo nada para mantener mi vida interior, la atmósfera aquí reinante es de un terrible prosaísmo y pesa sobre mí como un verdadero fardo. Ni paseos en compañía de un ser querido, ni horas pasadas contemplando serena y tranquilamente la naturaleza. Todo está contaminado por las preocupaciones y el prosaísmo de lo cotidiano. Me parece que los creadores verdaderamente productivos se protegen de su entorno imponiéndose una cierta regla de vida, organizan su existencia de modo que no puedan llegar hasta ellos los aspectos prosaicos de lo cotidiano, de la profesión, etc. Siento cruelmente la ausencia de una regla así, la imposibilidad de someterme a una tal disciplina. Sería necesario, por ejemplo, proteger cuidadosamente nuestra vida interior, no permitir que la miseria de las preocupaciones ordinarias prolifere ahí. Antaño, lo que me salvaba, era una especie de ceguera, tenía anteojeras como un caballo de tiro. Ahora, la realidad me ha vencido y se ha inmiscuido en mí.
Sin embargo, tendría que pensar seriamente en proteger mi vida íntima y levantar fortificaciones, es decir imponerme un trabajo intelectual regular.
No saldré de vacaciones esos cuatro días libres. Sin duda los pasaré en casa, lo que no será muy alegre.
¿Qué noticias por tu parte? ¿Y tu salud? ¿Cómo sigues? ¿Te relaciones con muchos hombres de letras? ¿Sabes que Witkacy se reconcilió con su amiga?
¿Has oído hablar del caso Egga Haardt, del daño que me ha causado al publicar con mi nombre un artículo casi pergeñado por ella? En su momento, te contaré lo que me decidió a cerrar los ojos y no encenagarme en este sucio asunto.
Háblame de ti y de todo lo que pasa a tu alrededor.
Con toda mi amistad.

Bruno


113

Drohobycz, 26 de diciembre 1938

Querida Roma,
Hace tiempo que tengo remordimientos al pensar que te dejé sin respuesta. Mi silencio no se debe en modo alguno a lo que crees. ¿Por qué habría de herirme tu reacción? ¿Acaso yo no siento lo mismo, y, además, hay alguien que pueda estar por encima de eso? No hagas de mí un ser confinado en su torre de marfil y no creas que necesito de un culto a mi personalidad o mi arte; eso es algo que me resulta perfectamente extraño. Tú consideras a los artistas como criaturas extravagantes que se vejan por un quítame allá esas pajas, y con las que nunca tomamos las suficientes precauciones. No hay nada de eso. Yo soy un hombre completamente normal en la vida cotidiana.
Agradezco tu hospitalidad. ¡Eres siempre tan amable y generosa! Pero, por ahora, declino tu invitación, pues he llegado al convencimiento de que los viajes no me aportan nada, aparte del cansancio. Últimamente he caído enfermo. Se trataba de un ligero trastorno cardiaco. Creo que ya ha pasado, pero me quedó la secuela de un gran nerviosismo y un terrible estado depresivo –sobre todo por las mañanas. ¡Qué le vamos a hacer!
Lieberwerth se va estos días a París para una larga estancia. ¿Sueles verlo? ¿Cómo vives tú? ¿Cómo sigue tu vida amorosa? ¿No está demasiado enredada? ¿A quién ves en este momento?
Deseándote un buen y feliz año, recibe toda mi amistad.

Bruno Schulz


114

Drohobycz, 21 de enero 1939

Querida Roma,
Tu carta me ha apenado, dejándome en un terrible estado de abatimiento. No pude responderte a vuelta de correo. También yo estoy sumido en una profunda depresión; esta vez, no sólo la moral es la causa, es todo mi ser que se derrumba. Estoy enfermo desde hace seis semanas, o, más exactamente, me siento enfermo, pero los médicos no encuentran ninguna causa para esta enfermedad. Sin embargo, estoy convencido de que ocurre algo terrible en mi organismo, algo que los médicos aún no pueden descubrir. Temo caer gravemente enfermo. En medio de estas continuas molestias y esta tristeza que no me abandona, tu carta me ha producido un efecto muy deprimente. Creo que la escribiste en un momento de total desánimo. Uno de esos momentos en que nuestra vida nos parece fracasada, donde parece no haber sido más que una serie de falsos pasos y errores. Creo que cada uno de nosotros tiene la vida que se merece y la única a la que tiene derecho. No podríamos vivir de manera distinta a como lo hacemos. Pero si en un momento dado hiciésemos balance de nuestra vida, sería igual a cero. En cualquier caso, el hecho mismo de querer hacer un balance manifiesta un profundo estado depresivo.
Por lo que se refiere a tu trabajo, la noticia es más bien triste, en efecto; pero ¿no puede ser eso tal vez un giro de tu vida? ¿Quién sabe? ¿Te reconciliarás quizá con tu marido, podrás volver a él? ¿Es eso verdaderamente imposible? Tendrás siempre a Stefan cerca de ti y serás feliz.
Por supuesto, no puedo darte consejos en lo concerniente a tu trabajo.Tú sabes mejor que nadie a quién dirigirte y qué emprender. Sólo puedo desearte que tu salud mejore y que encuentres tu fuerza vital y equilibrio.
Sin embargo, tienes una familia que está bien relacionada, deberían hacer algo por ti. Tengo prisa por recibir una carta con mejores noticias.
A pesar de mi enfermedad, mi depresión y mi trabajo de docente que me dejan literalmente agotado, sigo muy activo en el plano intelectual; vivo en una especie de excitación. En este momento, no escribo. Sólo dibujo. Hace quince días le escribí a Mortkowicz(79) preguntándole por alguna monografía sobre el pintor alemán Karl Hofer(80): quisiera adquirirla. No recibí respuesta. ¿Tendrás la amabilidad de preguntar, llegado el caso, si pueden conseguirme una y a qué precio? Sobre todo, lo que necesito son las ilustraciones; es muy importante para mí.
No digo más sobre eso porque me cuesta mucho. Dame pronto noticias tuyas.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz

Me dijeron que Fryde escribió en Pióro un ataque muy virulento contra mí(81). ¿Es tan grave como eso? En ese caso, prefiero no leerlo. En el fondo, la cosa me importa poco en este momento.


115

(junio 1939)

Querida Roma,
Sí, creí que me habías olvidado. No sé como el círculo de mis amigos, antes tan amplio y animado, se ha empequeñecido hasta este punto. Los lazos se han aflojado y me dirijo de nuevo hacia esas comarcas, esas regiones del destino donde reina la soledad. Como antaño. Ora este pensamiento me llena de tristeza y miedo (el miedo al vacío), ora me seduce y tienta; y me parece que es una tentación familiar que ya conocí hace mucho tiempo.
¿Qué ocurrió para que te decidieras a coger de nuevo la pluma después de tan largo olvido? Tengo miedo de ir a Varsovia. Tengo miedo de ver a la gente. Me gustaría retirarme a algún lugar, con un único compañero, en el silencio más absoluto, para intentar, como Proust, elaborar la fórmula última de mi universo. Durante cierto tiempo, me consolé pensando que podría jubilarme de aquí a un año (cobrando solo el 40% de mi salario). Ahora tengo que renunciar a esa idea a causa de mi familia, a la que entonces ya no podría mantener.
Aún no sé muy bien donde pasar las vacaciones. Mis medios económicos son limitados (no tengo nada, tendría que pedir prestado). Aspiro al silencio y la soledad, pero no a una soledad total: me gustaría tener a mi lado una o dos personas que no fuesen molestas.
¿Qué esperas hacer en vacaciones?
Gombrowicz me pidió que lo disculpara ante ti por no haberte saludado en la calle. La culpa es de su desastrosa memoria visual, que a menudo lo induce al error.
¿Conoces en Varsovia a un buen neurólogo que esté dispuesto a curarme gratuitamente? Estoy muy enfermo –experimento una especie de trastorno indefinible, un asomo de melancolía, una desesperación, una tristeza que no puedo explicar, el sentimiento de un desastre inevitable, de una pérdida irreparable... Tendría que pedir consejo. Pero, por otra parte, no tengo ninguna confianza en la medicina.
No digo nada referente a mis planes y proyectos personales, no puedo revelar nada sobre el tema. Es algo que me pone muy nervioso, no puedo hablar de ello tranquilamente.
No tardes en darme noticias. ¡Escríbeme!
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


NOTAS

1. Tadeusz Szturm (1892-1968), militante social, periodista, desde 1912 miembro del partido socialista polaco (PPS). Durante la Primera Guerra mundial fue el representante de la organización clandestina PPS.-WRN (Libertad, Igualdad, Independencia). Tras la guerra, durante el estalinismo, sufrió algunos años de cárcel; tras salir de prisión, dio a conocer la historia del Partido socialista polaco y se esforzó por editar las obras de sus representantes. Gran reformador social, intentó ayudar durante toda su vida a los necesitados o a los que amenazaba algún peligro, viviendo casi como un asceta. Era un amigo de St.I. Witkiewicz.

2. “El jubilado”, relato incluido en el volumen El Sanatorio de la Clepsidra, primera publicación (con 6 ilustraciones de Schulz): Wiadomości Literackie, 1935, nº 51-52.

3. Los Sótanos del Vaticano, de André Gide: la obra apareció en una traducción polaca de Tadeusz Boy-Żelenski en 1936 (la fecha de publicación indicada en la obra es 1937).

4. Las cartas de Schulz a Debora Vogel y, entre otras, todas aquellas que están en el origen de Las Tiendas de Canela Fina, fueron encontradas entre los papeles de la destinataria en su casa de Lvov en 1938; pero desaparecieron a continuación, al mismo tiempo que Debora Vogel y su familia (véase nota 1 a la carta nº 71, dirigida a Mendel Neugröschl).

5. Wiadomości Literackie.

6. Witold Gombrowicz.

7. Emil Zegadłowicz (1888-1941), poeta, novelista, dramaturgo, autor –entre otras– de una novela titulada Zmory (Pesadilla), aparecida en 1935.

8. GUS: Oficina Central de Estadística.

9. Stanisław Ignacy Witkiewicz.

10. Samuel Lieberwerth (hacia 1915-1942), joven pintor, antiguo alumno de Schulz en el instituto de Drohobycz; hizo sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Varsovia hasta 1938, y viajó a Francia como becado. Tras la agresión hitleriana participó en la campaña francesa enrolándose como soldado del ejército polaco. En agosto de 1942 fue deportado y asesinado por los alemanes.

11. Esa fue la ruptura definitiva entre Schulz y J., su novia.

12. El volumen de El Sanatorio de la Clepsidra apareció en noviembre de 1937.

13. Karin Michaëlis (1872-1950), novelista danesa. Wiadomości Literackie no publicó ninguna crítica de su obra realizada por Schulz, pero el ensayo que Schulz escribió sobre la obra de K. Michaëlis y M. Kuncewiczowa titulado En la misma línea de llegada apareció en 1937, en el nº 35.

14. Marian Kister era copropietario de las ediciones "Rój" en donde su mujer colaboraba activamente.

15. Esos “recuerdos penosos” tienen que ver con J., la ex-novia de Schulz a la que T. Szturm le consiguió empleo en el GUS.

16. Izaak Feuerberg (1911-1970), en favor del cual Schulz intervino así, sobrevivió a la guerra; bajo el nombre de Ignacy Krzemień, trabajó en los servicios diplomáticos polacos y murió en Varsovia.

17. Wilhelm Schulz (1910-1944), uno de los dos sobrinos del escritor, hijo mayor de Izydor Schulz, murió en las cámaras de gas de Auschwitz con su mujer (que no era judía).

18. Izaak Feuerberg (véase nota 16).

19. Julian Ramberg, eslavista, pedagogo, director de una escuela de Varsovia situada en la calle Leszno, murió asesinado por los alemanes en Lvov, en julio de 1941.

20. Wacław Berent (1873-1940), novelista y traductor.

21. Edmund Husserl (1859-1938), filósofo alemán, creador de la fenomenología moderna. Schulz se interesó vivamente por el idealismo trascendental que representaba: parecía también cercano a sus ideas. El interés que el escritor alimentaba por la fenomenología lo llevó a conocer personalmente al filósofo Roman Ingarden (1893-1970), alumno de Husserl y representante de la corriente fenomenológica en la filosofía polaca.

22. El relato desaparecido Die Heimkehr (véase la nota 39 a las cartas a Zenon Waśniewski).

23. Un esbozo conteniendo algunos breves datos y un análisis sumario de Las Tiendas de Canela Fina, escrito por Schulz en alemán (Exposé ueber das Buch “Die Zimtlaedem” von Bruno Schulz).

24. Maria Kasprowiczowa (1892-1968), a quien sus amigos llamaban “Marusia”, mujer del poeta polaco Jan Kasprowicz (1860-1926).

25. Ferdydurke de Witold Gombrowicz.
26. Izydor Berman (seudónimo: Iber), traductor, periodista y publicista de Lvov, redactor jefe de una revista satírica. Asesinado por los nazis.

27. Una conferencia que Schulz dio en el local de la Unión de escritores sobre la obra de Witold Gombrowicz. El texto de esa conferencia sirvió de base al ensayo titulado Ferdydurke, publicado después en el mensual Skamander, en julio-agosto de 1938.

28. Stanisław Brochwicz (Kozłowski), autor de novelas populares, agente de la Abwehr y la Gestapo. Murió, apuñalado en Varsovia durante la ocupación nazi, a raíz de una sentencia emitida por el tribunal de la Resistencia polaca.

29. Wanda Kragen (1893/1982), traductora. Debutó con un volumen de poemas titulado Más allá de la realidad (1931) y publicó numerosas traducciones de las literaturas alemana y anglosajona.

30. “Grydz”, apodo popular del redactor jefe de Wiadomości Literackie Mieczysław Grydzewski (véase la introducción a las cartas dirigidas a Grydzewski). El relato “El Cometa” fue publicado en 1938 en el nº 35 de Wiadomości Literackie.

31. Leon Chwistek (1884-1944), matemático, filósofo, pintor y teórico del arte.

32. Wanda Melcer (1896-1972), mujer de letras y reportera.

33. Artur Sandauer (1913-1989), crítico literario, prosista, traductor, periodista.

34. La familia de Leon Chwistek.

35. Chochoł, semanario satírico de Lvov, publicado por Izydor Berman [véase la nota 26] en Lvov en 1938. En el número 1 hay un pastiche escrito por Korabiowski [véase la nota 2 a las cartas dirigidas a Sygnały] titulado “A la manière de... Bruno Schulz”.

36. Pion, 1938, nº 5.

37. Jan Emil Skiwski (véase la nota 5 a la carta dirigida al redactor de Tygodnik Ilustrowany); Stanisław Piasecki (1900-1941), militante de extrema derecha activo en el ámbito cultural, periodista, redactor jefe del semanario Prosto z mostu, murió fusilado por los nazis –en Palmiry, cerca de Varsovia–, durante la ejecución en masa de intelectuales polacos, militantes y hombres políticos.

38. Egga Van Haardt (véase la nota 39 a las cartas a Zenon Waśniewski).

39. La correspondencia entre Schulz y Thomas Mann –sólo algunas cartas– comenzó probablemente a partir de 1938 y fue interrumpida en 1939 en el momento de estallar la guerra.

40. Jeremi Wasiutyński fue quien obtuvo en 1938 el premio anual de Wiadomości Literackie por su novela titulada Kopernik (1937).

41. Schulz escribió críticas de obras literarias extranjeras en Wiadomości Literackie desde abril de 1936 a septiembre de 1937. Debía elegir entre los raros títulos que le proponía la redacción; por ello, los libros de los que hizo la crítica no pueden ser considerados como representativos de sus gustos literarios.

42. El ciclo novelesco de Henri de Montherlant, Los jóvenes se publicó en traducción polaca en 1937 en tres volúmenes (el cuarto volumen sólo apareció en el original en 1939).

43. Se trata del premio de Wiadomości Literackie.

44. Leon Pomirowski (1891-1943), crítico literario, teórico de la literatura. Asesinado por los nazis.

45. Ningún artículo de esa índole apareció en Skamander.

46. La madre de Jerzy Brodnicki, un amigo de Egga Van Haardt, debía llevar a Zurich el relato escrito en alemán Die Heimkehr.

47. La crítica que I. Berman hizo de El Sanatorio de la Clepsidra se publicó en Nasza Opinia, semanario judío socio-literario que aparecía en lengua polaca, en Lvov, entre los años 1931-1939 –y no en Opinia, como escribe Schulz.

48. Marian Promiński (1908-1971), prosista, dramaturgo, crítico. Colaboró en la revista Sygnały. Crítica sobre Schulz, Sygnały 1938, nº 40.

49. Natan Spiegel (1902-1943?), pintor, miembro del grupo de artistas denominado “Start”, de Lvov. Murió en el ghetto de Łódź.

50. Jerzy Reitman (1888-?), ingeniero, propietario de un sanatorio en Korostów.

51. Maria Dąbrowska (1899-1965), novelista, ensayista, la representante más destacada de la corriente épica en la literatura polaca del siglo XX.

52. “Acontecimientos históricos muy angustiosos”: el Anschluss, la entrada de los ejércitos alemanes en Austria y la ocupación de ese país. El acontecimiento, recordémoslo, tuvo lugar el 15 de marzo de 1938, apenas cinco días antes que la fecha indicada en la carta de Schulz.

53. Sródborów, estación balnearia en las proximidades de Varsovia.

54. La edición polaca de Las puertas de la percepción de Aldous Huxley apareció en 1938. Schulz también es autor de una crítica titulada “Peregrinaciones de un escéptico” (Tygodnik Ilustrowany, 1936, nº 6) sobre la obra de Huxley –publicada en 1936– y titulada Música nocturna.

55. Schulz expresa con medias palabras su inquietud ante la ascensión de las tendencias racistas y antisemitas mantenidas en Polonia por la extrema derecha y los extremistas nacionalistas (numerus clausus y numerus nullus, tentativas para eliminar de la vida pública a los ciudadanos judíos o de origen judío).

56. Witold Gombrowicz, “La obra de Bruno Schulz”, en Kurier Poranny, 1938, nº 12.

57. Stefan Otwinowski (1910-1976), prosista, dramaturgo, periodista. No publicó nada sobre Schulz en la revista Czas.

58. Se trata de una información inexacta. Ninguna crítica elogiosa de la obra de Schulz escrita por Łaszowski o cualquier otro fue publicada en Prosto z mostu, semanario literario que aparecía en Varsovia entre los años 1933-1939, conocido por sus orientaciones nacionalistas.

59. Hermanowa –Izabella (1902-1964) (Ziuna) Hermanowa. En su casa de Lvov mantenía un salón artístico y organizaba encuentros entre artistas, escritores y actores. Tras el comienzo del conflicto germano-soviético en 1941, estaba en el ghetto de Lvov del que consiguió huir gracias a sus amigos. Después de la guerra se instaló en Varsovia. Escribió artículos sobre diferentes ámbitos de la cultura e hizo traducciones literarias; cambió su nombre por Czermakowa y utilizó el seudónimo de Felicja. Murió en 1964. Escribió un texto donde evoca sus encuentros con Bruno Schulz.

60. Schulz no consiguió verse con Jules Romains en París.

61. Marian Eile (1910-1984), grabador, periodista, colaborador de Wiadomości Literackie. El escaparate del semanario hacía reclamo del número que acababa de aparecer.

62. St. I. Witkiewicz.

63. La crítica de E. Breiter apareció en 1938 en el nº 23 de Wiadomości Literackie.

64. La carta de Schulz a Wiadomości Literackie fue publicada en el nº 26, el 19 de junio de 1938 (véase la carta nº 72 a Mieczysław Grydzewski).

65. “El señor Gryps”, protagonista de un ciclo de dibujos humorísticos y satíricos aparecidos en Wiadomości Literackie.

66. Wojciech Natanson (1904-1996), especialista del teatro, crítico literario, traductor de literatura francesa.

67. El poeta Jan Lechoń (1899-1956) era en la época el agregado cultural de la embajada polaca en París.

68. Kazimiera Rychterówna (1899-1963), actriz, especializada en recitales de poesía.

69. El "Zodiak" era un café de artistas de Varsovia, donde se organizaban exposiciones acompañadas de la venta de las obras plásticas allí expuestas.

70. Menasze y Efraim Seidenbeutel (1903-1945), hermanos gemelos, pintores. Firmaban sólo con su apellido los cuadros que pintaban juntos. Durante la ocupación alemana estaban en el ghetto de Białystok y sobrevivieron al exterminio de sus 60 000 habitantes. En 1943, tras la liquidación del ghetto por el ocupante, formaban parte del pequeño grupo de trescientos judíos supervivientes. De ahí fueron deportados a otros campos para acabar finalmente en Flossenburg. En abril de 1945, justo antes de la llegada de los ejércitos aliados, los hermanos Seidenbeutel fueron fusilados con otros prisioneros por el personal del campo.

71. La crítica de Włodzimierz Pietrzak titulada “La hiedra entre las ruinas”, Prosto z mostu, 1938, nº 27. “Mala crítica” es lo menos que puede decirse... He aquí algunos extractos del artículo: “Hay algo infantil en esa senil mirada que lo arruina todo (...) Schulz –se trata evidentemente de él– empobrece el mundo (...) ¡qué pobre es este nabab! (...) esa enfermiza soledad no está justificada, se explicaría mejor a través de un diagnóstico, de un análisis de las circunstancias, que de una necesidad.”

72. Bolesław Leśmian (1878-1937), uno de los más grandes poetas polacos del siglo XX. Su vena fantástica, y profundamente creadora, el papel que desempeña el mito y la mitificación del mundo en la poesía de Leśmian hacen de él una personalidad artística tan independiente y “demiúrgica” como Schulz –aunque verdaderamente no se pueda comparar a los dos escritores. Schulz tenía en su biblioteca las antologías de poemas de Leśmian tituladas Łąka (La Pradera, 1920) y Napój cienisty (Oscuro brebaje, 1936). No habiendo podido recuperar el ejemplar que le prestó a su novia, Schulz encargó uno nuevo; desde hacía años era un entusiasta de la obra de Leśmian.

73. “Strońć”: Wilhelm Korabiowski (véase la nota 2 a las cartas a la redacción de Sygnały).

74. La correspondencia fue interrumpida durante la estancia de Schulz en París.

75. Véase la carta nº 73 a Georges Rosenberg y la nota 1 correspondiente.

76. Debía ser una especie de reportaje sobre los archivos de Varsovia, pero Schulz jamás lo escribió.

77. El caso de la falsificación urdida por Egga Van Haardt nunca se reveló públicamente ni fue objeto de un desmentido en la prensa; Schulz rompió toda relación con ella.

78. Zygfryd Bienstock, joven músico, premiado en el concurso de jazz de Krynica, en 1938. Durante la guerra se encontraba en la URSS y fue enrolado en el Ejército rojo; después llegó con el frente a Drohobycz donde toda su familia fue asesinada por los nazis. Luego se trasladó al oeste, vivió una temporada en Italia, y más tarde en Israel y Estados Unidos; continúa su actividad de músico por los diversos escenarios.

79. Ediciones Jakub Mortkowicz, sello editor de Varsovia fundado en 1912.

80. Karl Hofer (1878-1955), pintor y grabador alemán. Sus obras están impregnadas de simbolismo y testimonian un aliento visionario particularmente expresivo.

81. El mensual Pióro (1939, nº 1) publicó un artículo de Ludwik Fryde titulado “A propósito del Ferdydurke de Gombrowicz”, en el que hay tres frases que reflejan su juicio negativo sobre la obra de Schulz. Ludwik Fryde (1912-1942), crítico literario, ensayista, murió asesinado por los nazis.




[Bruno Schulz A Romana Halpern en: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p.
Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]





Prólogo de Jerzy Ficowski

A Ostap Ortwin

A Stefan Szuman

A Arnold Spaet

A Maria Kasprowiczowa

A Julian Tuwim

A Tadeusz y Zofia Breza

A Rudolf Ottenbreit

A Zenon Waśniewski

A la redacción de Sygnały

A Jarosław Iwaszkiewicz

A Wacław Czarski

A Władysław Zawistowski

A Stanisław Ignacy Witkiewicz

A Kazimierz Truchanowski

A Witold Gombrowicz

A Andrzej Pleśniewicz

A Mendel Neugröschl

A Mieczysław Grydzewski

A Georges Rosenberg

A Ludwik Lille

A Romana Halpern

A Marian Jachimowicz

A Tadeusz Wojciechowski

A Anna Płockier

Cartas dirigidas a las instancias superiores...


  • maldoror
  • autores
  • títulos
  • enlaces
  • novedades
  • vanguardias
  • e-books
  • © Copyright 2008-2014 -MALDOROR ediciones