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A Zenon Waśniewski


Zenon Waśniewski (1891-1945), pintor y grabador, uno de los fundadores y editores del mensual literario Kamena publicado en Chełm (cerca de Lublin) entre los años 1933-1939. Estudió arquitectura en Lvov al mismo tiempo que Schulz, y, como él, interrumpió sus estudios para dedicarse a la enseñanza del dibujo; fue docente en institutos de Radzyń, después en Chełm. La revista Kamena reprodujo sus grabados y también publicó algunos de sus poemas. En 1942 fue arrestado por la Gestapo, encarcelado en Lublin, después deportado a los campos nazis: Majdanek, Auschwitz, Oranienburg y Bergen Belsen donde murió, la víspera de la liberación. Algunos años antes, habiendo reanudado contacto con su antiguo compañero de estudios, Schulz publicó dos fragmentos de prosa en Kamena; uno de ellos, “La Primavera” (o al menos la primera parte de ese texto), pudo así escapar a la destrucción. Schulz, en efecto, lo había eliminado del relato que llevaba el mismo título; gracias a la iniciativa de Waśniewski y al profundo respeto que sentía por la obra de Schulz el manuscrito de “El Otoño”, conservado entre sus papeles, ha podido llegar hasta nosotros: es el único manuscrito literario del escritor que se ha conservado hasta la actualidad. Las cartas de Schulz a Waśniewski se encuentran hoy en la colección de Jerzy Ficowski. La viuda del destinatario –Michalina Waśniewska–, las había guardado cuidadosamente entre otros recuerdos de su marido.

25

Drohobycz, Floriańska, 10; 15 de marzo 1934

Querido señor,
En realidad, me avergüenzo de los fallos de mi memoria: no puedo recordar su cara, la cara que debería asociar a su nombre. Le quedaría reconocido si pudiese ayudarme con algún detalle, un episodio o una imagen que me recordaran esa época, ¡enviarme una foto o, al menos, una descripción de su persona física! Al leer su carta me sentí como invadido por un perfume de tiempo pasado, el recuerdo de una época –al parecer– ya cumplida para siempre. Es un perfume dulce y un poco triste. ¿No dibujé en algún momento un pequeño retrato suyo en su libreta de notas?

En cualquier caso, le agradezco su carta y esa bella revista. Nunca sospeché que Chełm pudiera enorgullecerse de contar con un mensual de esta calidad y nivel. Examiné con placer los grabados, me deleité aquí y allá con la lectura de algún poema. Las traducciones de los poetas rusos son excelentes. Será un placer enviarle un breve fragmento de mi prosa. No me encontraré en mala compañía en su revista.

Le ruego que no se sienta molesto por mi olvido ni piense que es desconsideración o negligencia de mi parte. En modo alguno se trata de eso. La verdad es que carezco de memoria “biográfica”. Páginas enteras de mi vida han desaparecido sin dejar rastro –¡al mismo tiempo que las personas que formaban parte de ella! ¡Qué paralelos son nuestros destinos! Ambos estuvimos en el instituto politécnico, ambos interrumpimos nuestros estudios y acabamos por ejercer de docentes. Además, tenemos la misma debilidad por la literatura y la pintura. ¿También enseña usted trabajos manuales? ¡Es una actividad de la que estoy literalmente harto, asqueado!
Espero sus noticias con impaciencia.
Le envío toda mi amistad.

Bruno Schulz

P.-S. ¿Ha visto ya mis aguafuertes(1)?
Transmítale mis respetos y consideración al señor Jaworski(2).


26

Drohobycz, Floriańska, 10; 24 de marzo 1934

Querido señor,
¡Claro que sí, ahora me acuerdo! ¡Su rostro aparece claramente ante mis ojos! En más de una ocasión he pensado en usted preguntándome qué habría sido de su vida. Durante todo este tiempo dejé de asociar su nombre a su fisionomía y cuando me escribió después de tantos años, ese nombre no me evocaba nada, ya no sabía a qué rostro otorgárselo. Ahora, recuerdo que usted me ha sostenido en más de una ocasión, recuerdo nuestras charlas y paseos. Usted era de un natural melancólico, concentrado, poco locuaz. ¿Aun sigue siendo así? A no ser que la forma de sus pestañas y sus ojos me hayan dado la impresión de esa dulce melancolía eslava.

Le agradezco infinitamente que haya venido en auxilio de mi desfalleciente memoria, ¡por haberme restituido ese fragmento de mi biografía! Gracias igualmente por los esbozos que me acompaña. Los guardaré como algo preciado en recuerdo suyo. Al punto reconocí mi retrato; el muchacho representado de perfil con nariz aguileña y mentón rasurado, formando una ligera sombra, es Cygie, nuestro compañero de Łódź. También he podido reconocer al coadjutor Sadłowski.

Jardín de ruiseñores me ha gustado mucho. Sus grabados son ciertamente bellos. Si tenemos ocasión de vernos, usted podrá enseñarme la técnica del grabado en madera. Aún no puedo enviarle mi libro, pues no me queda ya ningún ejemplar. He escrito a Rój reclamando que me envíen algunos volúmenes suplementarios, pero todavía no los he recibido. Le enviaré también algunos de mis aguafuertes, cuando disponga de tiempo para hacer copias. Tardé en responderle porque estaba ocupado en preparar una demostración para el curso de trabajos manuales (carpintería) que tuvo lugar ayer, en presencia de un inspector y un experto(3). Por suerte, salí bien del trance. Pero todo eso me aburre mortalmente, y me gustaría mucho liberarme de ello. El próximo año tendré además un curso de trabajos en metal.

Veo por la foto que proviene usted de una familia de terratenientes, y quizá sus intereses y orígenes sociales todavía lo atan, de alguna manera, a la tierra. Pasa sus vacaciones en el campo, en sus propias tierras o las de su familia. Eso es muy bello(4).

Aún no sé donde pasaré las vacaciones. Tras las fiestas, iré a pasar algunos días a Varsovia. Si en alguna ocasión viene a Varsovia, podrá encontrarme en el Centro de alojamiento de los profesores de institutos del Estado, calle Marszałkowska, 4. Me gustaría mucho verle. No podía imaginar, por entonces, la orientación que le ha dado a su vida. Nunca hubiese sospechado que tenía inclinaciones literarias. Sería muy agradable poder encontrarle en alguna parte este verano. Confío que seguiremos en contacto y volvamos a hablar de todo esto. Me siento feliz de encontrarle de nuevo después de tantos años. Le doy las gracias una vez más por todo lo que me ha enviado. Le devuelvo las fotos que me hizo llegar, las suyas y las de su familia, y, aprovechando su generosidad, conservaré los esbozos.

¿Puedo enviar a Kamena un fragmento de prosa? ¿O ha de ser un texto completo? Creo que con un fragmento bastará. Se lo enviaré enseguida.
Reciba toda mi amistad.

Suyo Bruno Schulz


27

2 de abril 1934

Querido amigo,
Disponiéndome a salir para Varsovia, le escribo algunas palabras apresuradas para agradecerle su larga carta. Lamentablemente, mi empleo del tiempo en Varsovia está tan ocupado que tendré pocas posibilidades de acercarme a Chełm; sin embargo, ¡no son ganas lo que me faltan!

Aún no he tenido tiempo para pasar a limpio un fragmento de mis manuscritos. Lo haré a mi regreso.

Le acompaño un pequeño dibujo(5) –sólo es un adelanto–, el resto llegará más tarde. Le envío toda mi amistad y quedo

Su devoto Bruno Schulz


28

24 de abril 1934

Querido amigo,
No me lo tenga en cuenta por responderle tan tarde y brevemente. Como usted, yo me siento emocionado y feliz por este inesperado encuentro. Su confesión me ha tenido anhelante, la leí conmovido. Si en contrapartida yo no me confío a usted con la misma espontaneidad, se debe a esa especie de inhibición de la que sufro desde algún tiempo; a esa falta de entusiasmo, a esos estados depresivos de los que ni yo mismo soy capaz de discernir las causas. Quizá sufra de una enfermedad nerviosa. Tendría ahora muchos motivos de satisfacción, podría permitirme el lujo de un poco de alegría, pero en lugar de eso siento una especie de angustia, de pesadumbre y tristeza ante la vida. Desatiendo una correspondencia que es importante para mí, no escribo nada, y hasta el hecho de poner en limpio lo que ya he escrito me llena de una infinita desgana. Y eso, justo en el momento en que una inaudita y radiante primavera inunda el mundo con sus soplos, sus brillos y presentimientos –como para recordarme, podríamos decir, que he traspasado para siempre la frontera más allá de la cual todas esas primaveras ya no me conciernen.

No se enfade si retraso el momento de enviarle un fragmento para Kamena. No tengo gran cosa que proponerle; y además habrá que hacer una selección, pulir, afinar y volver a pasarlo todo a limpio. Me pondré a ello lo antes posible. No puedo darle nada para el número sobre Mickiewicz. No sé gran cosa acerca de él, aparte de lo que estudié en el colegio. Tampoco puedo enviarle ilustraciones para ese número ni para ningún otro. El método que empleo es enojoso. No se trata de aguafuertes, sino de “clichés-verre”. El dibujo se ejecuta con una aguja sobre una placa de cristal previamente recubierta de una capa de gelatina negra. Se consigue de esa manera un motivo grabado en hueco que se obtiene de nuevo por transparencia y se trata como un negativo; hay que reproducirlo sin tardanza en un soporte de papel fotosensible, revelarlo, fijarlo y lavarlo. Es el mismo proceso que se emplea para los clichés fotográficos; el coste es considerable, como la cantidad de trabajo que representa. "Rój" me propuso realizar una docena de láminas; pero voy a rechazarlo, aunque eso pudiera reportame algunos cientos de zlotys. Esta técnica no resulta idónea para una producción en serie.

Comprendo muy bien su sed de horizontes más vastos y su impaciencia. Yo he conocido ya –y aún conozco–, momentos parecidos. Nuestro reencuentro ha sido para mí algo singular y bello. Creo que estaremos siempre en contacto; pero no espere de mí unas cartas tan ricas como las suyas. Ya le he explicado por qué. Espero que esto no le moleste. ¡Continúe, entonces, escribiéndome, pues siempre leo sus cartas con verdadero placer!
Quedo a la espera y le envío toda mi amistad.

Su devoto Bruno Schulz


29

Drohobycz, 5 de junio 1934

Querido amigo,
Su largo silencio ha pesado en mi conciencia. ¡Si supiese como he pensado en usted! Tengo el vago sentimiento de que en mi última carta no he sido todo lo afectuoso que debiera después de haber recibido de usted tal testimonio de amistad. ¿Cómo su rubia alma eslava podría seguir los caminos complicados, tortuosos, por los que se aventura mi alma sombría y sinuosa, llena de nudos y extrañas intercesiones? Se lo ruego, no crea que siento la menor reticencia hacia Kamena o hacia usted –aunque no le haya enviado el fragmento prometido. Tengo por Kamena todo el respeto y simpatía que se debe tener a una revista que enarbola tan alto el estandarte de la poesía –de una poesía pura y sin compromiso. Admita más bien –pues esa es la verdad– que estoy sumido en una profunda depresión; me parece, además, que ya nunca seré capaz de escribir cualquier cosa. Me consuelo diciéndome que se trata de una simple crisis neurótica, pero han pasado seis meses y esta aversión por la pluma aún dura. Y eso da que pensar. He releído algunos fragmentos de prosa escritos hace cierto tiempo y seleccioné uno para Kamena; no se trata propiamente de un fragmento, pues este texto, titulado “Las noches de Julio”, constituye más bien un todo(6). Pero, ¡ay!, me falta la energía necesaria para corregirlo y copiarlo de nuevo; ya que se trata de un borrador, de algo que aún permanece en estado bruto. Pero, por otra parte, tengo el sentimiento de que retrabajándolo profanaría ese texto que es el fruto de una particular inspiración –de una inspiración que hoy ya no encuentro. ¿Publiqué cualquier cosa entre tanto? ¡Y Dios sabe que todas las revistas me hacen proposiciones! ¿Cómo puede pensar que siento cualquier reticencia hacia Kamena?

Le agradezco que me haya escrito a pesar de la idea que se hace de mí. Tanto mejor, pues sin eso –¿quién sabe si yo sería capaz de proseguir nuestra relación? ¡Sería una lástima dejar escapar entre los dedos ese común tesoro enriquecido por tanto pasado, cargado de ese capital de juventud! “¡Por el diablo si sé lo que puede atormentarle así!” escribe en su carta. Ni yo mismo sé qué responderle. La tristeza de la vida, la angustia que me asalta cuando pienso en el futuro, el vago presentimiento de un fin trágico, una especie de Weltschmerz decadente... ¡por el diablo si lo sé! No, no quisiera que dejásemos de escribirnos, deseo continuar esta correspondencia, aunque no sea capaz de ser tan comunicativo como usted desearía. No se enfade ni considere esto como una especie de reticencia con usted. Me sentiría desdichado si dejara de recibir sus cartas. Se lo ruego, ¡continúe escribiéndome con esa gentileza que me conmueve, con esa espontaneidad que me resulta tan simpática! Soy aún más sensible a ello porque a mí esas cualidades me faltan. Tengo ciertamente ganas de verle. ¿A dónde va el 20 de junio? Si no va a estar muy lejos, ¿podría ir a verle durante las vacaciones? Me alegra saber que tal vez viajará a Italia. Se lo merece desde hace tiempo, ¡usted que tiene tanto entusiasmo por lo bello! En lo que me concierne, no hay manera de que me una a usted. Sólo gano 240 zlotys. No he recibido ni un céntimo por Las Tiendas de Canela Fina. Al contrario, eso me ha costado algunos desplazamientos a Varsovia.

"Rój"(7) me ha prometido una pequeña remuneración en caso de que se vendan todos los ejemplares. Pero dudo que esos señores mantengan su palabra. Mi estancia en Varsovia se desarrolló en las mejores condiciones. Pasé ahí seis días. Estuve la mayor parte del tiempo en compañía de Zofia Nałkowska8, mi protectora y –¿por qué no decirlo?– una amiga sincera. Fui a ver a Tuwin (en aquel momento se recuperaba de una larga enfermedad) y a Aleksander Watt(9); vi a Ważyk(10), Brucz(11), Gojawiczyńska(12). Aún no sé qué haré durante las vacaciones. Debería retirarme a alguna parte en el campo y escribir. Quizá vaya a Zakopane por razones de salud. Lo haría si consiguiese una subvención. ¿Es verdad que Kamena va a dejar de aparecer? Me gustaría estar en contacto con usted durante las vacaciones. Escríbame diciendo dónde estará. Conozco Leszczyc(13), pero superficialmente. Al pasar por Truskawiec me informaré para saber cuáles son los precios.
Reciba toda mi amistad. ¡Escríbame!

Bruno Schulz


30

Drohobycz, 23 de junio 1934

Querido amigo,
Contaba con ir a Lvov. Lamentablemente, mi proyecto de viaje ha naufragado. Mi hermana(14) (que es viuda y tiene más años que yo) sufre una grave enfermedad nerviosa, y no puedo dejarla sola. Sin duda, habrá que ingresarla en algún sanatorio de Truskawiec, pero por ahora se opone a cualquier proyecto de desplazamiento.

Le agradezco de todo corazón sus muestras de amistad y simpatía. Espero verle durante las vacaciones. Quizá vaya a visitarle a Zwiniacz. Imagínese que el mismo día que recibí su carta –carta en la que me proponía que comprásemos a medias un billete de lotería, el comerciante de la tienda a donde fui a comprar papel me propuso adquirir un cuarto de billete por 10 zlotys. Como no tenía dinero no lo compré. Quizá he dejado pasar la suerte... ¡Aún nadie me había propuesto un billete de lotería! Lamento mucho que no podamos vernos en Lvov. ¿Y si usted se diese un salto hasta Drohobycz?

He solicitado inscribirme en un curso de prácticas de verano ––de tres semanas–, que tendrá lugar en Żywiec a partir del 2 de julio. Se trata de un curso de trabajos manuales. No estoy seguro de poder ir. Pero sin embargo habrá que hacerlo –porque el próximo año tendré que enseñar el trabajo en metal –un ámbito del que no sé nada. ¿Por qué milagro ha podido usted escapar a esta materia qué prácticamente ha suplantado al dibujo?

Lamentablemente, mi depresión no cede. Tal vez se deba a las penosas condiciones que reinan en la casa (la enfermedad de mi hermana). Agradezco las palabras de consuelo y ánimo que me prodiga. No me olvide y escríbame desde Zwiniacz. ¿Es bonito el lugar? ¿Qué le parece Podolia? Discúlpeme por ser tan breve hoy. Le escribiré pronto y más largamente.
Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


31

Drohobycz, 28 de agosto 1934

Querido amigo,
Tuve remordimientos al pensar que –una vez más– nuestra correspondencia acabó interrumpiéndose por mi culpa. Finalmente, no he realizado el curso de verano: mi solicitud de inscripción fue rechazada la misma víspera de mi partida. En cierto modo, eso me vino bien porque algunos días más tarde caí seriamente enfermo. Ahora mismo voy un poco mejor. He sufrido de molestias urinarias –una enfermedad penosa y deprimente hasta el punto de anular mis resortes e iniciativas. Así, pues, he pasado las vacaciones sumido en hipocondríacos pensamientos, acechando con una especie de rabia impotente los síntomas extraños y degradantes de la enfermedad. Hace una semana pude, finalmente, ir a Lvov para consultar a un especialista. Gracias a él ya me siento mejor. No tengo el menor deseo de reencontrarme con la escuela. Me gana la desesperación cuando pienso en esas clases de trabajos en metal, algo de lo que no tengo ni idea. Para ser sincero, todo este fárrago me disgusta y aburre de la mayor manera. Imagínese que el mismo día que recibí la carta en la que me proponía que comprásemos a medias un billete de lotería, el vendedor de la tienda donde fui a comprar papel de escribir me propuso a su vez comprar un cuarto de billete; como no tenía dinero hube de renunciar. Ahora bien, el billete adquirido por aquella tienda acaba justamente de ganar 300 000 zlotys. Estaba dividido en cuartos y octavos. Un juez –amigo mío–, ganó de esa manera 60 000 zlotys. ¡Si yo hubiese comprado ese billete quizá estuviésemos, ahora, viajando por alguna parte, por los caminos de Italia o España en vez de dar clases!

Intentaré conseguir una baja médica de algunas semanas porque la enfermedad me ha dejado agotado totalmente.

Conozco a Wójtów desde hace tiempo, pero sinceramente no creo que pueda hacerme ningún favor. ¿Qué podría hacer por mí, admitiendo que quisiese? Lamento no haber aceptado la proposición que me hicieron en Varsovia: se trataba de entrar en un periódico, de hacer un trabajo de periodista.

No escribí nada durante las vacaciones. ¡Qué pérdida de tiempo! ¡Y yo que pensaba presentarme al concurso de la mejor novela, organizado por el periódico Ilustrowany Kurier Codzienny(16)!
Esto es todo por ahora. Le doy las gracias por pensar en mí y le envío toda mi amistad.

Suyo Bruno Schulz


32

Drohobycz, 14 de septiembre 1934

Querido amigo,
Discúlpeme por escribirle a lápiz, pero de momento, no hay ni una gota de tinta en mi “taller”... ¡Imagínese que tuve que poner un montón de asuntos corrientes al régimen forzoso del lápiz(17)!

Se lo suplico, cada vez que me retrase en responderle, no piense jamás que se trata de una mala disposición hacia usted o en que me ha decepcionado. Confío en que nuestro intercambio continuará con el mismo afecto e intimidad. ¿Sabe que he visto una de sus aguadas en casa de Leszczyc, en Drohobycz? Se trata de un jardín o un vasto cenador con un paisaje luminoso que transparece al fondo a través de los árboles situados en primer plano; hay también algunos personajes humanos y un perro.

Me impresionó por su técnica, difícil y precisa, por la luminosidad y pureza de los colores. Debe sentir una cierta satisfacción por haber podido realizar semejante obra, por poseer esa especie de maestría silenciosa. Me gusta más que los grabados en madera. Leszczyc me dijo que había vendido algunas telas y que podría venderlas todas si no fuesen tan caras; a la gente le gusta ese tipo de cosas. Leszczyc es un personaje más bien simpático, pero temo que vaya a explotarle. Siento remordimientos al comparar su notable capacidad de trabajo con mi propia pereza. ¡Después de tantas horas dedicado a la enseñanza aún le queda tal energía y espíritu emprendedor! Me pregunta cómo he llegado a enseñar trabajos manuales. Es muy sencillo: todo ocurrió automáticamente. El proceso que transforma poco a poco a los dibujantes en obreros puede observarse en todos los institutos del Estado donde el dibujo, en tanto que materia facultativa, sólo abarca algunas horas suplementarias sin las cuales ningún profesor conseguiría ser titular. En nuestro instituto se dan actualmente doce horas de dibujo, y se ha dilatado artificialmente esta materia con algunas manipulaciones forzadas. ¡Pues, para ser titular se necesitan no menos de veintisiete horas!

Ahora mismo estoy de baja por enfermedad. Me da miedo contar los días que me quedan antes de reemprender las clases. Le doy las gracias por Kamena. Siento remordimientos al recibir así la revista, sin pagar la suscripción. ¿No es esto contrario a la ética?

En breve, le enviaré un fragmento de prosa. ¡Ah! ¡Qué maravilloso sería que me concediesen una excedencia de un año! Si se diera ese milagro, con seguridad iría a verle a Chełm. ¡Hace mucho tiempo que no veo a un “ser humano”! Pues sólo por aproximación, en un sentido figurado –por bromear, de alguna manera–, podemos llamarle seres humanos a esta fauna que nos encontramos aquí. La vida podría ser bella. Con esa observación optimista me gustaría terminar esta carta, toda vez que debo acercarme a la escuela para ver qué ha sucedido con mi petición de excedencia.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


33

30 de septiembre 1934

Querido amigo,

Gracias por su carta. Le responderé más tarde detalladamente. Por ahora, le envío un fragmento de prosa para Kamena(18). Vi sus telas en casa de Leszczyc; también pasé diez días en Truskawiec. En mi próxima carta le hablaré de sus cuadros y de lo demás.
Muy cordialmente.

Bruno Schulz


34

Drohobycz, 6 de octubre 1934

Querido amigo,
Creo que habrá recibido la carta certificada en la que le enviaba un fragmento de prosa para Kamena. Me pregunto si ese texto les gustará, tanto a usted como a Jaworski, y si piensan publicarlo. Tengo la impresión de que es demasiado extenso y que habría que publicarlo en dos números sucesivos. No se enfade si he tardado tanto en responderle. Contaba con escribirle y enviarle al mismo tiempo el texto prometido; pero, entretanto, me invitaron a Truskawiec (de hecho tuve que pagar mi estancia...) donde pasé nueve días sin decidirme a escribir. El tiempo era hermoso y ese descanso me ha sentado muy bien. Mi baja por enfermedad ha terminado y he vuelto a mis actividades de docente. Al mismo tiempo, he dirigido al ministerio una petición de excedencia por un año(19) con la finalidad de escribir una novela. Espero la respuesta. Las autoridades escolares de Lvov enviaron una opinión favorable. Si me niegan esta excedencia me sentiría verdaderamente desesperado, pues durante las vacaciones perdí el hábito de la escuela y los chicos; no sé cómo acabar con esto, y me las hacen pasar de todos los colores. Aparte de eso, me pregunto qué ocurrirá con las clases de trabajo en metal; es un terreno que no conozco. Se pueden hacer cosas muy bellas con ese material –más bellas que con la madera–, pero tendré que aprender, aunque sólo sea, los rudimentos de esa técnica.

En lo de Leszczyc, en Truskawiec, vi sus obras. Me parecieron verdaderamente muy bellas. Esas grandes manchas verdes de los parques, las solemnes masas de verdegay iluminadas por esas brechas de cielo, ese interior tan rico, y tan armonioso en sus colores... Siempre pensé que la acuarela era una técnica más noble que la pintura al óleo. Es menos realista, más fría y refinada. Pero las dificultades también son infinitamente mayores: la imposibilidad de mezclar y fusionar las tonalidades, la necesidad de tratar la superficie que va a pintarse y de iluminar tras el secado... Los colores, en cambio, adquieren –como en los tapices– un matiz aterciopelado. ¿También pinta personajes? Me parece que ha conseguido una maestría perfecta de esa técnica.

Mil gracias por su misiva. Es reconfortante y alentador saber que en alguna parte se tienen amigos de verdad. Le agradezco igualmente su invitación. Me aprovecharé de ella cuando me concedan la excedencia.

Estos días he recibido la visita de Kuryluk(20) –redactor de Sygnały, de Lvov–; me pidió un fragmento de prosa. Le propuse un texto escrito hace tiempo –en 1928–, que encontré entre mis papeles. Pareció contento y creo que, incluso, ya lo ha publicado.

Estoy impaciente por saber qué piensa del fragmento que le di para Kamena. La idea es muy audaz, y no sé si he conseguido dar la quintaesencia del otoño que debe caracterizar esa especie de “tratado metereológico”.
A la espera de su respuesta, reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


35

Drohobycz, 15 de octubre 1934

Querido amigo,
He leído con emoción su afectuosa y simpática carta. ¡Que Dios le recompense por tanta estima, confianza y amistad como me profesa! Espero ser digno de ello algún día. A decir verdad, yo no le concedo un gran valor a mis modestos escritos, y cuando los comparo con ciertas obras maestras de la poesía polaca, a menudo me parecen mediocres y pobres. Lo que dice me da miedo: ¿no podría ser que sólo se trate de un capricho pasajero por este género, de una moda que pasará como las demás?

Cuando consiga la excedencia que he solicitado, iré a verle; podremos entonces charlar a gusto de las cosas que nos interesan. No olvide saludar a Jaworski de mi parte.

He leído con interés sus deshilvanadas reflexiones sobre la acuarela y las posibilidades que ofrece esta técnica. Es una lástima que no pueda dedicarse por completo a la pintura, unirse a un grupo de paisajistas, retirarse a algún rincón tranquilo, y quedarse allí algunos meses, fundirse de alguna manera con el paisaje circundante, y pintar, pintar... Le pregunté a Leszczyc por el precio de sus cuadros. Pero olvidé lo que me dijo. Fui a verle en dos ocasiones; la segunda vez me acompañó un acaudalado médico que me pareció dispuesto a adquirir alguno de sus cuadros. Sólo vi cuatro o cinco telas, no más. ¿Y si usted le escribiese? Él se ha ido ya de Truskawiec.

A propósito de lotería: al mismo tiempo que su carta recibí de un despacho de Lvov dos números, dos billetes. Vi ahí una especie de presagio, y como no sabía por cuál decidirme, compré los dos por 10 zlotys (10 zlotys, pues, cada uno). Poco importa quién de los dos pueda ganar; ni que decir tiene que repartiremos equitativamente.

Son los números 62276 y 93131. El primer sorteo será el día 18. ¿Está de acuerdo? Eso nos obligará, sin embargo, a renovar la apuesta todos los meses.

Le agradezco sus consejos respecto a la táctica a adoptar con los muchachos de la escuela. ¡No, las cosas no van tan mal como usted piensa! No creo que sean verdaderamente malos; el temperamento del que hacen gala es más bien natural a esta edad. Sabe, hace ya diez años que trabajo al servicio del Estado. Mi petición de excedencia tiene posibilidades de ser acogida favorablemente; al menos eso es lo que afirma el inspector.

Por lo que se refiere a mis proyectos literarios, no sé qué decirle. Prefiero hablar de ello cuando nos veamos. Le leeré también algunos fragmentos. ¡Ciertamente, no es fácil sacar algo de uno!

Ora parece que disponemos de un material inmensamente rico, que nos doblamos literalmente bajo el fardo del trabajo, de la tarea que nos proponemos llevar a cabo, ora constatamos que el vacío reina en nosotros. Son las habituales peripecias del oficio. Un movimiento de flujo y reflujo al que debemos acostumbrarnos. Lo que hay que hacer, es trabajar de manera continua, no interrumpir ese trabajo para entregarse a otra actividad (por ejemplo, la docencia). Pues la falta de continuidad mata la inspiración.

Si ocurre que tardo en responderle, no crea que le olvido; estoy cerca de usted con el pensamiento. Me siento feliz de tener en usted a un verdadero amigo. Reciba toda mi amistad.

Su Bruno Schulz


36

7 de noviembre 1934

Querido amigo,
Le pido humildemente perdón por mi largo silencio; es así como respondí, muy injustamente, a su maravillosa carta de la que emanaba esa especie de melancolía que reina entre nosotros el día de Difuntos. ¿De dónde viene ese fúnebre tono, ese extraño galanteo con la lúgubre y triste Dama de los sepulcros? ¿Será una reminiscencia inconsciente de la antigua fiesta de la naturaleza, de aquella fiesta de la muerte y el libertinaje, de las bacanales de noviembre en los cementerios? ¿Será usted, a su vez, víctima del taedium vitae? Un inmenso abatimiento, una especie de resistencia pasiva, las ganas de sabotear, de acabar con la rutina de los días... ¿Es eso? Me avergüenzo ante usted de mis lacrimosas debilidades, de estas crisis de escepticismo que no acaban –¡porque tiene más coraje que yo, porque soporta su suerte con infinitamente más virilidad!

Ya va para un mes que ni escribo ni pinto. A veces, tengo la impresión de que ya no podré escribir nada que merezca la pena. ¡Qué lástima no haber podido aprovechar el éxito conseguido con las Tiendas de Canela Fina! Todo eso no habrá servido para nada si este año no llego a presentar una obra, al menos, de igual valor. Podría llevarla a cabo si me concediesen la excedencia solicitada; pero por ese lado, de momento, el silencio es total; mi petición ha sido engullida en alguna parte entre los engranajes secretos del ministerio y pierdo la esperanza de una respuesta. Por ahora, cuento con escribir algunas críticas de libros. Tengo ganas de analizar José y sus hermanos(21) de Mann –una obra extraordinaria, ideal para demostrar el cambio que se ha producido en nuestra percepción de la realidad y nuestra nueva concepción de la esencia de la vida.

El aura de este otoño deslumbrante (un verdadero “segundo otoño” como en mi tratado) se disipa poco a poco en torno a mí: ¡ay! y no he podido explotarla y apenas la he sentido... Sólo al anochecer, cuando el aire se tiñe y llena de reflejos, cuando efluvios brillantes –cuerpos astrales, capas de sombras sucesivas–, exhalan de todos los objetos de los que la luz se retira lentamente, me gusta mirar los cielos claros, cárdenos, verdegay, topacio, semejantes a un mágico grimorio constelado de signos negros, donde las cornejas parecen letras de un misterioso alfabeto; me gusta observar esas insólitas aglomeraciones de pájaros escandalosos y plañideros, sus amplios y fantásticos vuelos, sus vueltas y giros antes de invadir el cielo que cubren con el batir de sus alas y su intermitente graznido. ¿Se ha dado cuenta de que las cornejas, a veces, vuelan muy lejos, y que se convierten como en una nube de polvo apenas visible, desaparecen de la vista, y después regresan súbitamente? Se alzan entonces ante nosotros con toda la envergadura de sus alas, se pulverizan en una carnaza negra, se dispersan como copos de hollín, y su masa –cada vez más poderosa y dilatada–, va en aumento.

Debo confesarle que mis informaciones concernientes a los billetes de lotería eran falsas –o más exactamente prematuras. Entretanto, he recibido una carta del despacho de lotería (que encontrará adjunta) por la que sabrá que hemos sido eliminados oficialmente del primer sorteo, ¡porque los números que nosotros compramos ya se habían vendido! En su lugar el despacho me ha enviado un único billete de 20 zlotys para el segundo sorteo (en el que la apuesta es doble). El número es: 164 617. Le agradezco que me haya enviado el dinero para los próximos meses. ¿Debo devolvérselo o bien reservarlo para los sorteos de diciembre y enero? Me parece que a causa de este error hemos perdido, además de la ocasión de ganar en el primer sorteo, una pequeña parte de la suma invertida. ¡Pero, qué quiere usted, así son los avatares de la fortuna! Quizá esto lo desanime a seguir jugando.

Me pregunto qué hará usted... ¿Pinta? ¿Le ha inspirado este otoño nuevas combinaciones de color? ¿Es hermoso ese paisaje ahí donde está? ¿Tiene noticias de Leszczyc? ¡Escríbame y hábleme de usted largamente!
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


37

Drohobycz, 15 de noviembre 1934

Querido amigo,
Su silencio me lleva a pensar que está enfadado conmigo. Personalmente, no creo que haya sido desconsiderado con usted; intento en vano saber qué ha podido herirle en mi actitud; alguien me dijo que mi texto no había aparecido en Kamena, cuando usted mismo me confirmó que sería publicado de un momento a otro. ¿Tiene eso alguna relación con el misterioso error que yo habría cometido? Estoy sorprendido, intrigado, y, aún más, desolado por este infausto revés en nuestras relaciones. A menos que su silencio se deba a otras causas. Quizá esté enfermo...

Se lo ruego, escríbame pronto y explíqueme la razón de este silencio; y si soy culpable de algo, no dude en decírmelo: no se puede condenar a un hombre en base únicamente a una intriga, a una sospecha, a una maquinación. Una vez más, me rompo la cabeza pero no veo en qué he podido herirle con mis palabras. ¿Ha recibido mi última carta?
A la espera de su explicación, reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


38

19 de diciembre 1934

Querido amigo,
Discúlpeme por no haberle escrito durante tanto tiempo, aunque no fuese más que dos palabras para agradecerle su amable carta y el envío de los tres números de Kamena. Mi silencio se explica por las arduas gestiones que he tenido que llevar a cabo para conseguir una excedencia: esa excedencia, finalmente, me ha sido denegada. Le escribí a I. S. Witkiewicz, que hizo todo lo que pudo; después me dirigí a Tuwin, que no hizo nada. Todos mis esfuerzos han fracasado habida cuenta de la decisión del Consejo de ministros de suprimir las excedencias pagadas. Esa noticia me ha deprimido mucho. Vivía ya con la esperanza de conseguir esa excedencia; trataba la escuela como algo provisorio, me parecía que ya nunca iba a volver a mi actividad de docente. Durante algún tiempo me sentí completamente anonadado. La llegada de Janisch(22) –un pintor surrealista que se ocupa de la restauración de las pinturas de la iglesia–, me ha reanimado de alguna manera. Me aconsejó que me pusiese a dibujar, algo que llevaba años sin hacer. Todo eso me ayudó a encontrar cierta calma. Ahora, proyecto ir a Varsovia para renovar mi solicitud de excedencia intentando, esta vez, conseguir una subvención. No tengo mucha esperanza, pero no quiero tener que reprocharme más tarde el haber descuidado este asunto. Quién sabe... Si hubiese ido a Varsovia tras las vacaciones quizá hubiera podido vigilar las cosas más de cerca, y también conseguido la excedencia antes de la decisión del Consejo de ministros... No he escrito nada durante este tiempo. Ahora mismo la pintura es lo que más me interesa.

¿Qué hace? Cada vez que pienso en usted, no puedo evitar compadecerme: ¡qué suerte más ingrata la suya! ¡Y usted no se lamenta! ¡Tanto trabajo mecánico, inhumano, cuando podría hacer otra cosa! Vaya injusticia. Una injusticia de la que ambos somos víctimas.

Su grabado en madera presentado en el último número es muy bello. ¿Le escribió su “marchante” o le envió dinero? Lamento mucho que tampoco podamos vernos esta vez, porque he decidido ir a Varsovia donde me espera una persona a la que no puedo decepcionar. Si regresase antes de lo previsto haría un alto en Sądowa Wisznia. ¿Cuánto tiempo estará ahí? No puedo darle mi dirección en Varsovia, pues aún no sé donde voy a alojarme. Si tiene algo urgente que comunicarme, escríbame entonces a la dirección de Adam Ważyk, a la atención de Bruno Schulz, calle Ceglana 10, Varsovia.

No se enfade si hasta hoy no he dado señales de vida, si lo he descuidado. Créame, a menudo he pensado en usted y todos los días me reproché por mi falta de ánimo para escribirle. Le deseo unas excelentes fiestas y muy agradables vacaciones.
Con toda mi amistad.

Su Bruno Schulz


39

Drohobycz, Floriańska, 10; 28 de enero 1935

Querido amigo,
Discúlpeme por mi largo silencio, y aleje de usted esa sospecha de que trato de evitar a la gente encerrándome en mi torre de marfil. Ważyk me remitió su carta con mucho retraso. Una vez en Varsovia, y atrapado en un verdadero torbellino, ya no recordaba, en efecto, si le había facilitado o no su dirección. Durante algún tiempo no di señales de vida y el pobre Ważyk no sabía dónde encontrarme. Le agradezco que piense en mí y me manifieste una amistad tan sincera. He recibido La Confesión de un hooligan(23), y también Kamena. Aún no la he leído, pero los grabados son realmente bellos; son muy superiores a los paisajes y los estudios arquitectónicos. Me parece que ha dado un gran paso adelante, que se ha acercado a sí mismo. En la base de estas interesantes composiciones estructurales se intuye una verdadera pasión por el material, como un desprecio casi total del tema. Daría lo que fuese por aprender la técnica del grabado en madera. En la exposición de artistas italianos acabo de ver grabados del siglo XIX ejecutados al modo francés; literalmente, me han encantado, aunque a nuestro crítico no le haya gustado esa exposición, y sobre todo los dibujos y grabados.

A mi regreso de Varsovia me esperaba una funesta noticia –en el sentido lato del término: mi hermano, con quien aún charlaba tranquilamente la víspera, falleció de modo repentino(24). Era un ser extraordinario; todos los que lo frecuentaron de cerca o de lejos le tenían un gran afecto. Ese hombre de una bondad casi angélica, joven, elegante, a quien todo sonreía, se encontraba en la cima de una brillante carrera. Era una de las figuras clave de la industria petrolera del país. Comprenderá ahora por qué he tardado tanto en escribirle. Era mi hermano quien sostenía a esta familia (es decir a mi hermana y sobrino); varias familias podían vivir de su sostén, y, ahora, se encuentran privadas de cualquier ayuda. Vamos a conocer tiempos difíciles. Incluso yo me pregunto qué voy a hacer.

En Varsovia conocí a gente muy interesante: Witkacy(25), T. Breza, Wittlin(26), Czechowicz(27), Gombrowicz (su Diario de la época de inmadurez es una pequeña obra maestra); pero de momento las gestiones que he llevado a cabo para conseguir una excedencia no han dado fruto. Me dan esperanza, aunque no sé qué valor concederle a esas promesas. Se lo ruego, no piense jamás que mi silencio pueda deberse a una falta de afecto por mi parte, no crea que estoy resentido o Dios sabe qué. La verdad es que yo no sé organizar bien mi tiempo. Mis obligaciones actuales me absorben hasta tal punto que, a veces, me olvido de escribir o dejo para más tarde la respuesta. Tengo un texto para Kamena, pero es un verdadero fragmento –quiero decir: algo incompleto, pues se trata de hecho del comienzo de un relato inacabado(28). Se lo enviaré lo antes posible.

Escribo muy poco, aun sabiendo fehacientemente de que es el momento de escribir y publicar, de ganar un poco de dinero para subvenir a las necesidades de mi familia.

Lamentablemente, no hemos ganado a la lotería; ni siquiera el reintegro. Por su parte, ya no me debe nada. ¡Una vez más no se enfade por mi silencio! (sic) ¡Crea en mi sincero afecto, pues nada ha cambiado en mi corazón!
Reciba toda mi amistad. Transmítale mis saludos a Jaworski.

Bruno Schulz


40

Drohobycz, 16 de marzo 1935

Querido amigo,
Le envío un corto fragmento –no sé si eso le servirá. Personalmente, no me disgusta, y además es el momento de publicarlo, pues se acerca la primavera(29).

Le agradezco que no me olvide. No se moleste si le escribo tan raramente. Tampoco se enfade si no le envío gran cosa. La Gazeta Artystów de Cracovia(30), la "Unión de artistas plásticos" de Lvov y el mensual literario de la unión de docentes polacos de Czechowicz(31) también me han pedido textos, pero no quiero ser infiel con Kamena estando usted por medio. Pues bien, hace meses que no escribo nada; agoto poco a poco los fondos de mis antiguos manuscritos. Me duele enterarme de que trabaja tan duro. ¡Qué alegría saber que va a venir! Ni que decir tiene que se alojará en mi casa. ¿Cree que le dejaré ir al hotel? Usted me enseñará la técnica del grabado en madera y la litografía. Mi trabajo de profesor me cansa hasta un punto que no puede ni imaginarse. No sé componérmelas. No saco ningún placer de los mediocres resultados que, al parecer, se pueden conseguir. No sé quien es Seredyński –eso debió ocurrir hace mucho tiempo. Realizo muy pocos bocetos de las cabezas de mis alumnos; de momento ya no se trata de eso.

Le agradezco sus palabras de pésame con motivo del fallecimiento de mi hermano. Su ausencia es cruelmente sentida por su propia familia, pero también por mí, mi hermana y mi sobrino de los que era su sostén. Era un hombre a quien todo el mundo sonreía, alguien del que se hablaba con entusiasmo. Elegante, bello, refinado, le caía bien a todos y se hacía querer.

¿Ha visto mi relato titulado “Dodo” en uno de los números de enero de Tygodnik Ilustrowany(32)? Va acompañado de mis propias ilustraciones. ¿Conoce el fragmento de “Mi padre ingresa en el cuerpo de bomberos?” publicado en Wiadomości Literackie(33)? Son textos escritos hace algún tiempo. Aún no he recibido ni un céntimo por ellos. Me parece indignante que Leszczyc sólo le dé 50 zlotys.

¿Ha leído a Bąk(34)? ¿Qué le parece? Sólo leí el texto aparecido en Wiadomości Literackie. Es muy bello.

Los alrededores de Drohobycz son magníficos. Estoy a doce minutos de Borysław, a quince de Truskawiec, y apenas a unas dos horas de Bieszczady, el cinturón de las Beskidas occidentales. Venga, pues, traiga sus colores y telas. Le espero.
Con toda mi amistad.

Bruno Schulz


41

25 de marzo 1935

Querido amigo,
¡Muchísimas gracias por su carta y sus palabras que salen del corazón! Admiro su espíritu de sacrificio y la obstinación con la que trabaja en Kamena. Su actitud merece el mayor respeto. ¡El mundo sería mejor si existiese más gente como usted y Jaworski!

Usted será bienvenido a mi casa. Me sentiré muy feliz de verle, y me sorprendería mucho que nos faltasen temas de conversación; tenemos demasiadas cosas en común. Me gustaría invitarle para las fiestas, o una vez pasadas las mismas, pues tengo que ver a una dama a la que me une gran amistad y que me espera. Así, pues, creo que usted vendrá durante las vacaciones. Además, usted mismo me decía en su última carta que no estaría libre antes de esas fechas. ¡No me olvide! De aquí a entonces aún nos escribiremos dos o tres cartas. Si de algún modo me quedase para las fiestas, no dejaré de hacérselo saber; pero eso me sorprendería; además, no sé si usted podría venir en ese momento.
Le envío toda mi amistad y me alegro de antemano por su visita.

Su Bruno Schulz


42 Drohobycz, 24 de junio 1935

Querido amigo,
Estoy lleno de resentimiento y pesar conmigo mismo: ¿por qué le he dejado tanto tiempo sin respuesta? No me ha faltado ajetreo últimamente, y, por ello, tuve que ausentarme de Drohobycz con frecuencia. Sin embargo, eso no excusa mi silencio, aunque tal vez estas explicaciones harán mi actitud menos misteriosa a sus ojos. Agradezco que no me olvide. Tenemos que tomar ya una decisión en lo referente a nuestro encuentro. Estaré en Drohobycz hasta el 1º de julio; si le es posible venir a verme por algunos días aún me encontrará aquí. Si eso no le conviene, podría reunirse conmigo en Zakopane a principios de julio o más tarde. Quizá me quede aquí algunos días más de lo previsto. Aunque le diré que tengo visita hasta el viernes, lo que hace difícil que pueda alojarlo; mi pequeño “hotel” privado no estará libre hasta esa fecha. Si pudiese venir a Zakopane sería maravilloso. Podría encontrarse con gente conocida –sobre todo con Witkacy–, con quien trabé amistad; creo que sería muy interesante. Yo me instalaré en las afueras de la ciudad, quizá en una pequeña casa de montaña donde supongo que también habrá sitio para usted.

No sé si le he dicho que la excedencia anual que solicité ya adquirió una forma concreta. Aún no tengo la decisión final de las autoridades, pero creo que el asunto está solucionado.

Mi sueño más deseado va a realizarse; pero las cosas no son tan sencillas como parece.
Apenas tendré 200 zlotys al mes (durante diez meses). Eso me llegaría si no tuviese que mantener a mi hermana, un sobrino y una prima que viven conmigo. Cuento con mi pluma, pues, y me pregunto con aprensión si eso bastará. En Zakopane estaré con mi novia (¡pues sí, tan tarde!). Quizá todo esto sea una locura.

Dígame si vendrá. Si no le importa, me gustaría alojarlo en Zakopane; así, podría quedarse más tiempo, y yo aprovecharía más su presencia, al no estar absorbido por los preparativos del viaje. Mi única duda es si usted no preferirá Drohobycz, por aquello del coste del viaje. En ese caso, no dude en venir.

Gracias por Kamena. En este momento, vivo en un tal desorden que ni siquiera tengo tiempo para leer la revista. En el anterior número se reproducía uno de sus bellos grabados. No olvide llevar todo el material necesario para el grabado en madera.
Reciba toda mi amistad.

Bruno Schulz


43

Drohobycz, 13 de julio 1935

Querido amigo,
Gracias de todo corazón por sus buenos deseos. Usted se imagina la cosa de manera mucho más romántica. Hace ya tres años que conozco a mi novia; desde hace dos años nos sentimos muy unidos, y, de vez en cuando, pasamos algunas semanas juntos, pues ya no vivimos en la misma ciudad. Ambos somos pobres; ella acaba de perder su puesto de profesora de instituto y busca actualmente otro empleo.

Las reflexiones pesimistas que hace sobre su futuro y sus posibilidades me han entristecido. No hay razón para renunciar y desanimarse. Usted debe obedecer a esa voz interior que es la de una verdadera vocación. Una necesidad tan imperiosa, una pasión tan encarnizada, sólo pueden ser la señal y el presentimiento de una gran fuerza por llegar. Sea paciente consigo mismo, espere, concéntrese y esté preparado. Estoy convencido de que llegará el momento en que, finalmente, le será revelada su verdadera misión.

Mi viaje se ha retrasado. Salgo la semana próxima para Zakopane, donde estaré cuatro semanas. ¡Anímese y venga lo antes posible! Estoy impaciente por verle. Pero espere a que le avise cuando llegue a Zakopane, pues aún no conozco mi dirección allí. Buscaremos un lugar en las afueras de la ciudad, en Dolina Kościeliska, Cyrhla o Jaszczurówka. Imagino que se quedará algún tiempo, pues no merece la pena ir sólo por unos días. Le presentaré a gente muy interesante, sobre todo S. I. Witkiewicz. Espero que pasemos momentos agradables. Habida cuenta que tengo la intención de trabajar, quizá tenga que contentarse con la compañía de mi novia una parte del día (...)
Reciba toda mi amistad.

Suyo Bruno Schulz

P.-S. Si no tiene noticias mías escríbame a Drohobycz.


44

Zakopane, 3 de agosto 1935

Querido amigo,
Hace ya una semana que estoy en Zakopane. Me alojo en la pensión “Pani”, bulevar Słowacki. Debería aprovechar el descuento del transporte al que tiene derecho esta semana, con ocasión de la “fiesta montañesa”, y venir a verme lo antes posible. Cada vez hay más gente aquí; ¡qué trajín! No queda ni una habitación libre en la pensión en que me alojo, pero quizá se pueda meter una cama supletoria. A menos que encuentre una habitación no muy lejos de aquí. Me siento muy feliz y excitado ante la idea de verle. ¡Venga! Hablaremos de lo demás de viva voz. Hasta pronto; reciba toda mi amistad.

Suyo Bruno Schulz

Acabo de recibir su carta hoy mismo.


45

Miércoles [8 de agosto 1935]

Querido amigo,
Lamento que no pueda venir enseguida, pues aquí las circunstancias no son favorables. Es muy difícil encontrar una habitación, y todo está muy caro. Probablemente me quedaré hasta la tercera semana de agosto, es decir hasta el 20. Creo que se podrían evitar algunos gastos inútiles. Ocurre que la fiesta montañesa acaba el 14. Me hubiera gustado verle aquí –algo que será posible tras la partida del gentío que ha invadido la pensión. Hasta el momento no he visto nada interesante con ocasión de esta fiesta. En contra de lo esperado me siento aquí muy solo. De vez en cuando veo a Witkacy y al crítico Płomieński(35). Tampoco trabajo, intento sencillamente recuperar mi forma física, porque –usted lo recordará–, siempre fui delgado y no consigo aumentar de peso (peso 53 kilos).

No he visto a Jaworski. Espero entonces que usted se ponga en camino el 14 o 15, a fin de que aún podamos pasar unos días juntos. No hago excursiones a la montaña. Sufro de vértigo y agorafobia. Una vez, me arriesgué a trepar a la cima, y cuando ya había ascendido a bastante altura... imagínese: tuve que pedirle a un desconocido que me ayudara a bajar.
A la espera de sus noticias, reciba toda mi amistad.

Suyo Bruno Schulz


46

Drohobycz, 2 de junio 1937

Muy querido amigo,
Durante este tiempo mis remordimientos han sido grandes; me sentí avergonzado por comportarme de esa manera. ¿Por qué han ocurrido así las cosas? Y usted se toma la molestia de explicármelo en su carta. No era dueño de mis nervios, no conseguí dominar mi nerviosismo y desesperación(36). ¿Pero por qué guardé silencio después, cuando usted siguió pensando en mí al enviarme regularmente Kamena? Sentía vergüenza, sin duda, de haber profanado y malbaratado nuestra amistad; por mi culpa. Entretanto, es usted quien, en su indulgencia, ha vuelto a la carga. Su carta me ha encontrado también esta vez en un estado deplorable. Acabo de romper definitivamente con mi novia. Mi relación con ella no ha sido más que una serie de momentos dolorosos y penosos. Al final, he sentido una especie de alivio cuando ella tomó la decisión de romper de una vez por todas. El anuncio aparecido en los periódicos era erróneo. No me casé. Debería más bien estar contento con esa ruptura; pero siento un vacío terrible, ante mí surge todo el vacío de la vida. Soy incapaz de hacer cualquier cosa, ni siquiera puedo coger un libro, todo me asquea y aburre hasta tal punto que no puede imaginarse. ¿Ha pasado usted por momentos semejantes? No me reconozco –yo, que siempre tenía mil problemas y cosas que resolver, que tenía la cabeza llena de las más dispares ideas; ahora me arrastro, vacío, insensible, sumido en una especie de torpor; tengo el sentimiento de que todo ha acabado para mí. Hace ya meses que no escribo nada; no me encuentro en estado de redactar el menor artículo. Incluso para escribir una carta he de hacer un esfuerzo colosal a fin de sacudir esta terrible inercia. Desde hace tiempo no recibo cartas ni le escribo a nadie. Siento que todo esto no es únicamente la consecuencia de mis problemas afectivos; me parece que he entrado en una nueva fase de mi vida cuya dominante es una inmensa decepción –una decepción que cuestiona algunas cosas fundamentales–: el vacío de la vida.

En enero puse mi libro en manos del editor(37). No sé cuándo saldrá; ni siquiera quiero saberlo, pues su aparición me deja indiferente. Se trata de una recopilación que comprende todos los relatos aparecidos en distintas revistas. El Mesías aún espera(38).

¿Qué hace? ¿Cómo discurre la vida para usted? Me sentiría feliz teniendo noticias suyas. Pero sobre todo no se enfade si tardo en responderle. Aún no he hecho proyectos para las vacaciones. Soy incapaz de tomar la menor decisión. ¿Y usted? ¿Quizá se decida por algún lugar cercano?
Reciba toda mi amistad.

Suyo Bruno Schulz


47

4 de agosto 1937

Querido amigo,
Una vez más tengo remordimientos por no haberle escrito antes; pero no pude responder a su carta –tan bella y profunda. Fui al campo –cerca de Turka–, donde pasé cuatro semanas en soledad casi total. No encontré ahí ningún consuelo y perdí una vieja ilusión arraigada en mí; a saber: que estoy hecho para la soledad... Quizá ese fuera el caso antaño; hoy el paisaje se extiende ante mí, vacío y muerto, ya no puedo alimentarme a la mesa del Señor. No está bien quejarse constantemente –esa actitud no es digna de un hombre– pero tengo que confesar que algo se ha roto en mí. ¿Aún ve usted algo que sea verdaderamente bello y emotivo en este mundo? ¿Todavía es capaz de entusiasmarse? A mí, en cambio, me parece que el mundo se ha vuelto aburrido.

¿Está Czortków cerca de Krzemieniec Podolski? Ahí se encuentra mi amigo Janisch; se ocupa de la restauración de pinturas en el instituto de Krzemieniec. Yo debería ir a esos lugares para ver la Podolia y la estepa, para admirar la luna en la estepa. Pero aún no sé si podré. Si alguna vez pasa por Krzemieniec salúdele de mi parte. Es verdaderamente un tipo magnífico, un muchacho muy inteligente. Si me decidiese a acercarme por ahí tendría la ocasión de verle también a usted.
Con mis mejores recuerdos.

Bruno Schulz


48

(5 de enero 1938)

Querido Zenon,
Su carta me ha llegado a Poznań donde me alojo en casa de una de mis amigas(39). Le agradezco sus entrañables pensamientos. Le pongo sólo unas palabras, prometiéndole una respuesta más detallada a mi regreso a casa. También desde allí, le enviaré un texto breve para Kamena, porque no tengo nada conmigo. Aquí he descubierto la revista Prom(40). En lo referente a las estampaciones iluminadas y las direcciones sólo tengo algunos números de Grafika(41). Si no los ha visto, se los enviaré con mucho gusto. Encontrará ahí otras cosas del mismo género. Las personas con las que estoy son muy amables e inteligentes; pero tengo que partir mañana. ¿Conoce Poznań?
Reciba toda mi amistad.

Bruno

Tiene que leer Ferdydurke(42). ¡Es una obra genial!


49

24 de abril 1938

Querido Zenon,
Perdóneme por escribirle tan raramente y tan poco; eso apenas recompensa su enorme bondad. Me ha enviado un poema triste y bello por el que le doy las gracias. La atmósfera de ese poema está en resonancia con mi propia melancolía. Es una tristeza que ambos experimentamos al pensar en la vejez, al contemplar nuestras propias desilusiones, el esqueleto desnudo de la verdad. ¿Cree que podemos hacer de esa tristeza un trampolín hacia la creación? ¿Cree que podemos explotarla en el plano artístico, alimentar el demonio de la creación con nuestro propio fracaso? Personalmente, no soy capaz de ello. Mi musa necesita serenidad, calor. En el otoño de la vida se vuelve soñolienta y perezosa, como las moscas. Por otra parte, me parece que el contenido de mi inspiración deviene más rico, que el material adquiere amplitud: lo que falta es un estímulo, un arrebato, una pasión, para darle una forma a ese todo.

He llegado a la conclusión de que nuestro único refugio es el trabajo; no importa qué trabajo, aunque no sea digno de nosotros, incluso si se trata de una labor mecánica. Si no la tristeza acaba por roernos. No es malo, pues, que usted se ocupe de diplomas y actas de fundación. Es un pasatiempo agradable, inofensivo, y eso ha de aportar algún beneficio en el aspecto financiero. A ese propósito, creo que debería entrar en contacto con círculos más amplios, darse a conocer en la capital; me parece que en Polonia faltan especialistas en ese ámbito: y usted tiene todas las cualidades requeridas para eso.

Prefiero no hablar de mis proyectos. Una especie de superstición me lleva a creer que fracasarán si hablo de ellos prematuramente. Además, no hay en ellos nada especialmente audaz o ambicioso. ¿Ha leído El Sanatorio de la Clepsidra(43)? No pude enviarle un ejemplar de autor como hubiese deseado. "Rój" me dio un cierto número que tuve que regalar en Varsovia, a los críticos y otros personajes influyentes. Hasta el momento no ha tenido mucho eco. ¿Qué piensa de esa obra?

He recibido Kamena y se lo agradezco. ¿No es un regalo demasiado generoso, desproporcionado con relación a mis pequeños dibujos(44)?
Reciba toda mi amistad. ¡Escríbame!

Suyo Bruno Schulz


NOTAS

1. Al denominar esos grabados de “aguafuertes”, Schulz piensa en sus “clichés-verre” (véase la nota 4 a las cartas a Ostap Ortwin).

2. Kazimierz Andrzej Jaworski (1897-1973), poeta, traductor de poesía rusa y checa, redactor del mensual Kamena. 3. La lección de trabajos manuales que debía servir de demostración tuvo lugar el 23 de marzo de 1934 “en el aula 1 b del instituto estatal Władysław Jagiełło de Drohobycz, en presencia del señor Franciszek Madyda, director del Centro metódico de enseñanza de trabajos prácticos del VIIIº instituto estatal de Lvov” (según un informe redactado en el instituto de Drohobycz, en 1934).

4. La localidad mencionada, Zwiniacz –hoy en Ucrania–, era un pueblo situado en los confines orientales de Polonia, donde se encontraban las tierras del hermano de Zenon Waśniewski.

5. Un grabado con la dedicatoria siguiente: “A mi amigo, Zenon Waśniewski, con el homenaje de Bruno Schulz.”

6. “Las Noches de julio”, tal es el primer título de la obra que, publicada en el volumen El Sanatorio de la Clepsidra, será finalmente titulada “La Noche de julio”. Schulz cambió de opinión y publicó “La Noche de julio” en 1934 en el número 12 de Sygnały (revista socio-cultural que aparecía en Lvov entre los años 1933-1934 y 1936-1939).

7. “Rój”, editorial de Varsovia que publicaba obras literarias polacas y traducciones de literatura extranjera, como también obras de vulgarización científica. Los dos libros de Schulz fueron publicados en la misma.

8. Zofia Nałkowska (véase nota 22 a las cartas a Stefan Szuman).

9. Aleksander Wat (1900-1967), poeta, prosista, ensayista, traductor. En los años 1920-1925 fue uno de los representantes del futurismo polaco. Murió en el extranjero.

10. Adam Ważyk (1905-1982), poeta, traductor, teórico de la literatura. Tras el comienzo de la guerra y la ocupación de Lvov por la URSS colaboró en la redacción de la revista Nowe Widnokręgi, redactada en lengua polaca. En 1940, invitado por la redacción a colaborar en esta revista, Schulz vio rechazada la publicación de su obra en prosa.

11. Stanisław Brucz (1899-1978), periodista, traductor.

12. Pola Gojawiczyńska (1896-1963), novelista, autora de obras literarias en las que trata problemas relacionados con las costumbres y la sociedad de la época.

13. Aleksander Leszczyc, marchante de arte. Se ocupó de la venta de cuadros y grabados de muchos artistas polacos. Asumió ese rol de “marchante de arte” en 1931, tras abandonar el teatro de Lvov donde estaba contratado como actor. Organizó exposiciones en diversas localidades, especialmente en Truskawiec, cerca de Drohobycz, y en otros sanatorios de reposo, durante las vacaciones.

14. Hania Hoffman (circa 1885-1942), viuda, hermana mayor de Bruno Schulz; dos hijos de ésta y Bruno vivían en la misma casa. El doctor Hoffman, primo del escritor dice: “Su hermana Hania caía enferma muy a menudo; esos trastornos tenían esencialmente un origen nervioso. Como yo era médico, Bruno me pedía con frecuencia que fuese a examinarla. Esas crisis (taquicardia, temblores, etc.) se le presentaban sobre todo por la noche. Asustado, Bruno venía a verme lleno de agitación y pasábamos muchas horas a su cabecera. Tras la administración de medicamentos, aquellas crisis pasaban, pero se renovaban generalmente al cabo de una semana o un mes” (relato hecho en una carta escrita en 1965). Hania Hoffman fue asesinada por los nazis en 1942.

15. Wójtów, nombre del funcionario encargado por el ministerio de inspeccionar las escuelas del Estado.

16. Ilustrowany Kurier Codzienny, diario que aparecía en Cracovia entre los años 1910-1939 (al mismo tiempo que el suplemento semanal Kurier Literacko-Naukowy); entre las dos guerras su tirada alcanzaba los 250.000 ejemplares.

17. Esta carta está escrita a lápiz.

18. “El segundo otoño” –publicado por primera vez en 1934, en el número 3 de la revista Kamena (véase notas, introducción a las cartas dirigidas a Zenon Waśniewski). Una edición crítica de “El segundo otoño” preparada por J. Ficowski –según el facsímil del manuscrito– apareció en 1973.

19. Véase la nota 14 a las cartas dirigidas a las instancias superiores encargadas de la Administración escolar y la Educación.

20. Karol Kuryluk, redactor de Sygnały (véase notas, introducción a las cartas a la redacción de Sygnały). 21. En sus escritos y correspondencia, Schulz expresa su entusiasmo por José y sus hermanos de Thomas Mann. Ignoramos si pudo o no realizar el proyecto tan deseado: escribir un estudio sobre esa obra. Schulz consideraba a Mann como el prosista más grande de nuestra época; había leído sus obras en el original.

22. Jerzy Janisch, pintor de Lvov, miembro del grupo artístico “Artes”. Trabó amistad con Schulz antes de la guerra, cuando se ocupaba de la restauración de obras de arte de la iglesia de Drohobycz.

23. Confesión de un hooligan, de Serguei Esenin, en una traducción de K. A. Jaworski, con grabados de Zenon Waśniewski. Biblioteca Kamena, 1934, nº 3.

24. La repentina muerte de su hermano Izydor Schulz, ingeniero, tuvo lugar el 20 de enero de 1935 en Lvov, cuando el escritor regresaba a su casa tras una conferencia dada en Varsovia (véase nota 15 a las cartas dirigidas a las instancias superiores encargadas de la Administración escolar y Educación pública).

25. No era la primera vez que Schulz entraba en contacto con Witkiewicz a quien había conocido mucho antes. Esa era una ocasión para renovar aquella amistad interrumpida y reforzarla. Witkiewicz consideró, en efecto, la aparición de Las Tiendas de Canela Fina como un acontecimiento artístico de la mayor importancia.

26. Józef Wittlin (1896-1976), poeta, novelista, traductor. En 1935 consiguió el premio del Pen club polaco por su traducción de la Odisea, después el premio de Wiadomości Literackie por su novela La sal de la tierra. Instalado en el extranjero a partir de 1939, murió en Estados Unidos.

27. Józef Czechowicz (1903-1939), poeta. Ligado a la vanguardia polaca, autor de distintas antologías de poesía lírica, de traducciones de poesía rusa, ucraniana, checa, francesa e inglesa. Murió durante el bombardeo de Lublin por los alemanes.

28. Se trata de un fragmento del relato titulado “La primavera” publicado en 1935 en el número 10 de Kamena. Schulz eliminó el principio en la última versión de “La Primavera” (véase la introducción a las cartas a Zenon Waśniewski).

29. Véase la nota 28.

30. Gazeta Artystów, semanal literario que aparecía en Cracovia en 1934, órgano de los jóvenes artistas que se adhirieron al programa de la vanguardia proclamado por Tadeusz Peiper.

31. Miesięcznik Literatury i Sztuki, apareció durante los años 1934-1936 bajo la redacción de Józef Czechowicz (véase nota 27).

32. El relato “Dodo”, con siete dibujos de Schulz, primera publicación en Tygodnik Ilustrowany (1935, nº 2). 33. “Mi padre ingresa en el cuerpo de bomberos”, primera publicación con un título diferente (“Mi padre se hace bombero”) en Wiadomości Literackie, 1935, nº 5.

34. Wojciech Bąk (1907-1961), poeta, dramaturgo, autor de un volumen de poemas titulado El peso de los cielos que recibió el premio de Wiadomości Literackie en 1934.

35. Jerzy Eugeniusz Płomieński (1893-1969), crítico literario, ensayista.

36. Esa estancia en Zakopane (estación balnearia situada en las montañas al sur de Polonia) acabó muy mal. Schulz se encontraba en un estado de nervios desastroso en razón de la discrepancia que acababa de tener con su novia –discrepancia que estuvo a punto de poner fin a sus relaciones. La ruptura definitiva tuvo lugar en 1937.

37. El Sanatorio de la Clepsidra.

38. Véase la nota 10, cartas a Tadeusz Breza.

39. Una amiga de Poznań: se trata de Egga van Haardt, pintora y grabadora que ilustró el relato de Schulz titulado “El Cometa” aparecido en 1938 en el nº 35 de Wiadomości Literackie, así como la única obra que Schulz escribió en alemán en 1937 (Die Heimkehr) –obra que nunca se publicó y no pudo, pues, escapar a la destrucción. Schulz rompió su relación con ella cuando descubrió que Egga van Haardt había modificado un texto que él había escrito sobre los trabajos de la pintora.

40. Prom, mensual consagrado a la poesía que se publicaba en Poznań en 1932.

41. Grafika, órgano de la Unión de artistas grabadores polacos, bimensual que aparecía en Varsovia entre los años 1930-1939.

42. Ferdydurke, novela de Witold Gombrowicz.

43. El Sanatorio de la Clepsidra, segundo y último libro de Schulz (1937).

44. Se trata de dos dibujos a lápiz dedicados a Zenon Waśniewski. En uno de ellos puede leerse la dedicatoria siguiente: “A mi querido Zenon Waśniewski, Bruno Schulz” y la fecha: 18 de enero 1938.




[Bruno Schulz A Zenon Waśniewski en: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p.
Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]





Prólogo de Jerzy Ficowski

A Ostap Ortwin

A Stefan Szuman

A Arnold Spaet

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A la redacción de Sygnały

A Jarosław Iwaszkiewicz

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Cartas dirigidas a las instancias superiores...


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