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A Stefan Szuman


Stefan Szuman (1889-1972), psicólogo, autor de trabajos científicos en el campo de la psicología y de otras obras tratando a la vez de psicología, pedagogía y estética. La primera carta está en posesión de Jerzy Ficowski, las otras dos se encuentran en manos de la hija de Szuman, Grażyna Czyżewicz.


3

Żywiec, 24 de julio 1932(1)

Señor,
Me disponía a enviarle una carta –una carta en la que me parecía necesario justificar el verdadero acto de piratería por el cual había hecho irrupción en su universo imponiéndole mi persona y mi obra. En esa carta me atrevía a reivindicar el derecho a tomar parte en ese mundo, en ese clima particular del que se rodean los creadores de mundos inmateriales. Lo que yo quería, era ser admitido en la familia de los espíritus creadores, tener el sentimiento de que mi universo es contiguo a los otros universos, que entra en contacto con ellos, que en sus fronteras los mundos se interpenetran y coinciden, que intercambian entre ellos corrientes y temblores. En esa carta me esforzaba en explicar por qué las cristalizaciones del espíritu, las formaciones mentales objetivadas contenidas en los sistemas y los libros no pueden satisfacerme totalmente. ¿De dónde viene esa extraña fascinación que emana de una individualidad viva, de dónde viene ese lisérgico encanto que se desprende de su frecuentación? Todo ocurre como si los pensamientos formasen una especie de vaho alrededor de la cabeza de los creadores, como si desprendiese esos torbellinos y turbulencias propias de la atmósfera intelectual, una especie de plasma difuso y creador en el seno del cual nosotros nos sumergimos como en las olas de una tormenta primaveral, llenos nosotros mismos de descargas y explosiones interiores. Esa es la razón por la que sus conferencias(2) me han entusiasmado y turbado hasta tal punto. Los temas, los problemas que abordaba sólo tenían una importancia secundaria; lo que contaba eran las capas, los planos intelectuales donde se desarrollaba la verdadera batalla –las categorías y los modos de ese pensamiento–, un cierto número de elementos imponderables que, sin ser percibidos aisladamente, se unían y condensaban para dar el sentimiento de una estructura grandiosa colmando el corazón de una emoción desbordante; como ocurre con la visión de una mujer –de la que no sabemos nada en particular y que despierta en nosotros una conmovedora certeza–, cuando comprendemos que ella posee todas las cualidades secretas, ignoradas por nosotros mismos, y que nuestro ser desea tan ardientemente.

Esa carta, esos esfuerzos por justificarme, eran perfectamente inútiles. Al escribirme usted, los ha despojado de toda razón de ser. Usted ha respondido a mi llamada con un eco más poderoso y pleno de lo que me hubiese atrevido a esperar. Le estoy profundamente reconocido –más de lo que sabría decirle.

Ese eco, usted lo ha magnificado todavía, le ha dado su plena medida permitiéndome examinar la asombrosa obra poética que es la suya y que ha tenido a bien hacer llegar a mi conocimiento(3). Valoro su gesto y le quedo agradecido de todo corazón. Lejos de mí la idea de intentar una crítica. Esos poemas me han llenado de un sentimiento de alegría y plenitud; un poco como si prolongasen mi propio universo anexionando una región nueva, extraña y sin embargo familiar; como si hubiese encontrado en mi propia ciudad una calle hace tiempo desaparecida. Tal vez me equivoque, pero tengo la impresión de que es un lugar secreto donde nos codeamos, que golpeamos a veces el tabique opuesto de una misma pared. Esa proximidad me llena de un sentimiento de asombro y alegría; temía querer derrumbar demasiado pronto las barreras. Estoy contento de no haber dado el primer paso. Después de todo, en el mundo de las formaciones mentales, las barreras no son indispensables.

Yo no tengo ninguna formación literaria y apenas conozco la poesía contemporánea; sería, pues, incapaz de determinar la genealogía o el lugar de esta poesía. La única comparación que acude a mi mente es Rilke(4), el sublime Rilke. Nos encontramos ante un universo perfectamente silencioso y hermético; hay que alejarse lo más posible del tumulto y sumergirse muy profundamente en ese mundo para oír esa poesía. Narcisismo y soledad, aislamiento en una campana de cristal.

Ese encarcelamiento en el círculo mágico de su propia soledad, el hecho de estar cortado radicalmente de la vida, de la acción –la voluptuosidad y lo trágico que de ello se desprende– (Bailar consigo(5) me recuerda el sueño más lacerante y profundo que tuve en mi infancia: tenía entonces siete años, y ese sueño iba a revelarse premonitorio. Estaba en un bosque y era de noche, la oscuridad reinaba por todas partes; repentinamente, yo me cortaba el miembro viril con un cuchillo, cavaba un agujero en la tierra y lo enterraba. Esa escena constituye una especie de preámbulo desprovisto de cualquier resonancia afectiva. Sigue el sueño propiamente dicho: rememoro los acontecimientos, adquiriendo conciencia de toda la monstruosidad, de todo el horror del pecado que acabo de cometer. No llego a creer que lo haya cometido en realidad pero constato cada vez, con desesperación, que ha sido así, que mi gesto es irreversible. Me encuentro en adelante como fuera del tiempo, cara a cara con la eternidad: para mí, eso será la conciencia horrible de mi falta, el sentimiento de una pérdida irreparable. Estoy condenado por los siglos de los siglos, y parece que me hayan encerrado como ejemplo en un tarro de cristal de donde no saldré más. No olvidaré nunca ese sentimiento de un suplicio sin fin, de una condena eterna... ¿Cómo explicar que pueda tenerse a esa edad un sueño tan cargado de símbolos, tan lleno de significaciones latentes que hasta hoy aún no he conseguido agotar? Veo ahí un elemento común con la casa de cristal de la que habla en su poema titulado El Espécimen(6).

La tercera estrofa de Muerte y sueño(7) es magnífica: “El mundo se ha volatilizado como una cuchara de plata/que ya derramó en mí todo el somnífero/y mi madre veló y veló mucho tiempo a mi cabecera(8).”

Usted convoca imágenes primordiales, ligadas a los mismos limbos de la infancia, se sumerge en esas profundidades donde estábamos todavía muy próximos del ser; evoca esas noches de invierno inconsolables donde nos lamentábamos, librándonos a caprichos e iras sin fin, de ese cordón umbilical perdido para siempre y del que ya no queda más que una ínfima cicatriz.

No estoy seguro de comprender cabalmente ese poema, igual que Bailar consigo. El Diálogo(9), que recuerda los mejores poemas de Rilke, literalmente me ha encantado. Recurre a la rima interior, hace de una rima, de un sonido recurrente durante muchas estrofas, un verdadero “leitmotiv”. Es un procedimiento muy eficaz y muy fecundo, que le da a la palabra una nueva dimensión, que la transporta a otra esfera sonora y semántica.

El mismo procedimiento empleado en Diana(10) tiene por efecto transformar el poema en un suntuoso tapiz antiguo, vibrando con una vida secreta, donde todo serpentea, y vemos brotar esa maleza y esa vegetación exuberante que florece en las épocas mitológicas de la especie y del individuo. Esa unión de dos mitologías –una panteísta, concerniendo la especie, y la otra infantil, relacionándose al individuo, y semejante a un tapiz o un mueble– me parece legítima; el procedimiento suena justo, es auténtico, pues esas dos mitologías se interpenetran y completan extrañamente. Ese poema posee una extraordinaria plenitud –la riqueza y la perfección de las “historias mitológicas” de Rilke. Puede leerse comenzando por el final o por el principio, en todos los sentidos; todo en él es pulpa, todo en él es vida y vegetación. Cada poema tiene su encanto particular, por ejemplo Las Cornejas(11) que no pude leer sin experimentar una curiosa emoción (hay elementos, gérmenes análogos en mi introducción a Los Pájaros(12).

Citemos aún El Silencio a la mesa(13) –una naturaleza muerta de tal intensidad que vemos aparecer ahí una especie de fulguración metafísica, el temblor secreto de las cosas que un sueño mágico ha condenado a pesar de ellas al silencio; es una tendencia análoga a la Neue Sachlichkeit en la pintura alemana(14). La Torre de Babel(15) es un poema magnífico; sobre todo las dos primeras estrofas que son perfectas.

Perdóneme por haber seleccionado –y resaltado– de esa manera, como si yo quisiese emitir un juicio sobre su obra. Nada más lejos de mi intención, pero es natural que ciertos pasajes produzcan en mí una impresión más fuerte. Aún me queda por citar un pasaje muy bello: “Abrió ampliamente el paraguas de las hojas/como si lloviese/Los instrumentos me miran a los ojos/como si ocurriese algo.” (El Silencio a la mesa).

Sin duda, aún no he penetrado a fondo en esos poemas como para comprenderlos perfectamente. Son de aquellos que se desarrollan y ganan amplitud a cada lectura. ¿Puedo considerarlos como mi propiedad? Sería muy feliz si quisiese enviarme otros. ¿No tiene intención de publicarlos?

Una vez más, le agradezco que me haya hecho partícipe de esa emoción, que desde mi descubrimiento de Rilke no había vuelto a ser tan profunda.

El libro sobre las visiones producidas por la mescalina me ha interesado mucho, su lectura me procura un gran placer. Si le parece bien, le daré a conocer mis comentarios y observaciones en una próxima carta.

Le quedo muy agradecido por todas las gestiones que hace con vistas a publicar mi libro(16). No sé si merezco acaparar así su tiempo y sus esfuerzos. Quizá pueda facilitarle las cosas diciéndole que mi hermano(17), que goza de buena situación, está dispuesto a contribuir financieramente en la publicación de la obra; está de acuerdo en asumir una parte, o si fuese necesario, la totalidad de los gastos. Se trataría, pues, de encontrar sobre todo una editorial seria, que tenga buena reputación, que sepa darle una amplia difusión a las obras publicadas a su cuidado y asegurarles una presentación conveniente. Ilustraré yo mismo la cubierta(18). Incluso he pensado en ilustrar la obra insertando aquí y allá en el texto algunos grabados en madera, como se hacía a comienzos del siglo XIX, pero no sé si podré realizar tal proyecto(19). Me gustaría publicar ese libro lo antes posible, pues mi disposición de ánimo es cada día menos favorable a ese proyecto.

Una vez más le doy mi más cálido agradecimiento por todo y le ruego que acepte la expresión de mi consideración distinguida.

Bruno Schulz


4

Drohobycz, 22 de octubre 1933

Señor,
Le agradezco de todo corazón que haya pensado en mí y me enviase este maravilloso regalo(20). Sinceramente, su libro me ha causado un gran placer. Mientras leía algunos poemas tuve la impresión de entrar en una casa olvidada y respirar allí olores familiares.

No he abordado más que los primeros círculos, no tuve tiempo para sumirme en las profundidades de esta obra densa y rica como un bosque. Al cerrarla experimenté una vez más el sentimiento que tuve, siendo niño, cuando escondía intencionadamente mi juguete favorito: el de haber descubierto un tesoro secreto en el cual sería una lástima revolver con premura.

Le escribiré de nuevo después de haber leído el conjunto, pero creo que debería ocuparme de cada poema en particular, cada uno de ellos constituyendo en sí un microcosmos.

La característica principal de esta poesía es la de ser –me parece– en el sentido más noble del término, una poesía “de circunstancias”, una crónica hecha para relatar aventuras completamente interiores, un diario donde anotar los momentos metafísicos; también me parece que cada poema no se constituye a través de un procedimiento cualquiera, de una actitud formal particular ni de una orientación permanente del espíritu; es como si cada uno de ellos fuese imprevisible, desprovisto de premisas, o más exactamente surgiese a partir de premisas temporales que él se ha forjado, cristalizando completo en torno al instante, evolucionando sobre la base de su dialéctica personal y desarrollándose a partir de sus propias reservas. Busco sin encontrarlos los rasgos (sic) de una “manera” particular, me esfuerzo por descubrir un procedimiento formal que sea común a esta poesía –en vano; cada poema surge de su propia fuente, no recuerda a ningún otro, no conoce nada fuera de sí mismo; cada uno de ellos parece ignorar la existencia de sus predecesores, como si fuese el primer espécimen de una especie nueva.

Lo que más me sorprende en esta poesía, es que se basta a sí misma; sorprende su independencia, su carácter resueltamente privado, su absoluta sinceridad. Hace años de esto, aún lo recuerdo, al prologar una de sus propias obras, Irzykowski intentaba esbozar el ideal de una poesía lírica absolutamente personal, despojada de cualquier elemento patético; no encontraba entonces ningún ejemplo para citar. Me parece que su obra encarna justamente ese ideal. Sin duda, no hubiera debido abordar este tema. Es una tarea que incumbe a la crítica: yo no tengo ni derecho ni la posibilidad de comparar y juzgar como es debido. Debería contentarme con decirle hasta qué punto esos mundos se inmiscuyen profundamente en mi alma, hasta qué punto cada uno de ellos me colma de esa alegría profunda que experimentamos al reconocer un objeto olvidado, la alegría misma de la anamnesia. Es como la sensación de deslumbramiento que sentiríamos al constatar que inaccesibles tesoros se ofrecen a nosotros, que podemos tocarlos con los dedos. Estoy aquí en un clima que me es familiar. Ese mundo de objetos cercanos e ínfimos me corresponde íntimamente, se abren ahí ventanas al infinito. Siento esto mucho mejor que hace un año, cuando leyendo alguno de sus poemas experimenté una especie de consternación ante esa forma despojada de cualquier patetismo, tan contraria a las convenciones, que parecía engendrarse a sí misma continuamente a partir del ritmo del instante. Creo que este libro quedará para mí como algo esencial: el solo hecho de saber que existe es una alegría y una tranquilidad. ¿No da testimonio de la realidad y de la riqueza de ese mundo interior del que yo mismo me comprometí a probar su existencia?

He estado mucho tiempo sin escribir; no piense de ninguna manera que le he olvidado. Quise responderle, enviarle mi libro del que espero su aparición desde el mes de agosto(21). Aparecerá en Rój, donde me han ofrecido mejores condiciones que en Cracovia. Ese libro me ha valido numerosos testimonios de simpatía –debo mucho, sobre todo, a la amistad de la señora Zofia Nałkowska(22).

No olvidaré que usted ha sido el primero en descubrirlo y apreciarlo. No deje de presentar mis respetos a su esposa y transmitirle mi amistad a Grażyna(23).

Le ruego crea en mis mejores sentimientos.

Bruno Schulz


5

Drohobycz, 24 de noviembre 1933

Señor,
Quiero agradecerle su libro(24); no me esperaba algo tan denso; me alegro sinceramente y me dispongo a leerlo con verdadero placer.

En Varsovia, en casa de la señora N.(25), he encontrado un volumen de sus poemas entre las obras que, próximamente, ella debe leer con fines profesionales. Me ha leído algunos que se encuentran al comienzo de su antología, y que le interesaron mucho. El silencio a la mesa y La bata de casa han retenido particularmente su atención; los ha comentado en términos más bien elogiosos, lo que da fe de su aprobación y simpatía. Yo aproveché ese momento para alzar el velo de lo incógnito; ella se mostró sorprendida e interesada. Como la visita del señor Ordyński interrumpió su lectura(26), me aseguró que reemprendería más tarde el examen de su obra. Me parece que ya ha oído hablar de usted a través de Witkiewicz, que la visitó poco antes.

La señora N. pronto saldrá para Zakopane, donde pasará la temporada. Será muy interesante para mí poder verle y tomar parte en esa especie de drama intelectual que nacerá del encuentro de dos espíritus.

De un día a otro espero la aparición de mi libro que la editorial Rój ya hubiera debido publicar en agosto. Pero dado que en este momento está en prensas, me atrevo a confiar que acabará por aparecer.

Le ruego que crea en mis mejores sentimientos. No olvide transmitirle mis respetos a su esposa, como también a Grażyna.

Bruno Schulz


NOTAS

1. En Żywiec –en julio de 1932–, Schulz participó en un curso facultativo de verano organizado por el ministerio para los profesores de trabajos manuales.

2. Stefan Szuman dio una serie de conferencias con ocasión de esos cursos.

3. La antología de poemas de Szuman, titulada La puerta entreabierta, fue publicada a cuenta de autor en 1933, con el seudónimo de Łukasz Flis.

4. Rainer Maria Rilke (1875-1926). Schulz leyó sus poemas en el original y lo consideraba como uno de sus maestros en materia de arte.

5. Título de uno de los poemas de Szuman del que Schulz habla en su carta.

6. Referencia a un poema de Szuman.

7. Título de un poema de Szuman.

8. Cita de un poema de Szuman.

9. 10. 11. Títulos de poemas de Szuman.

12. Los pájaros: respuesta de Schulz, que es también su primera publicación literaria aparecida en 1933 en el nº 52 de Wiadomości Literackie. Esta obra forma parte de Las Tiendas de Canela Fina (1934).

13. Título de un poema de Szuman.

14. Neue Sachlichkeit (nueva objetividad): corriente artística que apareció en Alemania durante la Primera Guerra mundial y duró hasta 1933. El término Sachlichkeit fue introducido en 1923 para designar un nuevo realismo ligado a las tendencias contemporáneas. Este movimiento se llamaba también “realismo mágico”.

15. Título de un poema de Szuman.

16. Se trata de Las Tiendas de Canela Fina que –desde hacía dos años– en vano Schulz se esforzaba en publicar.

17. El hermano mayor de Bruno, Izydor (cuyo verdadero nombre era Izrael Baruch) Schulz (1881-1935), ingeniero de Caminos, Canales y Puertos; ocupaba un puesto importante en la industria petrolífera polaca.

18. Las Tiendas de Canela Fina se publicó con una portada dibujada por Schulz; se han podido igualmente salvar de la destrucción algunos de sus esbozos que son proyectos de portada.

19. El volumen de Las Tiendas de Canela Fina destinado a la edición no comprendía ilustraciones.

20. El “maravilloso regalo” del que habla Schulz es la antología de poemas de Szuman que el autor le había enviado en forma de manuscrito; se trata de una obra de aficionado, sin valor real, a pesar de los elogios y cumplidos –sin duda poco sinceros– que Schulz prodiga aquí y allá en sus cartas, como para agradecerle al profesor el entusiasmo demostrado tras haber leído Las Tiendas de Canela Fina.

21. Schulz esperaba la aparición de Las Tiendas de Canela Fina.

22. Zofia Nałkowska (1884-1954), novelista, dramaturga, ensayista. Una de las mejores representantes de la corriente psicológica en la prosa polaca contemporánea. Schulz publicó un importante ensayo sobre su obra. Fue la protectora del escritor. Gracias a ella pudo aparecer Las Tiendas de Canela Fina. Mantuvo su amistad con Schulz y una larga correspondencia con él. Las cartas que Schulz le dirigió en el transcurso de los años 1933-1939 se quemaron durante la insurrección de Varsovia en 1944.

23. Grażyna: hija de Stefan Szuman, actualmente Grażyna Czyżewicz.

24. Estos agradecimientos hacen alusión al poemario que Szuman había entonces conseguido publicar.

25. Señora N.: Zofia Nałkowska.

26. Ryszard Ordyński (1878-1953), director teatral y cinematográfico. Fue también director y realizador en Hollywood y en el Metropolitan Opera de Nueva York.




[Bruno Schulz A Stefan Szuman en: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p.
Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]





Prólogo de Jerzy Ficowski

A Ostap Ortwin

A Stefan Szuman

A Arnold Spaet

A Maria Kasprowiczowa

A Julian Tuwim

A Tadeusz y Zofia Breza

A Rudolf Ottenbreit

A Zenon Waśniewski

A la redacción de Sygnały

A Jarosław Iwaszkiewicz

A Wacław Czarski

A Władysław Zawistowski

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A Andrzej Pleśniewicz

A Mendel Neugröschl

A Mieczysław Grydzewski

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A Romana Halpern

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A Anna Płockier

Cartas dirigidas a las instancias superiores...


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